Esta mañana he recibido una llamada de un antiguo alumno de la universidad con el que no hablaba desde hacía varios años. Le había estado siguiendo la pista en ese tiempo a través de mis encuentros con un amigo común. Los dos colaboramos en su proyecto fin de carrera hacia 2001; él desde la empresa y yo desde la escuela de ingeniería. Lo hizo sobre un portal de comercio electrónico en el sector de materiales de construcción, en una de cuyas empresas españolas más conocidas trabajaba entonces con una beca.
Rodrigo, que así lo llamaré, marchó a Ginebra a trabajar en una gran multinacional del sector de bienes de consumo una vez obtenido su título de ingeniero de organización. Tras haber hecho una buena labor durante unos tres años, y de haber recibido el reconocimiento de su empresa, le ofrecieron una promoción y varias opciones para seguir su carrera profesional.
Decidió regresar a Madrid, aunque fuera para realizar otro trabajo de naturaleza similar en las áreas de marketing, desarrollo de negocio y estrategia. Por lo que me ha contado, tras haber dedicado a esta conocida y prometedora empresa otros dos años de su vida, de empezar a sentir que se trataba de “más de lo mismo”, y de percibir que su futuro dependía de terceros, le surgió (¿o se buscó?) la oportunidad de fundar una empresa con otro compañero de la multinacional. Éste tenía algunos contactos financieros en el terreno de la inversión de capital riesgo.
A pesar de su buena carrera y prometedor futuro, decidió cambiar su rumbo profesional y abrazar el desafío de emprender, ayudando a otros emprendedores, con su amigo y otros socios financieros. Llevan casi un año con este proyecto empresarial. Su reto es invertir con suficiente acierto varios millones de euros en no muchas empresas de tecnología orientadas al mercado de gran consumo, que es el entorno que conocen mejor.
Rodrigo me ha transmitido su entusiasmo por el nivel de nuevas empresas de base tecnológica que hay en Israel, de donde son las dos participadas que tienen. Está buscando ambientes parecidos en otras partes de Europa. Es por lo que me ha llamado desde Paris, donde trabaja ahora. Resulta que tengo cierta idea del ambiente del Vivero de Empresas del Parque Científico de la UC3M, y del marco de la innovación en España. Quería saber mi opinión sobre lo que podría encontrar aquí en relación con sus planes.
Casualmente, aunque hace casi diez años que no voy por Tel Aviv, conocí entonces uno de sus entornos de desarrollo tecnológico al trabajar con un proveedor de software israelí que fue adquirido luego por SAP. Lamentablemente, le he tenido que comentar que yo creía que no debía de esperar encontrar ecosistemas parecidos en los «polos de desarrollo» españoles. En cualquier caso, voy a facilitarle los contactos que tengo y espero poder comentar algo de lo que vaya aconteciendo al respecto.
¿Por qué cuento esta pequeña historia? Primero porque me ha alegrado mucho la vivencia de Rodrigo y quería compartirla. Debe de tener unos treinta años y creo que, hablando de trabajo, los ha empleado bien poniendo en práctica las ideas que ha ido teniendo. Juzgando por las que yo he conocido, considero que son muy claras y sensatas.
También quiero contarla porque quizá alguien que la lea conozca a alguien que pueda estar interesado en contactar con ellos. Ofrecen apoyo financiero y de conocimiento en marketing y otras disciplinas. Creo que están pensando en invertir unos 2-3 millones por deal.
Otro motivo para comentarla es que me ha sorprendido que, conociendo el notable carácter burocrático de la universidad pública española al haber estudiado en ella (además de en alguna francesa), piense que puede salir de sus institucionalizados parques científicos algún proyecto empresarial que les interese apoyar. Me encanta el positivismo de los jóvenes, aunque me haga notar que yo he perdido una parte del que tenía. Veremos qué sale de esta nueva colaboración y, como he mencionado, intentaré volver sobre el tema en el futuro.
Voy a terminar preguntándome: ¿cuántos emprendedores están saliendo de las universidades españolas? En cuatro años y medio debí de dirigir o tutelar una docena de proyectos de fin de carrera en el entorno de los sistemas de información aplicados a la organización de la producción, logística y servicios. Este grupo estaba dentro del 5% de alumnos más interesado en las TIC aplicadas a la dirección de empresas, una de las materias que impartí. Algunos eran tan brillantes como mi amigo Rodrigo, pero él es el único emprendedor que conozco de los que estuvieron en mis clases y salieron de allí para trabajar (mantengo el contacto con otro, pero no estuvo en ellas). Obviamente, no sé de nada de la gran mayoría, pero algunos me cuentan cosas de vez en cuando ya que hablan entre ellos y saben a lo que me dedico profesionalmente, y lo que me interesa.
Como los estudiantes a los que intenté ayudar durante mi etapa de profesor asociado debieron de ser unos 330, el caso de Rodrigo representa un tres por mil. ¿Será ésta una buena estimación del número de emprendedores españoles? Hmmm, preguntaré a mis contactos del Ministerio de Ciencia e Innovación, y contrastaré con mis amigas del Vivero…
[Foto 1: Beefeater London Market @ Las Ventas, Madrid; Flickr, Nestosjp]
[Foto 2: Guy Kawasaki at Waterloo Entrepreneur Week; Flickr, sbwoodside]









