Blog de JoseMPelaez

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Picadillo de I+D+i

Publicado por josempelaez en Viernes, 16 Octubre 2009

Lo que sale de un proceso de transformación no depende sólo de lo que entra. También influyen, y mucho, su eficacia y su eficiencia. ¿No habría que analizar las del sistema de «I+D+i» que usa España?

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Imagen zona Iglesia-Olavide en Chamberí (Google Maps)

Cuando era un adolescente en la segunda mitad de los años 60 solía callejear por mi madrileño barrio de Chamberí. En la entonces llamada calle de Joaquín García Morato (Santa Engracia), había un comercio cerca de Iglesia (Glorieta del Pintor Soroya). Mi curiosidad siempre hacía que me detuviera a mirar al pasar delante.

El objeto de mi atención era una tienda de embutidos ya desaparecida llamada Galiacho. Una parte de su fachada ilustraba de manera figurada y convincente el cómo los cerdos se transformaban en los productos que vendían. El proceso se representaba como una gran máquina con muchas secciones. Los animales subían por una rampa que había en el extremo superior derecho y los chorizos, salchichas, longanizas, mortadelas, etc. salían por el inferior izquierdo (o así es como la recuerdo ahora).

En los colegios de la época no nos “daban” pretecnología, conocimiento del medio, sociales ni otras materias “contemporáneas”. Nosotros estudiábamos física, ciencias naturales, historia, geografía, lengua española y cosas así. Cuando el dibujo realista de la tienda referida me hacía pensar en cómo podría construir una máquina de esa naturaleza, el único referente que tenía era la máquina de picar carne que usaban en mi casa para las albóndigas, filetes rusos y empanadillas.

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Picadoras de carne en venta en el mercado chino Alibaba.com

¿Cómo se pasaría de un artefacto al otro? Ahora creo que aquella imagen influyó mucho, inconscientemente, para que estudiase y me graduase como ingeniero. Luego he ido “investigando” y conociendo otras cosas de la vida cotidiana aquí y allá. Sin embargo, hay algunas que aún no he logrado descifrar. Entre ellas está nuestro gasto en «I+D+i».

Me sigue gustando ver imágenes y vídeos de máquinas, de cadenas de producción o de sistemas automáticos  en funcionamiento. También me interesan los diagramas y esquemas que reflejan los distintos pasos de un proceso de tratamiento o de transformación de materias primas en productos terminados. Curioseando por la web llegas también a conocer muchas cosas curiosas, como este plan de “pig city”, que me ha recordado las torres en las que ya se aparcan los automóviles en Wolfsburg.

El caso de la máquina casera de hacer picadillo resulta mucho más sencillo de entender. Se introducen varios trozos de carne —o una mezcla de distintas carnes— por la boca y, tras presionar sobre la tolva y darle a la manivela, van saliendo unos fideos de masa cárnica mezclada por el disco perforado que hay en el extremo abierto del cilindro. Como el cacharro debe desmontarse para poder limpiarlo bien, no resulta difícil comprender el porqué de esa transformación al ver los componentes del despiece del artilugio.

Lamentablemente, hay otros muchos procesos importantes para nuestra vida que resultan abstrusos. Creo que uno de ellos es el que ha venido en llamarse de «I+D+i». Como he comentado en este cuaderno, Esko Aho considera la investigación y el desarrollo como un proceso que busca transformar dinero en conocimientos. Según él, la innovación permite transformarlos nuevamente en dinero, con lo que se cierra un ciclo vital para el progreso de nuestras sociedades (si el saldo es positivo, claro).

Uno de los debates parlamentarios que tenemos abiertos en España alrededor de los Presupuestos del Estado para 2010 es el correspondiente al Ministerio de Ciencia e Innovación. Los que manejan estos asuntos parecen querer centrar la cuestión en la incoherencia que supone predicar una cosa y practicar otra.

Los gobiernos llevan tiempo propagando que hay que incrementar el gasto en I+D para transformar nuestro “modelo económico productivo” y aumentar así la competitividad de la economía española. Sin embargo, el de ahora propone un recorte que choca también al compararlo con otras partidas del destino del dinero público, que aumentan o se mantienen.

