Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

Confiar y marchar al acantilado

Posted by josempelaez en Viernes, 20 febrero 2009

Muchos decimos que estamos ante una crisis de confianza. Unos se refieren al sistema financiero. Otros pensamos que, siendo eso grave, el problema tiene un calado mayor. Los indicadores económicos se deterioran mientras los gobernantes españoles se dedican a montar broncas. ¿En quién se puede confiar?

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Caída de gotas desde acantilado como lemmings (cc ducktourer, Flickr 080916)

Ayer me fijé en la nota de un amigo sobre los naysayers, es decir, sobre los que parecen tener una visión negativa de la vida en general. Comenzaba aclarando que es una palabra para la que no había encontrado todavía una buena traducción y terminaba recordándose que no tenía que llegar a ser uno de ellos. A mí me recordó, de entrada, lo que predicaba un director general sobre los passion killers en la empresa multinacional de informática para la que ambos trabajábamos en España durante la crisis económica del 93

Creo que fue hace quince años cuando los “españolitos” logramos un récord en la tasa de paro medida por la EPA con los criterios de entonces. Llegamos al 24,5%, una razón que hay que asociar a otra del 8,7% en la mora. Las cifras de la crisis actual no son tan elevadas, al menos de momento. Mi compañero de fatigas en aquella otra calificaba de “matapasiones” a los que no estábamos de acuerdo con sus ideas, independientemente de las razones que tuviéramos. Dadas las diferencias entre ambas situaciones, se me ha ocurrido pensar que, quizá, los que ahora merezcan el primer apelativo reciban el segundo cuando la situación se agrave, que lo hará.

Todavía me extraña de aquella etapa de mi vida el que, a diferencia de lo ocurrido ocho meses atrás, el referido director no quisiera recibirme la segunda vez que le pedí cita para exponerle mis ideas. Supongo que creería erróneamente que la confianza ciega en el jefe era una condición necesaria para poder desviar una columna de trabajadores de la marcha impasible hacia el acantilado que nos separaba del rojo océano plagado de malos resultados. En aquel caso, creo que el acercamiento hacia nuestro abismo se debía a varias razones hondamente arraigadas en la cultura de la que fue una granempresa en tiempos pretéritos. El desencadenante del salto (que finalmente se produjo) fue el irresistible empuje introducido por el desarrollo de las redes de ordenadores personales.

A veces pienso en las similitudes entre las empresas y los países cuando nos referimos a la economía de mercado y la competitividad. ¿Dónde llegaríamos los españoles si confiáramos ciegamente en un ministro de Industria que se impacienta cuando los bancos y cajas no le siguen?; ¿no es capaz de darse cuenta de que no pueden? ¿Cuánto tardaríamos en percatarnos de que no podemos limitarnos a comprar productos españoles si queremos progresar aprovechando las ventajas de una economía abierta a la competencia?

¿Creerán nuestros políticos que el gobernar consiste en hacer declaraciones tajantes o en difundir campañas de desinformación? ¿Creerán que estriba en el montaje de broncas, como la que protagonizaron esta semana en el Congreso nacional, o de grescas, como la que liaron posteriormente en la Asamblea madrileña? ¡Qué espectáculos más vergonzosos! ¿De verdad tenemos que confiar en esas señoras, señores y señoritos?

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Construcción en Oakland (cc pbo31, Flickr 070505)

En fin, los acontecimientos siguen reforzando mi muy mermada confianza en nuestros políticos, como ya he reflejado este mes al escribir sobre unas escenas y solvencias en relación con los bancos. ¿Será que soy un naysayer de los que escribe mi amigo, es decir, una especie de «mezcolanza de “cenizo”, “negativo”, “tóxico”, “inmovilista”, “perro del hortelano”, “aguafiestas”, “corta rollos”, …»?

En esas estaba cuando descubrí que Francisco Rubiales había escrito un artículo con bastantes opiniones sobre la situación actual que comparto. Bueno, parece que ya no estoy tan solo. Creo que ha merecido la pena leer sus opiniones. Llega a decir que «Zapatero se niega a admitir la evidencia de que la desconfianza se ha instalado en el corazón del sistema y que esa desconfianza afecta, sobre todo, al liderazgo político, culpable de mal gobierno y de ineficacia extrema…»

Puesto a buscar otros referentes, confío más en observadores y analistas algo más especializados y menos cercanos al activismo y la pelea cotidiana, como creo que lo es Xavier Sala-i-Martín. Tras leer algunos de sus artículos, considero muy asumibles sus razonamientos sobre el gasto inútil a corto plazo de las inversiones en infraestructuras. Se necesita bastante tiempo para preparar un buen proyecto de obra civil, aunque sea menos que el requerido para que una mejora educativa rinda sus frutos. También comparto su opinión sobre la escasa confianza que merecen los gobernantes que contribuyeron a la formación de unas burbujas inmobiliarias cuyo estallido en forma de desconfianza bancaria nos ha salpicado con la presente crisis. 

Con otras palabras y distinto estilo, Sala-i-Martín ha escrito cosas que también ha dicho Rubiales. ¿Serán adjetivados como naysayers en relación con nuestros políticos? Bueno, en una próxima entrada trataré de que se me ocurra algo para que, además de seguir trabajando esforzadamente cada día asumiendo nuestra cuota individual de responsabilidad y de aprovechamiento de la crisis para cambiar, intentemos encontrar un camino ilusionante de progreso colectivo confiando primero en nosotros mismos.

[Actualización: artículo sobre «El brusco final de la Transición española» que trata de “Por qué la recesión económica podría terminar en catástrofe histórica”.]

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Crédito bancario y solvencia política, Escenificación estúpida sobre bancos, Los amos del conmutador.

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Una respuesta to “Confiar y marchar al acantilado”

  1. […] Confiar y marchar al acantilado […]

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