Blog de JoseMPelaez

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Periodismo, opinión y libro electrónico

Posted by josempelaez en Domingo, 15 febrero 2009

Esta semana se ha seguido tratando mucho de asuntos políticos y bancarios, pero también se ha escrito y hablado de los libros electrónicos. Con este motivo, lógicamente, he escuchado opiniones diferentes de las mías. Lo que me molesta de muchas de estas situaciones es que los periodistas de algunos programas informativos presenten sus opiniones personales como si fueran las acertadas. Parecen olvidar un distingo básico en su actividad profesional: opinar no es informar.

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Se puede cambiar periodista por 'bloguero' y los nombres por Iñaki, Juanjo… (cc Manel Fontdevila, Público 081213)

Hace unos diez días tuve oportunidad de ver en la televisión a Iñaki Gabilondo opinando de manera contundente sobre la culpa de los bancos en la presente crisis económica española. Luego leí una comentada y entrada de IC que comenzaba irónicamente: «Carta del apóstol Gabilondo a los creyentes: en verdad os digo, queridísimos hermanos, que no sois responsables de nada, que todo lo que os ocurre os es ajeno, que vuestros pecados serán expiados por su verdadera causante, que no es otra que la Gran Bestia, la Banca.» 

Teniendo esa opinión en la cabeza, anteayer escuché a Gemma Nierga en la radio generalista del mismo grupo de comunicación. Me llamó la atención alguna pregunta y comentario que deslizó en apoyo de los de su amigo, trabajador esforzado y colaborador habitual en el espacio de los viernes, que versó en esta ocasión sobre «La revolución del ebook». No me pareció que entendieran bien alguna de las implicaciones de los libros electrónicos, aunque he de reflejar que Nierga reconoció a su comienzo y término que no sabía bien qué se iba a tratar en el espacio radiofónico sugerido por su compañero de grupo mediático.

Abordaron el tema porque al excelso colaborador y crítico con internet de mi generación,  le preocupaba que, con motivo de la aparición del Kindle 2, se estuviera hablando tanto de ello sin pensar en las eventuales consecuencias. También se resaltó el hecho de que el BOE ya no se imprimiera en papel, pero no hablaron de sus implicaciones. Lo que le interesaba, paradójicamente, no era el descubrir nuevos usos y posibilidades de estas publicaciones, sino el hecho de que la cadena tradicional de los libros no se estuviera preparando para lo que se le venía encima, especialmente teniendo la experiencia de la música.

(cc zen, Flick 080421)

'Escultura' de libros viejos (cc zen, Flick 080421)

Suelo prestar atención a este tipo de manifestaciones en relación con las innovaciones que van apareciendo en el mercado. Me parece que hay una mayoría relevante que sólo se preocupa por defender sus “derechos adquiridos”, aunque ello dificulte el cambio, el progreso y la evolución, como sufrieron Charles Darwin y Abraham Lincoln. Esta semana hubieran cumplido 200 años en su defensa de la evolución por selección natural y de la abolición de la esclavitud, cuestiones que hoy siguen contando con opositores.

Compartiendo tiempo con las dos invitadas que también intervinieron (Elena Ramírez, editora de Seix Barral y usuaria del Kindle; Carmen Balcells, editora de libros electrónicos en España), hablaron de sus grandes ventajas y dejaron claro que ya eran una realidad, aunque aún faltasen cosas por desarrollar. También comentaron que su difusión dependerá de las funciones que aporten los nuevos dispositivos: conexión, traducción, relación semántica,  anotación manual, iluminación, sonido, vídeo…. Estuvieron de acuerdo en que su éxito no radicará en la emulación de los objetos impresos que reemplazaron a los bártulos de Bartolo de Sassoferrato, que no desaparecerán.

Aclaro que la última referencia histórica es de mi cosecha. Quiero recordar que no siempre hubo libros impresos. No obstante, no se impuso el pago de un canon, ni se prohibió la circulación mundial, para intentar defender los ingresos de los escribanos que perdieron su empleo; copiaban manual y analógicamente los apuntes de los discípulos de Aristóteles y demás obras legadas por sus autores. Históricamente, éstos  se han ganado la vida de formas distintas de la que se fundamenta en la comercialización de copias producidas de forma industrial.

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Juan José Millás gana el Premio Planeta con 'El Mundo' (©Toni Garriga-EFE, 20Minutos 071016)

Tras despedir a las editoras invitadas y hacer un corte de publicidad, escuché al premiado escritor y articulista periodístico declarar algo así como que “a los de la música les habían cogido por la espalda“. Supongo que, en el papel de “cogedores”, se estaba refiriendo a los “piratas de internet”, es decir, al gran número de ciudadanos que comparte privadamente archivos digitales sin ánimo de lucro de forma legal mientras el ministro de Cultura quiere penalizarlos.