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Bernardo Hernández de Google en Innovae (Bibliosalud 090319)

Sin embargo, lo que yo más me pregunto es si estamos sólo ante la típica decisión política de priorizar el destino de un recurso limitado (la recaudación impositiva). ¿Se habrá percatado alguien más de que el actual «sistema de ciencia, tecnología y empresa» español no está transformando los cerdos en jamones “pata negra” tanto como debiera? A mí me parece que hay demasiada carne troceada que sale picada y vuelve a aglutinarse para reintroducirse en el proceso. ¿Se pretendía hasta ahora seguir dando de comer sólo a los que presionan y le dan a la manivela?

Defiendo la necesidad de seguir mejorando la «I+D+i» española. No obstante, considero que debemos revisar la eficacia y eficiencia de su proceso de transformación del dinero antes de seguir metiendo más “input” en el actual. ¿Hay que seguir picando o quemando dinero en las fallas de los Innovae que montan los políticos para celebrar los “años europeos”, o para intentar convencernos de lo bien que hacen su trabajo de propaganda?

¿Cómo se conectan en España el desarrollo y la innovación? ¿No ha sido montando actos como se han enriquecido ilícitamente los de la “trama Gürtel”? ¿Debemos llamarlos innovadores por haber transformado el dinero público en privado a través de sus conocimientos y de sus contactos políticos?

¿Cómo han explicado los parlamentarios y los científicos que el presupuesto público de España en I+D haya subido más de 20% anual en 2006, 2007 y 2008 mientras que hemos bajado del puesto 29 al 33 en la clasificación de competitividad internacional que realiza el Fórum de Davos? ¿Dónde y cómo se va a debatir y explicar esta paradoja? ¿Será algo tan evidente para los que hayan estudiado “cono” que por eso los viejos chicos de barrio que jugábamos en la plaza andamos tan perdidos? ¡Qué tiempos!

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Innovae y las fallas, Cuando la investigación no precede a la innovación.

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Panorama sustentador de corrupciones

Publicado por josempelaez en Domingo, 11 Octubre 2009

Las mentiras, tergiversaciones y ocultaciones sobre las que se sustentan las corrupciones que hemos observado en la vida política española me parecen demasiado generalizadas. ¿Cambiará este panorama con los políticos de las nuevas generaciones?

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Rajoy "informa" sobre trama de corrupción (La Vanguardia, 090211)

Ayer aireé mi malestar con las conductas basadas en la mentira que considero están demasiado extendidas entre los políticos españoles. Aunque me apoyé para ilustrarlas en el comportamiento del PP sobre el caso Gürtel, podría haber puesto otros ejemplos de hedor sin remontarse a los Filesa, Guerra y Roldán del PSOE. No es que ahora considere análogos estos casos de corrupción (aunque los comparo más que Pablo Sebastián), pero todos se sustentan en mentiras y en criterios morales rechazables.

El editorial de hoy de El País recuerda «La distancia entre la moral que algunos de sus dirigentes [PP] pregonan en público, solos o en compañía de los obispos, y la que practican en privado: desde la afición a los regalos caros a los remedos de fiestas berlusconianas recogidas en el sumario.»

El ex ministro Solchaga declaraba en 1994 que «cuando en España llegamos a la democracia había que buscar dinero y los partidos hicieron lo que vieron que se hacía en todas partes, ni más ni menos». «Como hombre realista no me llama la atención. Nunca aspiré a que fuéramos todos espíritus puros». Así lo sentía y lo reconoció el economista navarro. Eso sí, lo hizo muy “a toro pasado”; el haberlo hecho antes debió de parecerles algo que no podrían justificar ante los ciudadanos.

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Secr. Pajín y ministra Aído en Rodiezmo (Reuters. El País, 090907)

En 1987 yo trabajaba en una consultora especializada en organización y sistemas de gestión. Uno de mis mentores más queridos había hecho muchos proyectos de “racionalización administrativa” para organismos públicos. Un día me contó escandalizado que uno de los más estrechos colaboradores de Sancristóbal le había dicho algo así como: “Gonzalo, ya es hora de que la izquierda también se aproveche del poder”. Y bien que se aprovecharon de los “fondos reservados”, y no sólo de ese dinero.

