Hace unos treinta años que se iniciaron las "competiciones de planes de negocio" como mecanismo docente y de selección de propuestas emprendedoras que merecen financiación. Luego han ido surgiendo otras muchas iniciativas privadas y públicas. Me pregunto hasta dónde se están obteniendo los resultados que se buscan.

Business Plan Compet. Winners Look Back (Business Week 070530)
El concurso «Apps for Democracy» que ya he referido en este cuaderno me lleva a recordar el convocado en España por el BBVA (Open Talent). Éste tiene otro objetivo: «apoyar a proyectos o empresas en fases iniciales en el ámbito del desarrollo de productos o servicios innovadores de base tecnológica que beneficien el entorno empresarial o social.» Sin embargo, cuando vi su anuncio, tuve la impresión de que ambos trataban de aprovechar ciertas prácticas asociadas a la etiqueta “web 2.0″, como la participación y la innovación abierta. Me parece que están dando un tratamiento de mayor inclusión social a unos procesos que se venían haciendo de otra forma desde hace muchos años.
Estas dos iniciativas me han llevado a recordar lo que decía un reciente informe especial de The Economist: «Since the Reagan-Thatcher revolution of the 1980s, governments of almost every ideological stripe have embraced entrepreneurship. The European Union, the United Nations and the World Bank have also become evangelists.» No es el que BBVA sea una entidad pública (aunque una parte lo fue), pero creo que su envergadura y relaciones le otorgan una influencia considerable en la economía de más de un país. ¿Sirven de algo estas propuestas?
Aunque no es así, inicialmente supuse que la iniciativa del BBVA iba a reeditar en la web, con sus añadidos, las ya clásicas competiciones de planes de empresa. Algunas escuelas de negocios y de tecnología comenzaron a promoverlas hace unos veinte años. Luego fueron proliferando —quiero creer que buscando un valor pedagógico—, adoptando en muchos casos el nombre de venture days / contests.

Escenificación lucha Romanos-Cartagineses (Blog Alfredo Quirós)
Estos “torneos escolares” me recordaban las luchas de romanos y cartagineses a base de preguntas durante mi infancia colegial marista en los primeros sesenta. Me parece que en ambos casos se intenta fomentar el afán de trabajo y superación y el impulso competitivo a través de la emulación. Sin embargo, al menos, hay dos distingos relevantes. Entonces se promovía el hábito de estudio y el desarrollo de la memoria, premiándose la victoria con recreos extras, puntos buenos, inclusiones en un cuadro de honor… No se buscaba la innovación empresarial ni se ofrecían $ 100K para financiar el lanzamiento de una empresa nueva. ¡Qué pena! Eran otros tiempos.
Algunas grandes firmas consultoras se sumaron a la difusión de las competiciones de planes de negocio durante la etapa de la burbuja “puntocom” de hace una década (como McKinsey). Debieron de considerarlas una alternativa o complemento de las incubadoras de negocios creadas en ciertas zonas para identificar oportunidades y acelerar el desarrollo de la nueva economía con los “negocios de internet” (como Idealab, Netjuice, Intercom o DAD). Muchos parques tecnológicos y científicos impulsados por la Administración han venido luego a sumarse a los intentos de ayuda, en su caso a las que suelen llamar «Nuevas Empresas de Base Tecnológica» (como el de Leganés Tecnológico, el Walqa o el Tecnológico de Andalucía).
Las iniciativas de las consultoras de dirección fueron acompañadas pronto por las de algunas empresas de marketing o de medios (como Dasar), que organizaron conferencias o cumbres paneuropeas de internet, comercio electrónico, etcétera con invitados de renombre para facturar a los patrocinadores. Éstas dieron paso a las firmas de servicios de dinamización (como Europe Unlimited o Brabo Ventures) que cobran de los programas públicos para intentar incrementar la competitividad a través de ayudar a los emprendedores y pymes organizando venture academies y reuniones abiertas de networking.
Hay varias entidades de la administración estatal (como CDTI, FECYT, ICO, ENISA o EOI) que gestionan programas nacionales de ayuda al emprendizaje y la innovación de base tecnológica (como PROFIT, Avanza o Tutela). Las administraciones regionales y municipales también se han sumado al fomento mediante sus agencias de promoción del desarrollo económico y la innovación (como IMPIVA, Madri+d o Barcelona Activa). Hay otras muchas propuestas de estímulo procedentes de las Cámaras de Comercio, de algunas fundaciones de grandes empresas (como la Fundación Everis o la Rafael del Pino) o de la obra social de varias cajas de ahorro (como Eurecan o EmprendedorXXI de La Caixa).