Hablando de “coger”, no he tenido más remedio que relacionar su manifestación con las declaraciones de Víctor Manuel publicadas ayer por un diario de la tierra de mis abuelos paternos, de la que muchos emigraron a América. Allí fue mi tío y padrino Manuel, que se marchó a Uruguay por una herencia antes de que yo naciera. Nunca regresó y no heredé nada de aquello. La vida es dura. Hay que moverse y cambiar en pos del sustento. Los abuelos de unos golpeaban con picos las galerías de Siero y los de otros usaban chuzos por las calles de Madrid. Los nietos hemos vivido de otras cosas, y hemos de seguir adaptándonos —cada vez con mayor celeridad— dado que la Tierra debe alimentar más bocas de forma sostenible.

Sin embargo, lo que me pareció más llamativo del programa referido es que el trabajador de origen humilde reconocido ahora como literato, que no como economista, jurista, tecnólogo, psicólogo o sociólogo, sostuviera descaradamente que hay medios para evitar que a “los de los libros” les pase lo mismo que a “los de la música”. Esta criatura sostuvo que se pueden defender los derechos de los autores desconectando a los internautas que no los respeten, como se está haciendo en otros sitios. Por cierto, me pareció que daba por hecho que esta medida se iba a terminar adoptando en España.

Los periodistas radiofónicos no recogieron ni hablaron de otras opiniones de buenos conocedores de la materia (libro electrónico) en relación con los derechos de autor. Tampoco se refirieron a noticias como la de que Google está pagando a los autores de los libros que escanea.

Ayer no supe resistir el impulso de enviar a Nierga el mensaje de correo siguiente (editado):

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El escritor Millás firmando en la Feria del libro de Madrid de junio de 2007 (cc Rafael Robles, Flick 070602)

Estimada Gemma:

En el programa de ayer sobre el libro electrónico tuve oportunidad de escuchar algunas declaraciones de Juanjo Millás sobre cómo se podrían proteger los derechos de los autores imponiendo ciertas medidas desde el poder.

Sin entrar a evaluar las posibilidades técnicas y legales que existen realmente para controlar las comunicaciones y relaciones de intercambio libre sin ánimo de lucro entre los ciudadanos, me gustaría que considerases que las leyes sobre los derechos de los autores cambian con el tiempo (hace pocos siglos no existían; me refiero a esas leyes, no a los autores). ¿De qué vivían los autores literarios y musicales antes de que se inventasen la imprenta y el fonógrafo?

También te agradecería que valorases el que algunos gremios de trabajadores, como el de los autores estadounidenses, hacen propuestas idiotas (propias de ignorantes) que son rechazables desde el punto de vista de la gran mayoría de los ciudadanos. Éstos son quienes eligen a sus representantes que votan las leyes y los que deciden cómo gastar su dinero comprando libros encuadernados, reproductores electrónicos, conexiones de banda ancha, etcétera. Como los recursos son limitados, hay que maximizar las utilidades de todos, y no sólo de una parte.

Animándote a que sigas difundiendo las enormes posibilidades de los libros electrónicos, y a que contactes con otras personas que me parece que saben algo más que Juanjo sobre ebooks y nuevas tecnologías de información, te saluda cordialmente,

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Imagen del Papyre 6.1 (cc guatman, Flickr 080116)

José Mª Peláez
Oyente esporádico

Confío en que los periodistas o comunicadores con presencia en los medios de información recuerden que su trabajo ha de facilitar la creación de opinión entre los ciudadanos, pero no consiste en respaldar la de sus amigos o en colarnos la suya, como si fuera “palabra de dios”, aprovechando su control de la palestra. Tampoco debieran limitarse a reforzar los puntos de vista de sus invitados sin ofrecer otros ni exponerlos a razones contrapuestas.

Una de las ventajas de internet es que los ciudadanos disponemos ahora de un gran medio de expresión y acción, aunque Juanjo Millás considere que «Un tonto es tonto en analógico y en digital, en diferido y en directo. La fantasía de que en Internet hay más inteligencia que en el universo de papel no está contrastada y nos hace perder mucho tiempo.»

Ahora no tenemos que ser Millás ni disponer de dinero para publicar nuestro punto de vista y conectar con otros ciudadanos. También podemos coordinar acciones de respuesta frente a los “mensajes emanados del poder” para tratar de poner coto a los desmanes de las nuevas generaciones, perpetuar los modelos obsoletos y pagar así hipotéticas deudas electorales, por decir algo.

[Actualización: «“La SGAE necesita borrón y cuenta nueva”»

Entradas de este cuaderno con alguna relación: ¿Podrá soportar España 4.000.000 de bajas de clientes de banda ancha?Escenificación estúpida sobre bancos, La marcha de las generaciones.