Natalia Ginzburg ha escrito en su último libro de ensayos sobre muchas cosas importantes que no suelen ocupar las portadas de los periódicos. Según Martín Garzo, «Todo el libro es un hermoso ejercicio de inteligencia, ternura y bondad.» Refiriéndose al sexo, Natalia escribe: «no mentir, no traicionar, no humillar, no dominar; éstos son los propósitos que una persona debe mantener con toda su alma en las relaciones sexuales como en cualquier acto de su vida».

Antes me he referido a Solchaga, que no aprueba alguna medida económica del gobierno actual pero, especialmente, considera una majadería hablar de la “crisis del ladrillo”. También ha criticado la manera en que se ha explicado la salida de Solbes. Éste —uno de los escasos altos cargos que sobrevivió a la etapa felipista de corrupciones— dejó sus puestos en el Gobierno y en el Parlamento por varios motivos. ¿Tenemos derecho los ciudadanos a saberlos todos? ¿Creemos al Presidente cuando habla de la amistad que los sigue uniendo?

Costa, secretario gral PP Valencia (José Cuéllar. El Mundo, 090201)

Costa, secretario gral PP Valencia (José Cuéllar. El Mundo, 090201)

¿Creemos a Salgado, la sustituta de Solbes, cuando omite hablar de riesgo de recaída en su comparecencia del Senado? ¿Vamos a poder confiar en sus análisis y pronósticos sobre nuestra crisis económica? ¿Nos parece bien su análisis de que «La economía española es como las mujeres. Aunque estén igual de capacitadas, tenemos que trabajar el doble» para que sea reconocida en el plano internacional?

Los altos cargos socialistas de hoy sólo aparecen en las noticias sobre supuestas financiaciones irregulares cuando son acusados de persecución por los desvergonzados. No obstante, ¿cómo hemos de calificar muchas subvenciones, subsidios y transferencias procedentes de nuestros impuestos? ¿A cuántos representan y de qué viven los que declaran que el gobernador del Banco de España «debe irse a “su puta casa” si es que tiene “un poco de dignidad”» porque no quieren que hable de la imprescindible reforma laboral?

¿Son aceptables las entregas de dinero que no salen de los “fondos reservados”? ¿En qué ambiente se han criado los políticos más jóvenes con responsabilidades en uno y otro partido mayoritario? ¿Van a seguir los mismos criterios que movieron a sus padres y hermanos mayores? ¿Van a transformar radicalmente nuestro panorama político? ¿Pensarán que es su hora de aprovecharse del poder? Pueden responder ustedes mismos…

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Políticos contemporáneos y Miénteme, La caja del problema de los políticos, ¿Jugamos a la política o desarrollamos algo?, La política de gastos y gestos.

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Políticos contemporáneos y Miénteme

Publicado por josempelaez en Sábado, 10 Octubre 2009

Considero que las mentiras de los políticos contemporáneos son cada vez menos soportables. ¿Hasta cuándo van a pretender seguir viviendo de cara a la galería? ¿En qué medida los ciudadanos hemos de ser espectadores o actores?

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La psicóloga Dra. Gillian Foster. Personaje de «Lio to me» (Fox 2009)

¿Qué saben hacer los políticos españoles? ¿Será comparable a lo que hacen en otros lugares? ¿Qué actividades desempeñan realmente? Según lo que declaran públicamente, el que sea iluso o poco escéptico creerá que todo lo que hacen es para servir a sus conciudadanos. En privado alguno llega a largar que se dedica a la compraventa y al cobro de comisiones.

¿Qué tendrían que saber para lo que deben realizar? ¿Qué valores deberían sustentar su conducta para poder ejercer decentemente las funciones? ¿Qué han de hacer para mejorar el bienestar de todos los nacionales y residentes en España? Según lo que vemos y escuchamos, se dedican a hablar, a comunicar, a explicar, a decidir, a aparentar, a adular, a mantenerse en el poder… Para ello dicen cualquier cosa que se les ocurra. Muchas de éstas son calificables de memeces o gilipolleces sin temor a equivocarnos un ápice.

