Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

Medidas y duración de la crisis

Posted by josempelaez en Viernes, 9 enero 2009

Las nuevas cifras del paro en España y en los EUA indican nuevamente la magnitud de la crisis económica. Vemos que las medidas para combatirla no han tenido los efectos deseados hasta el momento. Los gobernantes recomiendan esperar, pero no hay consenso sobre las causas, ni sobre el modelo a emplear ni sobre su duración. Pienso que la situación "anormal" tendrá una larga duración y que requerirá un gran cambio de mentalidad.

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Vehículos atascados en un sentido de la M-40 de Madrid, mientras el otro está cerrado al tráfico (©EFE/Chema Moya, 20 Minutos 090109)

En algunas entradas anteriores me he referido a la presente crisis económica y a las medidas adoptadas por el Gobierno español para paliar sus efectos, si es que no fallan. No podemos olvidar que estamos ante medidas experimentales dada la carencia de antecedentes y de teorías económicas que acierten en sus predicciones. En esencia, se van a garantizar más los depósitos bancarios y se va a respaldar una parte del dinero “creado” en la etapa de hinchazón de la burbuja inmobiliaria y consumista para evitar quiebras demasiado embarazosas. También se va a generar deuda pública para tratar de reactivar el sistema financiero y para ayudar directamente a las pymes en espera de que la llegada de tiempos mejores no se demore mucho.

Mi opinión es que esto no sucederá así debido a que los problemas estructurales y la relevante morosidad que padecemos requerirán de un tiempo de sanación muy superior a una docena de meses. Las viviendas vacías no van a desaparecer del mapa en varios años. Los ciudadanos que puedan van a ahorrar; no van a seguir consumiendo confiando en un futuro sin dificultades. Consecuentemente, ante la caída de la demanda, la producción se reducirá, y el nivel de empleo lo seguirá acusando. Una cosa es pensar en las elecciones y “generar” trabajos temporales en las constructoras o en los municipios para reformar fuentes públicas que reciclen su agua, o para contratar cuadrillas para que echen sal en las vías públicas, y otra muy distinta el saber regular las precipitaciones de agua y nieve. Como eso no se conoce, pero sí podemos ver los nubarrones —a ojo de buen cubero o mediante la ayuda de los satélites—, nos refugiaremos como sepamos y podamos para no calarnos ni resfriarnos.

Me encuadro entre los escépticos que cuestionan la eficacia de las medidas adoptadas hasta el momento dada la naturaleza sistémica que apreciamos en esta crisis. No creo que los efectos económicos que observamos procedan sólo del final de un ciclo expansivo ajeno a nosotros. Entre otros motivos porque las supuestas causas globales están teniendo un impacto diferente según los países.

Entiendo que las consecuencias que estamos viendo se deben también a un secuestro activo y pasivo de las decisiones públicas sobre el bien común por parte de los intereses particulares de muchos gestores financieros, políticos domésticos, grandes empresas, asociaciones profesionales, sindicatos de trabajadores… que sólo representan a una fracción pequeña de la población. Para mí que, aparte de que no sabemos cómo funciona y se regula la economía, también estamos ante los resultados de un clásico problema de gilds, aunque su relación no sea tan evidente como en los que causa el gremio de los autores.

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T-Shirt basada en viñeta indicadora de los tiempos que corren (Zazzle.com, via Jordi's blues)

A la deuda pública que van a generar las medidas citadas habrá que añadir los fondos públicos destinados a subsidiar a los que siguen perdiendo su empleo o se prejubilan en los EREs, así como a pagar a los que fabrican o ensamblan productos (pisos, puertas, electro domésticos, coches, películas, discos, títulos académicos…) que no se venden por exceso de capacidad, defecto de competitividad o caducidad de su enfoque del negocio. Deberán sumarse los dedicados a construir infraestructuras de barro, madera, hormigón, metal o plástico que deben luego mantenerse con sueldos que habrá que pagar, a sostener una actividad mínima de investigación básica y desarrollo industrial, a pagar los gastos corrientes de unas administraciones públicas infladas por la burbuja… ¿Quién sabe qué más ayudas tendremos que sufragar entre todos una vez que los grandes estados liberales descartaron la senda de las quiebras y apostaron por apuntalar ciertos planteamientos de negocio insostenibles mientras se les ocurre algo?