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La nube de Amazon

Posted by josempelaez en Lunes, 11 agosto 2008

En 2004, Amazon amplió su negocio tradicional y entró a competir en los de proceso de información e infraestructura informática con sus AWS. Un primer efecto ha sido la gran difusión posterior de la expresión «cloud computing».

El sábado comenté en una breve nota del blog de Rodolfo Carpintier sobre la «cloud computing». Su recomendación de adopción cautelosa frente a otras opciones me dejó pensando en los porqués que hay detrás de los motivos evidentes cuando se trata de probar algo… ¿nuevo?.

aws_virtual-worldsLa primera vez que vi lo de «computar en la nube» fue cuando Amazon anunció su servicio web EC2 (Elastic Compute Cloud) en agosto de 2006.

Jeff Bezos fundó la empresa en 1994 como pionera de la venta en línea para ser un “grande de internet”. Acababa de nacer la web como escaparate de ésta, y él tenía experiencia informática reconociendo patrones de conducta y sacando conclusiones de la gestión de grandes cantidades de datos.

Diez años después decidió seguir ampliando sus posibilidades de negocio. Para ello se basó en los aprendizajes y competencias adquiridas explotando un sitio web de comercio electrónico con una oferta creciente de productos de una gama de categorías en expansión contínua. Para hacerlo tuvo que abrir sus cofres llenos de información recopilada y herramientas, así como las cajas de sus nuevos sistemas informáticos distribuidos, activos que comenzó a ofrecer al mercado a través de los estándares de «servicios web».

Ha ido publicando una serie de interfaces de programación de aplicaciones (APIs) que han generado demanda para su nueva oferta de servicios. Las interfaces públicas permiten interaccionar con los desarrollos internos que ha ido enmarcando en una oferta externa para comerciantes, analistas de mercado, publicistas, desarrolladores, usuarios… bajo el acrónimo AWS (Amazon Web Services).

En agosto de 2004 comenzó ofreciendo en la web ciertas capacidades de comercio electrónico y de gestión de información que han ido ampliando de manera contínua: escaparate, tienda, pagos, anuncios, búsquedas, estadísticas, mensajes… (ECS: E-Commerce Service, Alexa Web Information Service…). A partir de marzo de 2006 se incorporaron las de su infraestructura técnica: almacenamiento (S3: Simple Storage Service, SimpleDB), computación (EC2)… amazon_fulfillment_serviceEn marzo de 2008 anunció su servicio web más reciente: las APIs para emplear su centro de expediciones desde la web (FBA: Fulfillment by Amazon), que facilita de manera singular el acceso a la oferta de logística y atención al cliente que hizo en septiembre de 2006.

La empresa fundada por Jeff Bezos, un pionero capaz de navegar contra el viento y la marea de Wall Street que, además, analiza su empresa en términos de capacidad de aprendizaje contínuo, dice en su oferta de S3:

«Amazon S3 provides a simple web services interface that can be used to store and retrieve any amount of data, at any time, from anywhere on the web. It gives any developer access to the same highly scalable, reliable, fast, inexpensive data storage infrastructure that Amazon uses to run its own global network of web sites. The service aims to maximize benefits of scale and to pass those benefits on to developers.»

En la de EC2, servicio que fue anunciado cinco meses más tarde, se escribía:

«Amazon EC2 is a web service that provides resizable compute capacity in the cloud. It is designed to make web-scale computing easier for developers.»

Es como si, en ese intervalo de tiempo, alguien en Amazon hubiera recordado el típico uso de “la nube” y, desde marketing, lo hubieran unido a computación para no tener que referirse a procesar «cualquier cantidad de datos, tiempo y lugar en la web».

En este momento desconozco si quien primero empleó esa expresión metáforica para el proceso en la web pretendía evocar sus constantes cambios de forma. Puede que quisiera referirse a su capacidad para crearse y deshacerse, o su facilidad para estar hoy aquí y mañana allí, según la demanda (¿eólica?). Quizá no se diera cuenta de que “la nube” es vista muchas veces como algo etéreo o amenazante. En realidad puede que nadie pensara en nada de todo esto al empezar a usarla comercialmente.

connectivity_cloudLo más probable es que su uso provenga de su habitual empleo en los esquemas de redes informáticas. Como se lee en el enlace precedente, la nube ha sido un icono muy empleado para representar un conjunto de servicios procedente de una red de servidores fuera del entorno estudiado que se relacionaba con él. Particularmente se usa mucho si esta red es internet o, más recientemente, la “web 2.0”, pero no sólo en estos casos ya que su uso viene de antes.