El episodio vivido ayer en Valencia el día de la fiesta de su Comunidad me ha parecido esperpéntico. ¿Qué pretenden hacernos creer? Si Ric Costa goza de la confianza de Paco Camps, ¿por qué va a proponer el martes su “cese temporal”? ¿Por qué no dimite éste si es que Mariano Rajoy le presiona mucho ahora. ¿Pero no hablaba hace muy poco de indiferencia ante el caso y reiteraba su confianza en el molt honorable president? ¿No decía Camps que se debía sólo a los ciudadanos que le habían votado? ¿Qué está condicionando el comportamiento de este señor?

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Camps y Rambla en un acto institucional (J.Vicent, El País 091009)

Me gustaría que hubieran pasado unos cuántos años más y viésemos aquí alguno de los métodos que ya emplean en otros lares. ¿Qué diría el Dr. Lightman de «Miénteme» ante el lenguaje corporal de nuestros políticos? Me gusta más el personaje de este científico doctor en psicología que el Dr. House. La cuestión. ¿Debemos dejarnos gobernar por quienes sueltan tantas majaderías y mentiras?

Opino que la mayoría de los “políticos profesionales” quiere gobernar algo: un ayuntamiento, una diputación, una comunidad regional, un estado nacional, una unión interestatal… Unos lo logran y se ponen rápidamente a ello. El resto se dedica a “oponerse” a su gobierno en espera de que la coyuntura les dé otra oportunidad lo más pronto posible. Mientras tanto, los que pagamos “un huevo” (tanto como dice Camps que quiere a ‘El Bigotes’), ¿qué hacemos? ¿Nos dejamos mandar? ¿Por qué? ¿No sabemos o no queremos hacerlo mejor?

¿Hemos de aceptar lo que recordaba Pedro J. Ramírez sobre los políticos en una carta editorial? «Hay pocas virtudes que no poseyeran y pocos errores que no cometieran» (Winston Churchill, Cámara de los Comunes, 1945). También se preguntaba en la carta, respecto de las empresas que trabajaban en Valencia, «¿qué motivación podían tener esas compañías cuyos ingresos dependían de la Generalitat para contratar a un fulano que llega a Valencia con lo puesto y sin un mal perro que le ladre, pero con el mejor de los contactos?»

Muchos compañeros de estudios en la década de los setenta se han dedicado a la construcción de obras públicas. Entonces aprendimos en los pasillos y en las prácticas en empresas que, si querías lograr ciertas adjudicaciones, tenías que untar a los políticos de manera más o menos directa o escandalosa. Si no lo hacías te quedabas sin trabajo. Siempre había un competidor con menos reparos morales.

¿Cómo y cuándo nació esta práctica? Lo peor, para mí, es que se razonaba diciendo: “es lo que hay”. El consabido “siempre se ha hecho así” se asumía como parte de las reglas del terreno donde había que seguir jugando. Para ello también nos preparaban en la escuela técnica superior. ¡Hay que llevarse los concursos “como sea”!, y resulta que muchos se adjudican “a dedo” porque es más ágil.

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Rainbow Warrior con el hotel El Algarrobico dentro del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar (Greenpeace 090716)

Ante los métodos de examen competitivo de los profesores (muy pocos con dedicación exclusiva), los alumnos respondían con sus procedimientos de copia para responder. Unos porque no estaban habituados a memorizar. Otros porque no lo estaban a razonar. Había muy pocas excepciones (± 5%). Solían darse entre los que conocían mejor el sistema por sus padres o hermanos mayores. Todos queríamos aprobar. Sospecho que la situación no ha cambiado sustancialmente, aunque la UE pueda contribuir a que suceda.

