Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

Número de Dunbar

Posted by josempelaez en Domingo, 26 abril 2009

Los grupos, redes y organizaciones son tales en la medida que comparten ciertas cosas y se producen interacciones de algún tipo. Se pueden estudiar a lo largo del tiempo. Resulta lógico que nuestras capacidades deben limitar los números máximo y óptimo de sus integrantes. También cabe preguntarse si los distingos entre ellos comportan "números mágicos" diferentes.

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Relaciones en un mercado pochteca (cc Derek Vinyard, Flicr 070929)

Siempre ha habido seres humanos muy autónomos. Sin embargo, la mayoría nos hemos agrupado de alguna forma, llegando al gregarismo con demasiada frecuencia. Aunque la geología y la paleontología nos permiten saber cosas de hace millones de años, para estudiar el comportamiento remoto de nuestros congéneres nos basta con retroceder unas pocas decenas de miles de años. Por lo tanto, podría bastarnos con la arqueología y la antropología.

En la práctica, como el incremento del monto del conocimiento y la velocidad del cambio social han ido creciendo de manera progresiva, no hace falta retroceder muchas centenas de años para ello. Si queremos averiguar el cómo y los porqués podemos recurrir sólo a la filosofía, historia y neurociencia (~2.500) y, más recientemente, a la sociología y psicología (~200).

No obstante, hoy ni siquiera es preciso ser una especie de sabio renacentista. Hace poco más de una década bastaba con aprender a leer y escribir, tener un poco de sentido común y pasar algún tiempo en una buena biblioteca pública de barrio con acceso a internet. El poso del conocimiento tiene la ventaja de que puede decantarse y consolidarse bien en pocos años de publicaciones. En este siglo también se puede aprender mucho con un terminal móvil conectado a una red inalámbrica digital.

En los comentarios de la entrada previa, “Pseudópodo” afloró el «número de Dunbar» (150) al que se refería Juan Freire en uno de los enlaces incluidos. Robin Dunbar es un antropólogo británico y biólogo evolucionista que ha estudiado el comportamiento social de los chimpancés. Observó que 55 era el número máximo de individuos que interactuaban en los grupos y consideró que era un comportamiento que dependía de su funcionamiento cerebral

Partiendo de la proximidad que hay en el reino animal entre chimpancés y humanos, dedujo su número “aplicando una regla de tres” a las circunvoluciones de la corteza dados los respectivos tamaños cerebrales. Debo precisar que se refiere a tamaños máximos de grupos que establecen redes donde sus componentes se relacionan de alguna forma con cierta frecuencia.

Mark Zuckerberg es un programador y emprendedor joven que dejó sus estudios en Harvard; no es sociólogo ni investigador. Sin embargo, gracias a sus iniciativas y experimentos para lanzar y desarrollar Facebook, nos ha permitido observar cosas interesantes. Una de ellas es la que comenzó a denominarse ambient awareness (consciencia ambiental) o ambient intimacy hace un par de años. 

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Grupo de danza tribal en Santo Domingo (Vanessa Angulo, 2008)

Las herramientas digitales móviles y multimedia actuales permiten que podamos mantener más cercanía o nivel de intimidad social con un mucho mayor número de personas que antes. El clásico espacio-tiempo físico limitaba la cantidad máxima de individuos a los que podías acariciar o con los que podías comunicarte de forma cotidiana. Ahora se ve que el guarismo 150 ha resultado corto como cota superior. 

Ahora bien, ¿se ha quedado corto para qué? ¿Qué clase de interacciones desarrollamos en un grupo o red social? Es claro que nuestra necesidad de pertenecer a entidades diferentes hace que nos relacionemos con muchos tipos de personas, y que lo hagamos de formas muy diversas. Nuestras distintas identidades condicionan el tiempo que dedicamos y la naturaleza de las relaciones que mantenemos con familiares, compañeros, amigos, colegas, etcétera.

¿Qué relaciones son capaces de concretar los que siguen a miles de personas en Twitter? ¿Se trata de otro fenómeno de consumo masivo de unos nuevos medios gratuitos de comunicación? ¿Tendremos que hablar más de mercadotecnia?

¿Estamos desarrollando nuevas clases de grupos sociales que se relacionan empleando unas herramientas que antes no existían? ¿Cómo hemos de interpretar el lenguaje que muchos usan en ellas? ¿Qué reglas de etiqueta deben de regir su utilización? ¿Comportan estas reglas alguna clase de organización?

Me resulta evidente que ahora podemos ser más conscientes de lo que sucede en nuestro entorno, cada vez más global y más próximo. Sin embargo, ello no implica que vayamos a ser nodos activos de unas ciertas redes sociales de personas vinculadas por algunos motivos o intereses compartidos. En cualquier caso, no creo que debamos confundir las redes o grupos con las organizaciones. Entiendo que en las últimas se dan unos propósitos que las diferencian de los primeros.

El «número de Dunbar» aplica a los grupos sociales que pueden tocarse u observarse a simple vista. ¿Hay números mágicos en las organizaciones? A esto me refería en mi nota anterior. Continuará…

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Tamaño crítico en la organización.

Suscribirse a las entradas de este cuaderno mediante un lector.

Una respuesta to “Número de Dunbar”

  1. Julen said

    Te vas a delicious, compañero. De todas formas, parece evidente que la tecnología trastoca cierto equipamiento de serie que traíamos los humanos. Permaneceremos atentos a las pantallas para ver qué sucede.

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