Independientemente del origen de la metáfora comercial, ¿hasta dónde puede confiar una empresa en la cloud computing? ¿Vale sólo para los individuos, pymes o startups sin dinero que gastar en recursos informáticos dedicados y controlables? ¿Sólo sirve para la explotación de sitios web? ¿Qué relación tiene con el utility / on-demand / grid / distributed computing? ¿Cómo han resuelto hasta ahora las empresas grandes sus necesidades de explotación profesional y flexible de la infraestructura informática y de telecomunicaciones? ¿Qué impacto van a sufrir las empresas de outsourcing informático y alojamiento de servidores?

En una entrada posterior me remontaré en el tiempo para intentar ver de dónde vienen estas nubes que Amazon y otros actores siguen poniendo a nuestro alcance.


[Imagen 1: Presentación de Jeff Barr (AWS Evangelist). extralab]
[Imagen 2: «Fulfillment by Amazon». Amazon]
[Imagen 3: Esquema en proyecto Internet 2 de 1998. Juha Eskelin]

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Correos largos

Posted by josempelaez en Lunes, 16 junio 2008

«Hola José María, lo primero que debo hacer es agradecer la sinceridad de tu largo correo…».

his first emailEs curioso, pero de inmediato dejé de leer el texto que seguía de un empleado de una conocida empresa de informática. Era la segunda vez en pocas semanas que alguien de cierto nivel en esa compañía multinacional —con quien ya tenía un buen trato personal— opinaba que enviaba mensajes “largos”.

Como el asunto no era urgente, pasé a otra cosa. No podía quitarme de la mente en ese momento el que el anterior hubiera dicho que no leía mis mensajes porque eran “largos”. No quería que mi nuevo interlocutor, que evidentemente sí había encontrado tiempo para leerlo (quizá sea porque lleva pocos meses en la empresa), recibiera una contestación demasiado condicionada por mi desacuerdo con el estilo comunicador de su actual empleador: dar la callada por respuesta si el mensaje es “largo” (¿cuánto de largo?).

Unos días más tarde, tras copiarlo en un procesador de textos y contar sus palabras, vi que tenía 959. La respuesta de mi interlocutor era de 1.252, y terminaba diciendo:

«No hay nada como hablar “claro”, aunque luego nos salgan estos mails que sólo debemos leer tú y yo… :-)»

Fui al blog de JA.Millán para ver si encontraba algo relacionado y di con «Texto en línea, lectura y juego». Me puse a escribir esta entrada con la idea de relajarme con ello, y de responderle más tarde con mi mejor disposición.

Cuando comencé a usar el correo electrónico en DEC en 1988, me explicaron algo así como que el email era una comunicación de uno a uno (o a varios), el videotext (tablón) de uno a muchos y el notes (foro) de varios a varios. No recuerdo que me dijeran nada sobre la longitud máxima de sus textos. Yo venía de una empresa de consultoría de dirección, donde redactaba cartas, informes, propuestas, etc. en WordPerfect que luego imprimíamos, y tampoco me dieron normas sobre el particular más allá de las tradicionales del lenguaje escrito, aprendidas de adolescente.

En DEC no teníamos PCs, sino VTs con «All-in-one» en los VAXes del cluster interno conectado a la red mundial privada DECnet. Ésta, junto con las de IBM y AT&T, eran entonces las tres de datos más grandes de la Tierra, pero eran cerradas. Todavía mandábamos y recibíamos muchos memorándums internos impresos con 1-5 hojas, así como cartas de análoga extensión a colaboradores, proveedores y clientes. Los textos cortos se escribían en notas de sobremesa si el interlocutor estaba cerca, o si se trataba de un recordatorio. Llamábamos por teléfono si era alguien interno de otro sitio, con el engorro de la sincronicidad, o mandábamos un fax si era alguien externo. No envié ningún telegrama, ejemplo canónico de mensaje corto que había visto en casa de mis padres. Tampoco remití ningún telex con algo más de texto, medio que había empleado muy esporádicamente en la consultora.

Evidentemente, a medida que se intentaba mejorar la productividad e iban desapareciendo las secretarias, fuimos enviando todos los textos por email. Dejábamos a su destinatario la decisión de imprimirlo según su sensibilidad al gasto de impresora o papel, o al impacto medioambiental.

Ahora, disponiendo de medios electrónicos con alcance casi general, y teniendo sistemas de mensajería instantánea (IM), mensajes cortos (SMS), twits (Twitter)… para la comunicación escrita y concisa entre dos personas, ¿cuál ha de ser la extensión recomendable para los textos remitidos por correo electrónico? ¿Si pasan de 2-300 palabras deben enviarse como adjunto? ¿Hay que dejar de redactar este tipo de textos y, para contar u opinar algo, debemos montar un meeting o una conference call? En fin… ¡qué excusas tan tontas ponemos a veces para no leer o prestar atención a ciertos asuntos que nos incomodan…!

[Foto: «his first email», Flickr]

Actualización 080617-0850: Juan Freire hace una reflexión relevante sobre la lectura en la era digital.

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