Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

Lectura, educación y frustración

Posted by josempelaez en Lunes, 5 enero 2009

El lenguaje es una competencia básica que debemos desarrollar tras nacer. Creo que escuchar y leer son dos actividades infravaloradas en la presente educación española hasta los dieciséis años. La habilidad lingüística condiciona nuestra capacidad empírica para prever algo. También para pensar sobre el futuro y poder anticiparnos. Pedagogía y democracia son materias que no deben confundirse. Cuando ello ocurre, aparecen «verdades incómodas» y frustrantes.

Plano de Chamberi (Google Maps)

Plano de Chamberí (Google Maps)

Considero que en uno de los textos de Arturo Pérez-Reverte (APR) a los que me referí en la entrada reciente sobre la educación como «verdad incómoda» hay un par de frases que ilustran muy bien nuestra realidad educativa. El reportero, novelista, académico de La Española y maestro de las palabras manifiesta que hoy en día generalmente se valora poco la lectura en voz alta en las aulas. Hace cincuenta años se empleaba para educar la escucha y para fomentar la emulación y la competencia estimuladoras. Otro punto que comenta es lo mucho que se critica al que lee solitariamente en un rincón de la escuela o de su hogar en lugar de jugar en el patio o en la calle con el grupo de turno.

Recuerdo bien, de mi etapa de colegio concertado en una institución educativa religiosa del madrileño barrio céntrico de Chamberí (1959-70), que ambas cosas son perfectamente compatibles. No obstante, cuando en los últimos tiempos he hablado con algún quinceañero de los que acuden a colegios privados en zonas residenciales de las afueras, me enrabieta escuchar que no leen, ni les interesa. El entretenimiento de mis interlocutores hasta esa edad ha sido básicamente el de la práctica de juegos electrónicos salpicada con alguna actividad deportiva.

Cuando hablo con sus padres (familiares, amigos, proveedores…) —que pasan mucho tiempo trabajando, como lo hicieron los míos—, algunos me dicen simplemente que la vida actual es así. No obstante, los hay que conducen la educación de sus hijos realizando otras actividades y transmitiendo sus valores. También los hay que declinan esa responsabilidad y la transfieren al sistema educativo. Éstos reservan o compran una plaza en él al igual que adquieren otros objetos que reclaman sus hijos a cambio del tiempo que no les dedican. No obstante, opino que la buena o la mala educación no dependen demasiado del dinero que gaste uno en ellas. Es mucho más una cuestión de saber y de dedicarle tiempo suficiente.

lectura

Vida entre libros (cc Dan!!!!, Flickr 080408)

Me parece que la vida actual de una gran parte de los adolescentes está mucho más condicionada por lo que prescribe la peña que lo que estaba determinada la nuestra en los sesenta por lo que decían los demás miembros de nuestro círculo. Creo que muchos de los de mi clase estábamos bastante influidos por los educadores vocacionales que teníamos. A esas edades, y antes y después en mi entorno de barrio burgués de profesionales y comerciantes, pasábamos una buena parte de los ratos libres leyendo en casa o en la biblioteca. El resto del tiempo jugábamos en casa de alguno, en la Casa de Campo, en la sierra o en la playa, charlábamos paseando por la calle o íbamos al cine con la pandilla de turno (colegio, barrio o vacaciones).

Los volúmenes de ficción, las novelas históricas y otros libros nos aportaban perspectivas y experiencias vitales que no encontrábamos en los relatos de los que nos rodeaban, cuando se producían. Tampoco estaban en las novelas radiofónicas ni en las películas que se proyectaban en los salones de los colegios o en las salas cinematográficas de la época. La gran mayoría no teníamos televisión, ni otras muchas cosas que hoy abundan.

Entre semana teníamos que estudiar de forma cotidiana porque te podían preguntar la lección en cualquier momento. Si ibas a casa con malas notas, tus padres no lo disculpaban y, por supuesto, reprobaban tu comportamiento. La autoridad del profesor y su prestigio social eran superiores a los actuales. Nuestros padres daban mucha importancia a la educación formal, un bien que entonces era más escaso que ahora en su cantidad, pero no creo que lo fuera en su calidad.

Aunque algunos de nuestros padres no fuesen partidarios de la Dictadura franquista —que nos obligaba a cantar himnos “patrióticos” en el patio antes de ir a clase—, casi todos conocían bien el valor de aprender lengua y literatura, filosofía, historia, biología, física, matemáticas…, y el de las leyes o reglas que sustentaban estas materias. En la mayoría de los casos, o ellos o nuestros abuelos no habían tenido la oportunidad de ir más allá de leer y escribir a duras penas y de aprender las cuatro reglas de la aritmética. Ansiaban otras oportunidades para sus descendientes. Consideraban que ello demandaba cierta disciplina y el seguir unos principios básicos de respeto a los mayores y educadores.

zona-desarrollo-proximo_vygotsky

Zona de desarrollo próximo de Lev Vygotsky (McGill Univ)

En la segunda mitad de los setenta, en mi entorno hablábamos mucho de alternativas educativas al sistema público dominante. Muchos eran los que lo tildaban de ser muy autoritario,  memorístico y frustrante. El conocido aforismo del suizo Piaget acerca de que «todo lo que se enseña a un niño se le impide descubrirlo por sí mismo» reclamaba con fuerza su expansión por todo el sistema educativo. Se alegaba que no había que instruir o educar, sino simplemente facilitar el aprendizaje autónomo al ritmo de cada individuo.