Gürtel, Malaya y la especulación sobre el suelo tan determinante en la última “burbuja inmobiliaria” son sólo consecuencias de esta forma de “trabajar”. Estas corruptelas y corrupciones están demasiado extendidas como para que nos neguemos a ver que no son sólo cosa de bastantes políticos, constructores y estudiantes de nuestra sociedad. Opino que no lo hace “todo el mundo” pero, ¿es algo sólo de unos pocos? No lo creo.

¿Quién no ha quebrado normas éticas en alguna ocasión? ¿A nadie le remuerde la conciencia? ¿Qué podemos hacer los que no somos “profesionales de la política”? ¿Nos resignamos a vivir dentro de “la caja” y nos adaptamos a esta nefasta clase política actual? ¿Intentamos hacer evolucionar las cosas desde dentro pasando a ser actores desde una posición de espectadores críticos?

¿Hay otras opciones? ¿Sabemos de dónde viene esta situación? ¿Existe otro “Nuevo Mundo”? ¿Se puede ir? ¿Hay algún itinerario abierto por algunos pioneros?

Entradas de este cuaderno con alguna relación: La caja del problema de los políticos, ¿Jugamos a la política o desarrollamos algo?, La política de gastos y gestos.

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La caja del problema de los políticos

Publicado por josempelaez en Jueves, 8 Octubre 2009

Cuando entramos en un debate, ¿sabemos en qué cuadrilátero nos movemos? ¿En qué escenario debemos discutir sobre el lamentable comportamiento público reciente de los políticos españoles de uno u otro signo?

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Choque de trenes antiguos (Sobre fotos, 080612)

Hace bastante tiempo que no me asomo a esta ventana para compartir algunas impresiones. El verano que terminó hace un par de semanas, con sus vacaciones y, sobre todo, con el conflicto provocado por uno de mis socios, me ha mantenido muy apartado del cuaderno. Ya escribiré sobre ello. No obstante, he procurado seguir leyendo y comentando en otros sitios y en éste. A una de estas conversaciones me referiré más adelante. Anuncié un compromiso y tenía pendiente su cumplimiento.

Para  impulsarme un poco me retrotraeré a cuando era un infante con el uso de razón poco más que estrenado. En lo que entonces debían de ser los primeros años del bachiller elemental español (hacia el final de la enseñanza primaria actual), hablar de resolver un problema tenía un significado preciso. ¿Cuánto te ha dado? Era una pregunta que solías hacer tras calcular la localización del sitio donde iban a chocar dos trenes que circulaban por la misma vía ferroviaria en sentidos opuestos a velocidades diferentes.

Desconozco si en la enseñanza española de hoy se sigue haciendo esa pregunta. Supongo que sí, aunque se empleen velocidades más propias de los convoyes de AVE. También imagino que se utilizarán capitales distintas de Barcelona y Madrid. ¿Serán más europeas o más nacionalistas? ¿Se tratarán también las consecuencias de estas colisiones potenciales? Por cierto, ¿algún progenitor o docente que puede ayudar con estas cuestiones?

Resolver cuestiones, problemas, dificultades, conflictos, dilemas, contradicciones… Si sigo por este camino voy a adentrarme en los territorios dominados por Mario y por Eliyahu, el promotor de la TOC. No es hacia donde quiero ir ahora. Son territorios harto desconocidos para mí. No voy mucho más allá de lo aprendido en la infancia y de aplicar el Kepner-Tregoe, que medio utilicé en una de las multinacionales en las que he servido, como dicen los militares.

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Soldados desbordados por cajas (Flickr 081216)

Al pensar aquí sobre qué implicaba resolver un problema me dirigía hacia otro terreno: el que Guillermo ha pisado en sus comentarios a una de mis entradas sobre política y participación ciudadana. Supongo que la idea primaria que subyacía en la conversación era la de que algunos (¿pocos, muchos?) españoles estamos en desacuerdo con la acción de los políticos que quieren representarnos (desde el gobierno o en la oposición). ¿Cuántos deseamos encontrar nuevos cauces para estar presentes o influir en la sociedad?

