Lo que sale de un proceso de transformación no depende sólo de lo que entra. También influyen, y mucho, su eficacia y su eficiencia. ¿No habría que analizar las del sistema de «I+D+i» que usa España?
Cuando era un adolescente en la segunda mitad de los años 60 solía callejear por mi madrileño barrio de Chamberí. En la entonces llamada calle de Joaquín García Morato (Santa Engracia), había un comercio cerca de Iglesia (Glorieta del Pintor Soroya). Mi curiosidad siempre hacía que me detuviera a mirar al pasar delante.
El objeto de mi atención era una tienda de embutidos ya desaparecida llamada Galiacho. Una parte de su fachada ilustraba de manera figurada y convincente el cómo los cerdos se transformaban en los productos que vendían. El proceso se representaba como una gran máquina con muchas secciones. Los animales subían por una rampa que había en el extremo superior derecho y los chorizos, salchichas, longanizas, mortadelas, etc. salían por el inferior izquierdo (o así es como la recuerdo ahora).
En los colegios de la época no nos “daban” pretecnología, conocimiento del medio, sociales ni otras materias “contemporáneas”. Nosotros estudiábamos física, ciencias naturales, historia, geografía, lengua española y cosas así. Cuando el dibujo realista de la tienda referida me hacía pensar en cómo podría construir una máquina de esa naturaleza, el único referente que tenía era la máquina de picar carne que usaban en mi casa para las albóndigas, filetes rusos y empanadillas.
¿Cómo se pasaría de un artefacto al otro? Ahora creo que aquella imagen influyó mucho, inconscientemente, para que estudiase y me graduase como ingeniero. Luego he ido “investigando” y conociendo otras cosas de la vida cotidiana aquí y allá. Sin embargo, hay algunas que aún no he logrado descifrar. Entre ellas está nuestro gasto en «I+D+i».
Me sigue gustando ver imágenes y vídeos de máquinas, de cadenas de producción o de sistemas automáticos en funcionamiento. También me interesan los diagramas y esquemas que reflejan los distintos pasos de un proceso de tratamiento o de transformación de materias primas en productos terminados. Curioseando por la web llegas también a conocer muchas cosas curiosas, como este plan de “pig city”, que me ha recordado las torres en las que ya se aparcan los automóviles en Wolfsburg.
El caso de la máquina casera de hacer picadillo resulta mucho más sencillo de entender. Se introducen varios trozos de carne —o una mezcla de distintas carnes— por la boca y, tras presionar sobre la tolva y darle a la manivela, van saliendo unos fideos de masa cárnica mezclada por el disco perforado que hay en el extremo abierto del cilindro. Como el cacharro debe desmontarse para poder limpiarlo bien, no resulta difícil comprender el porqué de esa transformación al ver los componentes del despiece del artilugio.
Lamentablemente, hay otros muchos procesos importantes para nuestra vida que resultan abstrusos. Creo que uno de ellos es el que ha venido en llamarse de «I+D+i». Como he comentado en este cuaderno, Esko Aho considera la investigación y el desarrollo como un proceso que busca transformar dinero en conocimientos. Según él, la innovación permite transformarlos nuevamente en dinero, con lo que se cierra un ciclo vital para el progreso de nuestras sociedades (si el saldo es positivo, claro).
Uno de los debates parlamentarios que tenemos abiertos en España alrededor de los Presupuestos del Estado para 2010 es el correspondiente al Ministerio de Ciencia e Innovación. Los que manejan estos asuntos parecen querer centrar la cuestión en la incoherencia que supone predicar una cosa y practicar otra.
Los gobiernos llevan tiempo propagando que hay que incrementar el gasto en I+D para transformar nuestro “modelo económico productivo” y aumentar así la competitividad de la economía española. Sin embargo, el de ahora propone un recorte que choca también al compararlo con otras partidas del destino del dinero público, que aumentan o se mantienen.
Sin embargo, lo que yo más me pregunto es si estamos sólo ante la típica decisión política de priorizar el destino de un recurso limitado (la recaudación impositiva). ¿Se habrá percatado alguien más de que el actual «sistema de ciencia, tecnología y empresa» español no está transformando los cerdos en jamones “pata negra” tanto como debiera? A mí me parece que hay demasiada carne troceada que sale picada y vuelve a aglutinarse para reintroducirse en el proceso. ¿Se pretendía hasta ahora seguir dando de comer sólo a los que presionan y le dan a la manivela?
Defiendo la necesidad de seguir mejorando la «I+D+i» española. No obstante, considero que debemos revisar la eficacia y eficiencia de su proceso de transformación del dinero antes de seguir metiendo más “input” en el actual. ¿Hay que seguir picando o quemando dinero en las fallas de los Innovae que montan los políticos para celebrar los “años europeos”, o para intentar convencernos de lo bien que hacen su trabajo de propaganda?
¿Cómo se conectan en España el desarrollo y la innovación? ¿No ha sido montando actos como se han enriquecido ilícitamente los de la “trama Gürtel”? ¿Debemos llamarlos innovadores por haber transformado el dinero público en privado a través de sus conocimientos y de sus contactos políticos?
¿Cómo han explicado los parlamentarios y los científicos que el presupuesto público de España en I+D haya subido más de 20% anual en 2006, 2007 y 2008 mientras que hemos bajado del puesto 29 al 33 en la clasificación de competitividad internacional que realiza el Fórum de Davos? ¿Dónde y cómo se va a debatir y explicar esta paradoja? ¿Será algo tan evidente para los que hayan estudiado “cono” que por eso los viejos chicos de barrio que jugábamos en la plaza andamos tan perdidos? ¡Qué tiempos!
Entradas de este cuaderno con alguna relación: Innovae y las fallas, Cuando la investigación no precede a la innovación.
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