Es una lástima que las ideas de Vygotsky no hubieran disfrutado de tanta difusión como las del suizo en la España de aquellos tiempos. Si entonces se hubieran considerado más los resultados de las investigaciones del ruso, el papel y la formación de los educadores no se hubiera devaluado tanto como la disciplina y la repetición que se habían estilado hasta entonces. Los padres y los maestros tienen roles esenciales en la construcción del andamiaje necesario para un buen desarrollo cognitivo, emocional y operativo de los niños en las culturas más evolucionadas. La simple imitación y el lento descubrimiento manipulativo son notoriamente insuficientes e ineficientes en estos casos. Luego falta tiempo para leer. Puede que el saber ocupe poco espacio cerebral (algo que las resonancias magnéticas aún están delimitando), pero lo que sí requiere es de mucho tiempo.

A final de los setenta también era profesor universitario y tenía amigos mayores que buscaban una educación diferente para sus hijos. Libertad de ideas, de relaciones con el otro sexo, supresión de la represión, superación de la frustración, ser felices sin sacrificarse, métodos democráticos en la educación… Eran éstas las cuestiones que hicieron que muchos treintañeros se interesaran por ideas y movimientos como el de la Escuela de Summerhill en el Reino Unido, o que leyeran y siguieran las recomendaciones de libros como el de Benjamin Spock en los Estados Unidos. Predicaban que los niños debían de crecer en total libertad y sin sufrir frustraciones traumatizantes si se les llevaba la contraria.

En la España de los ochenta, muchos de los gobernantes que reformaron el sistema educativo compartían esa manera de pensar (“psicopedagocráticos”, los llama APR). Lógicamente, no quisieron que sus vástagos tuvieran que pasar por las mismas experiencias que ellos, como si hubieran quedado infracapacitados para el resto de sus vidas. Ello me resulta paradójico. Se debían de considerar aptos para legislar y gobernar un cambio a la par que inútiles por haber sido educados de una forma que estaban reformando. Considero que la pifiaron al mezclar churras con merinas. Hoy tenemos un problema serio. ¿Podemos abandonar la política y la educación?

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Imagen cerebral (Guangping Dai, Ruopeng Wang, Jeremy Schmahmann, Van Wedeen, MGH | MIT TR 080806)

Creo que hay que diferenciar entre eliminar ciertas técnicas educativas y suprimir principios pedagógicos básicos. No soy el único que piensa que, desde entonces, hemos ido a peor, y que tenemos una mala educación.

Lo que va a frustrarnos ahora, entre otras cosas, es que nuestro sistema educativo no ha desarrollado las competencias virtuosas necesarias para que los ciudadanos del mundo prefieran nuestros bienes y servicios, por poner un ejemplo al hilo de la crisis económica. Nuestras balanzas exteriores indican que, a la hora de producir, nos llevan ventaja los extranjeros que mejor se educan o más se sacrifican.

El “cableado cerebral” necesario para trabajar de forma eficaz, productiva e innovadora se monta mucho mejor a los seis años que a los veinticinco. Con esto no me refiero al aprendizaje de las técnicas y artes propias de los oficios y profesiones. Hablo de la construcción de las competencias cognitivas, afectivas y rutinarias que componen nuestro carácter, parte de la inteligencia que adquirimos para formar la base de nuestro comportamiento.

¿Tenemos un problema como padres, familiares, educadores, maestros, profesores, monitores, mentores, jefes, entrenadores…, o culpamos al gobierno mientras miramos para otro lado para no afrontar la «verdad incómoda» de la educación?

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Educación: una verdad incómoda

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4 comentarios to “Lectura, educación y frustración”

  1. Iván said

    En mi caso los libros son una parte básica y fundamental de mi persona , de mis inquietudes,pasiones,sueños e imagino que en cierta manerda de mis conocimientos.

    lo cierto es que antes no lo pensaba,pero ultimamente alguna vez he pensado que me han educado más los libros y los escritores que cualquier profesor que me dió en la Universidad , le debo mucho a gente como Manu Leguineche,Ryszard Kapuscinski,Julio Verne,Alberto Vázquez Figueroa,Javier Reverte,Tiziano Terzani,Luis Sepúlveda y un larguisimo etc de escritores

  2. Comparto tu punto de vista. En mi caso, siempre he echado de menos la intensidad de lectura que tuve hasta los veinte años. Ahora trato de recuperar una parte del tiempo perdido que no he dedicado posteriormente a leer buenos libros.

  3. Nadie quiere darse cuenta, porque en realidad todos tenemos parte de culpa, pero vamos de mal en peor. Los valores se han perdido y los alumnos ya no necesitan esforzarse por nada.

    Hasta van a hacer un Trivial Pursuit con preguntas más fáciles para la siguiente generación de españoles. Te invito a leer el artículo.

    http://www.terceraopinion.net/2009/06/28/trivial-edicion-loe/

    Un saludo.

    • Creo que hay padres y educadores que son conscientes del deterioro que comentamos y tratan de ponerle remedio en sus ámbitos individuales. Cuando sus hijos o alumnos destaquen dentro de varios años, al igual que pasaba con las minorías que podían educarse bien en los años 20 y 30, considero que el resto de la sociedad volverá a apreciar los mejores valores y métodos de aprendizaje.

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