Como este cuaderno no es más que un espacio de reflexión personal y compartida —en la medida en que otros quieran emplearlo—, prescindiré de encuestas o de barómetros sociales para tratar de establecer objetivamente la situación de partida de ese descontento. Sin embargo, no podemos olvidar que, para encontrar buenas respuestas a las cuestiones que nos formulamos, debiéramos plantearlas en un marco adecuado de forma variada, clara y delimitada, aunque sólo fuera cualitativamente.

De la conversación con Guillermo he sacado la conclusión de que ambos consideramos que el juego de los políticos españoles actuales no nos lleva a vivir mejor. También que es preciso salirse de él, que tenemos que cambiar de mentalidad y que debemos realizar esfuerzos individuales, aunque eso no baste.

Aprovechando sus vínculos a interesantes entrevistas o trabajos de Pimentel, Niño, Navarro, Castells y Lévy —y citando sus palabras—, concluyo igualmente que coincidimos en el «protagonismo exagerado e injustificado que tienen los políticos en la vida pública». También en que «lo que se está planteando en el fondo es que su rol, al menos como se había entendido hasta ahora, empieza a estar injustificado.»

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Debate político (Zona Inmobiliaria, 080226)

Nuestra pequeña controversia parecía radicar en la distinta valoración de la utilidad de «una muestra de inteligencia política». José Antonio Marina la hizo en su libro «El vuelo de la inteligencia» en 2000 [págs. 140-1]. La utilizaba como ejemplo de que la democracia podría ser un «modo conjunto de resolver problemas» en vez de «un modo de participar y de controlar el poder». Estando de acuerdo con Marina en su enfoque de democracia no lo estaba con su muestra.

En cualquier caso, lo que me hizo suspender el debate y reflexionar en esta entrada fue mi duda sobre desde dónde estábamos analizando el problema. ¿Sigue suficientemente bien fundada en nuestra presente realidad antropológica, social, científica y tecnológica una democracia parlamentaria basada en partidos con listas cerradas?

Para intentar resolver un problema debemos haberlo formulado de forma adecuada. Creo que el de nuestra democracia no se resuelve con un partido nuevo que sólo se dedique a controlar al resto en el parlamento. Porque, ¿para qué necesitamos hoy los partidos? ¿No podemos decidir democráticamente de otra manera lo que nos va a afectar a todos? ¿Estamos pensando suficientemente fuera de la caja?

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La motivación de los otros

Publicado por josempelaez en Martes, 16 Junio 2009

¿Hasta dónde se puede imponer un determinado modo de funcionar en una organización social? ¿Qué papel han de jugar los gobernantes y “dinamizadores” respecto del que han de desempeñar los “organizados”? ¿Qué motivaciones impulsan a unos y otros?

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El capitán de la policía política de la RDA (Piñe, Punto Radio 080602)

«La vida de los otros» es el título en español de una película que me gustó mucho por varios motivos. Uno de ellos es la descripción que hace de la vida en una sociedad “muy organizada”, tanto de una manera intensiva como exhaustiva, o de una forma muy activa y amplia si así se me entiende mejor. La desaparición del régimen político que gobernó la RDA durante 50 años tras la Segunda Guerra Mundial fue simbolizada por la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Entonces terminó una etapa donde la divergencia entre legislación y ética generó bastantes disonancias cognitivas entre sus habitantes. No obstante, la mayoría de la población se había adaptado a vivir bajo las normas y el control de una federación política única que, a través de sus muchos militantes, promovía y controlaba todas las actividades de la “organización social”. Creo que los parientes y simpatizantes de la Alemania Occidental constituyeron un apoyo relevante para los disidentes.

He recordado esa película por dos razones. Una es la situación que se está viviendo en Irán (otra democracia aparente) tras las elecciones del pasado fin de semana. ¿Qué poder real tienen y pueden ejercer hoy sobre los integrantes de una organización los que intentan determinar su funcionamiento, especialmente contra la oposición de un gran número de sus miembros? En cualquier caso, me parece que, en entornos culturales distantes en espacio y tiempo, siguen apareciendo fenómenos de control tristemente cercanos.

