Los días internacionales de algo se instituyeron para recordar asuntos que se consideran importantes. El primero de mayo es uno de los más antiguos y festivos, pero no me gusta. Lo suelen protagonizar quienes defienden una anacrónica lucha de clases y creen representar a los que no los han elegido. Su interés mediático también parece hacerles sentirse capacitados para analizar problemas sin tener una preparación ni una información suficientes.
El viernes pasado fue el Día Internacional del Trabajo. El problema del paro sirvió como motivo estelar para sus manifestaciones, discursos y declaraciones. Tuvimos otra oportunidad más de escuchar las consabidas arengas sobre la crisis económica que nos vienen transmitiendo algunos insignes sindicalistas erigidos en nuestros representantes.
Al escribir nuestros me refiero a los trabajadores. Aunque yo lo haga por cuenta propia —soy autónomo además de empresario—, supongo que también me incluyen cuando hablan de “los trabajadores y las trabajadoras”. Imagino que incluyen igualmente a los que sufren más las consecuencias del mercado de trabajo escaso y dual en España que han contribuido a crear. ¿Qué entenderán por igualdad de derechos e inclusión social?
Cándido Méndez es un sindicalista de mi generación que lleva más de quince años como Secretario General de la UGT. Es el líder sindical en activo más conocido de España; es el que más veces ha desayunado en la televisión, ha hablado en la radio, ha sido citado en la prensa y telediarios… Deduzco que probablemente es quien ha perdido más oportunidades de que tengamos otro panorama laboral.
Como máximo dirigente del reivindicativo sindicato socialista de clase trabajadora, reemplazó en 1994 a Nicolás Redondo, uno de los destacados luchadores por las libertades democráticas durante la dictadura. La UGT logró ser restituida o compensada por el considerable patrimonio inmobiliario que tuvo. Las propiedades incautadas a los sindicatos durante la guerra civil por sus responsabilidades políticas se habían acrecentado hasta 1977 con las aportaciones empresariales de los “sindicatos verticales” franquistas.
El pasado 1º de mayo, mi “compañero” Méndez voceó que la recesión actual no había sido causada por los trabajadores ni era un producto de la legislación laboral española. Gritó que no a un nuevo empleo con recorte de derechos y a la precarización laboral. Exclamó que son las políticas que siempre demanda la patronal.
También afeó el que hayan pedido al Parlamento que legisle favoreciendo sus propuestas. Exige que usen sólo el marco del «diálogo social». ¿Acaso los diputados no son los representantes de la sociedad? Avisó del “conflicto” que generará el que no atiendan sus demandas.
El líder sindical —elegido por una minoría de ciudadanos (los afiliados a su organización), pero parcialmente asalariado a costa de los impuestos de todos— reiteró su diagnóstico sobre la singular tasa de paro española. Considera que ya hay demasiada flexibilidad contractual y facilidad para que los empresarios [ricos, explotadores y especuladores] despidan a los trabajadores [pobres, esforzados y cumplidores].
Lo que ha pasado, además, se debe según él a que el modelo de crecimiento económico español ha estado basado en la especulación inmobiliaria. Ello creó muchos empleos de bajo valor añadido en la construcción y en los servicios que desaparecieron rápidamente al cambiar la coyuntura.
Me sorprenden las críticas al sector inmobiliario de quienes también lo han explotado. Considero vergonzoso el arremeter contra los empresarios por actuar especulativamente para ganar dinero y por “destruir” empleos cuando los denunciantes han hecho lo propio.
La UGT no ha podido seguir especulando para ganar influencia con la expansión de sus actividades y el crecimiento de sus servicios. Ahora hay poco margen para seguir financiándose con préstamos hipotecarios, fondos de pensiones o mayores subvenciones públicas. Por consiguiente, han mandado a cobrar la prestación por desempleo a los que no podían recibir su salario.
¿Acaso no han despedido a empleados por causas objetivas dándoles veinte días de salario por año trabajado? ¿Es que tampoco les han conminado a no reclamar para no perjudicar a los familiares y amigos que siguen allí? Los empresarios han aplicado la indemnización mínima legal sólo a una minoría de los contratos indefinidos rescindidos.
Considero que el diagnóstico del vocinglero ingeniero técnico es tosco. Al igual que su amigo, el profesor Rodríguez, se considera cualificado para rebatir los análisis de los economistas más expertos. Aunque su supuesto representante los ningunee, esos economistas también son trabajadores de reconocidas instituciones públicas y privadas, de prestigiosos servicios de estudios financieros y de cátedras de buenas universidades.
El monocorde y resonante discurso del Día del Trabajo me evoca el «cuanto más grite, menos razón tiene». También el dicho castellano: «una cosa es la que se nos dice y otra la que uno descubre por sí mismo». ¿Serán estos ex profesor y metalúrgico —metidos a ”comunicadores sociales”— los actuales ordinarios, corsarios o arrieros que llevaban noticias trastrocadas junto a las cosas y encargos que transportaban de un lugar a otro?
Entradas de este cuaderno con alguna relación: La dirección del profesor Rodríguez.
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