McKinsey Launches US$20,000 Contest in SL (3pointD 070525)
Me parece que las propuestas privadas de competición e incubación se han ido fundiendo o hibridando en los dos o tres últimos años. Lo digo al recordar los distintos eventos que han surgido para aglutinar propuestas de negocio y posibilidades de inversión del estilo de la Startup School financiada por Y Combinator en los EE. UU. (San Francisco Bay Area), Seedcamp en Europa (Londres) o Seedrocket en España (Barcelona). El modelo parece estar funcionando. Al menos, YC ha visto respaldada su gestión por Sequoia Capital.
Desde hace unos diez años, que yo sepa, se han venido organizando también otros encuentros desde la base para que los emprendedores potenciales —las personas que valoren poco los motivos para no hacerlo— puedan lanzarse compartir y aprender de sus ideas y problemas. En ellos también suele buscarse que contacten con posibles inversores o proveedores de servicios interesados en sus proyectos.
Ya haya sido con el formato de reuniones poco estructuradas o de presentaciones programadas, ha habido y sigue habiendo muchos eventos de networking (como First Tuesday, Baquia Conector, Thursday, Iniciador, iWeekend…) Creo que han buscado renovar, abrir y acelerar un proceso que había que intentar superar: el de los contactos influyentes en las escuelas de directivos, bancos de inversión, consultoras de dirección o consejos de administración que intermedian en el mundo de los grandes negocios.
A pesar de todas las declaraciones e iniciativas surgidas en los últimos treinta años, opino que hay muy pocos datos disponibles sobre su eficacia efectiva, si lo puedo expresar así. ¿Con qué criterios e indicadores concretos y fiables deciden los que fomentan o financian estas actuaciones? Sigo esperando poder leer algo sobre la evolución de los beneficios de las empresas innovadoras que ofrecen unos bienes o servicios de base tecnológica que no existían hace cinco o diez años.

Video institucional: 2009 Año Europeo de la Creatividad y la Innovación (FECYT- AECINN)
Los patrones de medida que usualmente se vinculan al emprendizaje innovador giran alrededor de las patentes registradas, las empresas y empleos creados, las salidas exitosas de inversores, la cuantía de las inversiones o de los gastos etiquetados con I+D+i (infraestructuras, equipamiento, cursos, congresos, promociones, subcontrataciones, préstamos, subvenciones…). ¿Y…? ¿Permiten algo más que hacer declaraciones grandilocuentes? Evidentemente, no han servido a nivel doméstico para mejorar la productividad, competitividad, crecimiento y empleo. La situación presente en España ha sido calificada por algunos economistas reconocidos como aterradora y duradera.
Pensando en el dinero público, creo que hay muchos que se mueven «por un puñado de euros». Me preocupa «el destino de las subvenciones para I+D en TIC en España» junto al sangrante hecho de que las tres administraciones no pagan los bienes y servicios que compran a las empresas. La patronal ha elaborado un informe meditado que suma el dinero adeudado a todas las empresas privadas españolas: 33.000 millones de euros desde hace muchos meses. Predican que hay que innovar en todos los sectores de la economía, pero luego no pagan diciendo simplemente: ”no tengo dinero”, y no se puede reclamar. ¿Cuántas deudas y suspensiones de pagos se inducen y multiplican como consecuencia en la cadena de empresas privadas que mueven la economía? ¿No habría que cambiar este disparador antes que innovar en otras cosas?
Pensando en el dinero privado, sabemos que la tradicional financiación bancaria de los proyectos de las empresas se ha reducido mucho en la coyuntura morosa actual, afectando también a las operaciones de circulante. No obstante, lo que me sigue sorprendiendo es la baja correspondencia entre los esfuerzos por estimular y formar a los emprendedores que he mencionado y la fracción de planes de negocio presentados que merecen posteriormente algún tipo de inversión: entre menos de un uno y un dos por ciento.
¿Es éste el premio de la lucha emprendedora? Tengo curiosidad por ver qué queda tras el Open Talent del BBVA.
[Actualización: Información sobre Y Combinator y Seedrocket en El País]
Entradas de este cuaderno con alguna relación: Las start-ups pueden aprovechar la crisis, Gustos en start-ups.
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