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Editorial Avapies. Madrid, 1984 (Vallecas Todo Cultura)

La otra razón para haber pensado en la motivación de los demás ha sido el interesante documental «Flores de luna» que vi en la última sesión de «Versión española». El largometraje y las conversaciones versaron sobre la experiencia de muchos inmigrantes: los que se desplazaron desde la España rural a la urbana durante los años 50 y se asentaron en la finca de La Cambronera, al sureste de Madrid. Entonces era ya conocida como el Pozo del Tío Raimundo por el brocal que asomaba junto a la vaquería de antes de la guerra civil.

No fueron los únicos, ni los primeros ni los últimos. Las barriadas obreras de Orcasitas en Usera, San Cristóbal en Villaverde, Entrevías, Palomeras y Cerro del Tío Pío en Vallecas, Gran San Blas en Canillejas… fueron otros barrizales madrileños que también vieron llegar, esforzarse y luchar con dignidad a miles de campesinos que escapaban de la miseria —y en muchos casos también de la discriminación por su desafecto al franquismo— desde los latifundios andaluces, extremeños y manchegos.

Esperanza Molina, una universitaria de la burguesía que vivió allí entre 1957 y 1964 publicando «Los otros madrileños. El Pozo del Tío Raimundo» en 1984, recordaba el viernes: «Si alguna motivación había en las personas, […] en la generación que hizo El Pozo, [… estaba en lo que decían] marcando enormemente, con una expresión fuerte: es que yo lo que vengo a buscar aquí es escuela y médico “pa” mis hijos. Que no sean como yo. Que puedan estudiar, que puedan aprender. […] A ver si ellos consiguen “un trabajo de corbata”».

La voz del relato introductorio decía que: «Este barrio obrero se convirtió en modelo de organización y referencia social. Su lucha basada en la cooperación, el esfuerzo y la conciencia de clase es todo un símbolo de superación personal y colectiva». Los niños y jóvenes que llegaron en los años 50 y 60 fueron ayudados por los educadores de colectivos sociales de la época. Entonces eran jóvenes universitarios voluntarios y sacerdotes jesuitas practicantes de la teología de la liberación.

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Autoconstrucción de vivienda baja en barrizal (RTVE 081124)

Fue una barriada autoconstruida en su origen, al estilo de lo que se hacía en sus pueblos de partida. En ella se demostró que, con unos padres emprendedores y decididos apoyados por buenos dinamizadores, se puede llegar a movilizar y a concienciar a los jóvenes para lograr el cambio que anhelaban. La transformación urbanística y cultural fue un gran caso de éxito de las asociaciones vecinales. Evidentemente, hubo que hacer grandes sacrificios y superar muchos dolores y sufrimientos.

No ha habido continuidad. Los jóvenes actuales han rechazado esa cadena de comunicación y de valores. El fracaso escolar actual es elevadísimo. Uno de los hijos de ayer y padres de hoy decía que ellos no tenían cultura y estaban ansiosos por adquirirla. Sin embargo, sus hijos están ahora rodeados por la cultura, pero no se interesan por ella. Tampoco aprecian la solidaridad que había entre los vecinos forjada en una lucha constante defendiendo sus reivindicaciones para mejorar su barrio y sus condiciones de vida y trabajo.

Arriba me he referido a los intentos de control de las organizaciones sociales porque la historia muestra que siempre aparecen un final y un cambio. También enseña que estas situaciones suelen repetirse. La esclavitud, el feudalismo, el despotismo, la dictadura… tienden a reaparecer con otras facetas. ¿Qué motivaciones tienen unos y otros? ¿Cómo se potencian o se frenan esos impulsos? ¿Puede equipararse lo legal con lo ético? ¿Los estímulos de cambio han de ser más endógenos que exógenos?

La cuestión que me viene ahora, después de haber comentado desigualmente estos tres casos, es: ¿Qué papel juegan los que apoyan a los que han decidido luchar contra un cierto régimen o estado de las cosas? ¿Cuánto depende el éxito de una transformación de los educadores, voluntarios, cooperantes, monitores, asistentes, agitadores, dinamizadores… sociales?

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Educación: una verdad incómoda, La motivación de cada uno.

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