Bien, entiendo que algo había que hacer a corto plazo para eludir el caer en una depresión profunda, económica y mental. Hay que sostener la confianza en el funcionamiento de las ruedas de la economía y el ánimo consumista de los que circulan con ellas. Hay que ganar tiempo para que cojan aire y vuelvan a poder pagar las deudas que adquirieron animados por la publicidad inherente a un sistema libre de mercado. 

Las bicicletas del progreso material no pueden detenerse de sopetón. Si así sucediera, todo lo que sostienen y se mueve sobre ellas se derrumbaría estrepitosamente. No queremos eso, ¿verdad? El problema es saber durante cuánto tiempo podremos seguir avanzando esforzadamente a rebufo del gran pelotón con nuestras pesadas mochilas llenas de lastres hipotecarios y de otras clases cargadas a la espalda. No duraremos muchos años pedaleando de forma más o menos compacta por mucho que apretemos los dientes y recurramos a todos los tipos imaginables de inyecciones externas. El riesgo de desmembramiento es alto. Los descolgados podrían abandonar, subirse a los coches escoba y “tirar p’arriba” arrollando a todos los que encontraran a su paso. 

Por consiguiente, creo que hemos de tomar conciencia de nuestra riqueza real, de ir arrojando cargas innecesarias para vivir, de ir olvidando ciertos “consejos” publicitarios y de ir ajustando nuestras expectativas de forma consecuente.

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Parón económico por sorpresa, Crédito liquidador de operaciones

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8 comentarios to “Medidas y duración de la crisis”

  1. Iván said

    No sé si el problema es el fondo o las formas,pero yo veo cosas que son de poco sentido común,quizá fuera mejor tener esa mochila que dices cargada de sueños y proyectos,y no de lastres hipotecarios( que enriquecieron a unos cuantos)

    por aqui en Asturias,cada vez que vengo + asturianos se van,a otras regiones de España y del extranjero,las razones son varias,una de ellas es que todo se está volviendo excesivamente burocrático y está en manos de los siempre( políticos,secuaces de los mismos,sindicalistas etc),la gente que quiere hacer cosas se enfrenta a muros de viento,al sistema,a los amiguismos etc,y optan( optamos) por largar amarras

    el tema de subvenciones está destrozando el espirítu emprendedor de los asturianos

  2. Iván, entiendo que también hay que llevar algo material en la mochila que poder llevarse a la boca o poner sobre uno en los descansos del camino. Supongo que ya iré desarrollando mi punto de vista en futuras anotaciones, pero creo que necesitamos algo de B2B (Back to Basics con transformaciones en la línea de lo comentado en Rizomática)

  3. Suscribo tu conclusión al 100%. Pero creo que va a ser muy duro de asumir, para el grueso de los ciudadanos, que lo que han vivido hasta ahora era “mentira”. Que no están en condiciones de tener vivienda propia (por ejemplo), o de tener dos coches (igual ni uno), o de irse de vacaciones al Caribe, o de salir a cenar cada fin de semana… Hay una generación que, para bien o para mal, puede asumirlo más o menos bien porque ya lo vivió antes del “desarrollismo”. Pero para todos los nacidos después, que sólo hemos vivido la parte “inflada”…

    Me temo que gran parte de la factura no la vamos a pagar nosotros, sino las generaciones de después, a base de cargar el país con más y más deuda pública. Algo que no sería malo si esa deuda se emplease en hacer las reformas estructurales profundas que necesita este país (Europa en general, diría) para poder competir con los países “emergentes” (o emergidos, más bien). Pero me temo que sólo se va a utilizar para poner la venda en los ojos, sostener artificialmente el “estado del bienestar” y “el que venga después, que arrée”.

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