En nuestro camino vital podemos seguir a otros o participar activamente en nuestros proyectos. En ambos casos seremos responsables de lo que nos pase. Un inconveniente de ser protagonistas es que tendremos que afrontar muchas incertidumbres y no pocas paradojas. Una ventaja es que no estaremos solos durante el viaje.

La huelga de jueces (cc Manel Fontdevila, Público 090218)
Mi esposa insistió el sábado en que viera una presentación que me había enviado de entre las numerosas que recibe en sus cadenas de correos-e. Era un modesto montaje audiovisual sobre una veintena de paradojas relativas a la vida. Aparte del interés intrínseco, su visionado reforzó en mí la idea de reflexionar en este cuaderno sobre algunas paradojas económicas tras haber escrito mi nota anterior sobre marchar hacia el acantilado, que terminé con varias preguntas en la cabeza.
¿Podremos encontrar caminos ilusionantes sin tener que depositar nuestra confianza en una “clase dirigente” con muchos líderes de pacotilla que, en demasiados casos, resultan elegidos tras haber manipulado concienzudamente la opinión pública mediante herramientas importadas de la mercadotecnia? ¿Bastará la confianza que tengamos en nuestro trabajo, ya sea por cuenta ajena o propia, y en la senda vital elegida para movernos en la dirección más acertada hacia… la riqueza, el poder… la libertad, la sabiduría, la invención, la perfección, la felicidad…? ¿Sabremos lidiar nosotros, los ciudadanos libres, con las paradojas que no son capaces de resolver nuestros dirigentes políticos? ¿Será suficiente el ayudarnos de la cooperación con nuestro círculo más próximo de amigos y conocidos (o red social, como muchos dicen ahora)? ¿Tendremos que localizar nuestros afines y complementarios para aprender de sus experiencias en un entorno global?
Martín Varsavsky ha publicado unas reflexiones interesantes comparando las situaciones económicas española y argentina con cierto conocimiento de causa, y ha aportado algunas recomendaciones. Supongo que la lectura del artículo de José Catalán Deus en la web de su fundación para una democracia segura, que referí al final de mi última entrada (siguiendo una pista suya), habrá tenido algo que ver. Estoy bastante de acuerdo con las sugerencias de Martín, sobre todo en lo referente a la variable educación y a las capas de burocracia, pero sostengo también algunas discrepancias que intentaré matizar aquí y en otras entradas.

Residencia noruega en la costa valenciana (©S.C., El País 060710)
Hay muchos políticos, directivos y líderes sindicales que declaran que hay que invertir en conocimiento y que debemos de cambiar nuestro modelo de crecimiento económico. Bien, eso está bien, pero sobre ambas propuestas tengo ciertas cosas que cuestionar.
Hoy escribiré algo sobre la segunda. ¿Por qué no debemos de seguir desarrollando nuestras fortalezas, aunque sean en el ladrillo y el turismo? ¿Es que ya no vamos a necesitarlas? Además, como explica Sergio Montoro, no podemos basar nuestro futuro económico próximo en lo que aún no tenemos, aunque sea bueno diversificar a largo plazo como escribe Martín (si hay ventajas sostenibles, habría que añadir). Y digo yo: ¿por qué no hemos de centrarnos en corregir los excesos y profundizar mejor en lo que podemos hacer con ventaja comparativa respecto a otros países dadas nuestra cultura laboral, diversidad geográfica, ventajas climáticas y formas de vida?
Por ejemplo, hay muchas formas de construir y muchos tipos de construcciones. Las empresas españolas de este sector tienen buena experiencia internacional, han trabajado en Europa, América y Asia, y el continente africano está más cerca de España que de la mayoría de los demás países desarrollados. Por otro lado, siempre habrá un futuro en Europa para el turismo de enriquecimiento cultural, reconocida gastronomía y buenos cuidados sanitarios para personas mayores, que suelen tener dinero ahorrado y pocos gastos de otros tipos.
No obstante, mi razón más básica ahora para persistir en lo que hacemos mejor que otros es que considero que la tasa de desempleo actual, aparte de muy alta, es superior a la oficial —además de creer que la tasa que tendremos a final de 2010 será superior a la que pronostican algunos expertos europeos—. Es decir, hay que actuar a muy corto plazo para obtener algunos resultados dentro de pocos meses.

Metáfora sobre la mentalidad a partir de una composición sobre el no fumar (cc Oliver Lavery, Flickr 060418)
Sin embargo, el necesario «cambio de mentalidad del español medio para que deje de pensar que el gobierno es el que tiene que arreglar todo y contribuir a título personal para que su país mejore», que dice Martín, no se logrará en veinte meses. Tampoco creo que vaya a conseguirse dentro de veinte años, es decir, el tiempo que emplea en formarse toda una nueva generación de trabajadores.
Para lograr un cambio significativo de esa naturaleza se requiere de una acción educativa de gran calidad, continuada y profunda desde la edad preescolar que potencie la libertad, el conocimiento y la responsabilidad. Sólo así podría alcanzarse una mejor valoración sociocultural de la iniciativa emprendedora y de la asunción personal de riesgos sin buscar fuera a los responsables de lo que nos sucede. Si los bancos o los comercios nos ofrecen productos que no nos interesan, o que no podemos pagar con nuestros ahorros e ingresos, no tenemos ninguna obligación de adquirirlos.
Considero que disponer de esta mentalidad económica bien difundida es algo que está lejos de conseguirse a medio plazo tras haber visto los resultados de las reformas educativas de los últimos años. A esto debo sumar los del litigio sobre la asignatura de EpC cuyas directrices, además, me parece que no abogan mucho por el cambio de mentalidad referido a favor de los emprendedores y empresarios. También podemos analizar los resultados de la lucha cotidiana por la aplicación de la legislación para erradicar la violencia doméstica, o de la existente para respetar las libertades de los no fumadores. Entiendo que estos casos ilustran lo difícil que es lograr un cambio de mentalidad en pocos años, y el percatarse de que la normativa, ya sea vieja o nueva, es tan sólo un ingrediente, resultando ineficaz en demasiados casos.
Termino esta nota con una paradoja: no se puede salir pronto de una crisis económica con medidas que tardarán varios lustros en fructificar, si acaso, ya que demandan un relevante cambio de mentalidad.
Entradas de este cuaderno con alguna relación: Confiar y marchar al acantilado, Medidas y duración de la crisis, Educación: una verdad incómoda.
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