Hay quienes tratan de analizar y comprender las situaciones para poder actuar de manera inteligente. Hay quienes proponen acciones que no dependen de lo que decidan los gobernantes. Hay quienes se dedican a jugar a la política, al "guruísmo", o a insultar o incordiar a los que tratan de aportar y compartir.
Ayer recordé un comentario en la última entrada mientras leía un artículo recomendado por Tim O’Reilly sobre el que he escrito más abajo. Luis reflexionaba «sobre cómo organizarnos, los ciudadanos-individuos, para superar el actual estado de una clase política que es incapaz…». En mi respuesta anoté: «creo que, participando en política, hay mucha gente como nosotros, pero mi experiencia organizativa me dice que no suelen estar en las capas directivas; su forma de pensar las aleja de ellas.» Me pareció otra paradoja de las que me interesan últimamente.
Entiendo que hay bastantes personas que tratan de compartir experiencias e ideas en busca de aprendizajes y cambios en la sociedad con el ánimo implícito o explícito de mejorar algunas cosas. Sin embargo, parece que no consideramos que la acción política sea hoy una de las vías mejores para ello. Creo que esto es diferente de lo que ocurría durante las pasadas décadas de los sesenta y setenta, al menos en mi entorno madrileño . Supongo que el paso de dictadura a democracia formal habrá influido en ello. En esos pensamientos estaba cuando leí una entrada de Juan Carrión sobre «el juego político» en el ámbito empresarial. Me pareció que aportaba una luz muy interesante sobre este tema.
Dice Juan, entre otras cosas, que «lo más triste es el descubrimiento realizado por Fred Luthans: el 90% de los directivos pasan la mayor parte de su tiempo construyendo redes políticas, dedicando al trabajo real un tiempo insignificante.» Lo relacioné de forma inmediata con los comentarios referidos. También me recordó lo que he escrito en este cuaderno sobre escenificaciones estúpidas y escasa solvencia política de estos días aciagos en nuestra historia financiera.
Detrás de lo anterior sigue latiendo la cuestión de qué podemos hacer los individuos para hacer volar nuestra inteligencia por encima del actual modus operandi de los políticos. Por ello seguí la recomendación de Tim y leí la entrada de Peter Corbett sobre «Ask not what your country can dev for you». Peter, consejero delegado de una agencia digital radicada en Washington DC, trabaja organizando la comunidad regional para edificar en ella un ambiente ecológico más fuerte de start-ups tecnológicas.
Me parece que varias de sus ideas ilustran algunas oportunidades y motivos para cambiar nuestra mentalidad. Por consiguiente, voy a traducir aquí a mi aire una buena porción de su artículo tratando de aprehender algo más mientras cambio sus frases de un inglés global a un español que también lo es.
Por cierto, que ésta es una de las lenguas más internacionales que, paradójicamente, una minoría ha decidido hace pocos años que hemos de llamar castellano para jugar a la política identitaria de los que prefieren sentirse más ciudadanos —y ciudadanas, que nadie vaya a molestarse— locales que de un mundo fragmentado lingüísticamente. Otro asunto llamativo en un entorno vital cada vez más interconectado, lo que nos permite comunicarnos mejor y aprender más. Sabemos que el saber ocupa lugar y tiempo, pero no creo que las tradiciones culturales sean los artefactos intelectuales que nos hagan más libres, sabios ni creadores. Disculpándome por esta digresión, sigo con lo que estaba. Peter expone en su inglés, más o menos, que:
Si J.F. Kennedy viviera hoy, y fuera un amante de la técnica como yo, podría haber dicho: “¡No preguntes qué puede des tu país para ti. Pregunta qué puedo des yo para mi país!”
Naturalmente, por des entiendo desarrollar soluciones técnicas que satisfagan las necesidades de los ciudadanos. La idea de que el gobierno debería de ser una especie de máquina dispensadora de toda clase de servicios es una posibilidad en rápido declive, incluso ante su intervención masiva en los sistemas inmobiliario y financiero.
La razón por la que el gran gobierno no nos va a salvar es por el simple hecho de que hay muchas cosas por hacer, pero muy poco tiempo y dinero para lo que debería de hacerse en 2009. Necesitamos el incalculable y elevado retorno de la inversión que sólo es posible cuando se divide por cero. No hay dinero para todo lo que tendría que hacerse.
Nosotros somos el cero en la fórmula aritmética de uso de la innovación para devolvernos a la senda. Necesitamos crear plataformas abiertas de innovación para que los ciudadanos creen soluciones para ellos mismos —esto se está haciendo hoy aquí y allá, a pequeña escala por ahora. [En España podemos seguir las referencias e iniciativas facilitadas Juan Freire y Julen Iturbe, por ejemplo]—. Somos un país fundado sobre la premisa de que no hay ningún hermano mayor sentado junto a nosotros (Inglaterra) que vaya a tendernos una mano con todo lo que queramos sobre una bandeja de plata, y de que, para llegar a ser esa unión perfecta, los americanos necesitarían aportar individualmente para construir un imperio.
Y sí, un imperio es lo que hemos creado. Un arrugado, astillado y obsoleto imperio que me recuerda a un viejo atleta que debería de haberse retirado hace años. Sin embargo, la jubilación no es una opción para América. Rechazo pensar que nuestros mejores días hayan quedado atrás. Debemos, en palabras de nuestro Presidente, “tirar de nosotros hacia arriba, sacudirnos el polvo y trabajar para que nuestro país vuelva a marchar”.
Ese trabajo tendrá que hacerse por todas las clases de americanos. Mi tribu —la comunidad tecnológica— dispone de la mayor oportunidad para establecer la mejor diferencia. Nunca hemos tenido antes la posibilidad de hacer tanto para tantos, a pesar de disponer de la singular capacidad de organizar ceros y unos en la nube para crear aplicaciones que resuelven problemas grandes y pequeños para los bolsillos de los ciudadanos que se agrupan en nichos o en masas. Nuestra fábrica es digital y, por consiguiente, replicable, escalable y muy susceptible de tener un gran numerador que podamos dividir por cero.
Tim O’Reilly ha convocado a los desarrolladores y emprendedores para trabajar en asuntos que importen, y yo digo que los asuntos que importan residen más allá de Facebook y Twitter. Esta ‘materia relevante’ incluye aplicaciones móviles para que los ciudadanos estén más seguros en sus ciudades, y aburridas cosas —terriblemente aburridas— como crear aplicaciones que ayuden a nuestros gobernantes a seguir mejor los permisos y las compras públicas.
Peter termina con unas referencias a las cifras de los presupuestos que están manejando en los EUA al amparo de la nueva acción política derivada del reciente cambio presidencial. También referencia recursos adicionales para participar en las acciones que se han puesto en marcha.
Considero que propone cosas que tambien podemos hacer en España. Quizá no sean las que dicen los cantamañanas 2.0, pero son mucho mejores que dedicarse a insultar e incordiar a los que comparten sus propuestas y ocurrencias personales sin ánimo de dárselas de nada.
Entradas de este cuaderno con alguna relación: Necesitamos un cambio de mentalidad, Crédito bancario y solvencia política, Softpunk empresarial.
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