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La motivación de los otros

Posted by josempelaez en Martes, 16 junio 2009

¿Hasta dónde se puede imponer un determinado modo de funcionar en una organización social? ¿Qué papel han de jugar los gobernantes y “dinamizadores” respecto del que han de desempeñar los “organizados”? ¿Qué motivaciones impulsan a unos y otros?

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El capitán de la policía política de la RDA (Piñe, Punto Radio 080602)

«La vida de los otros» es el título en español de una película que me gustó mucho por varios motivos. Uno de ellos es la descripción que hace de la vida en una sociedad “muy organizada”, tanto de una manera intensiva como exhaustiva, o de una forma muy activa y amplia si así se me entiende mejor. La desaparición del régimen político que gobernó la RDA durante 50 años tras la Segunda Guerra Mundial fue simbolizada por la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Entonces terminó una etapa donde la divergencia entre legislación y ética generó bastantes disonancias cognitivas entre sus habitantes. No obstante, la mayoría de la población se había adaptado a vivir bajo las normas y el control de una federación política única que, a través de sus muchos militantes, promovía y controlaba todas las actividades de la “organización social”. Creo que los parientes y simpatizantes de la Alemania Occidental constituyeron un apoyo relevante para los disidentes.

He recordado esa película por dos razones. Una es la situación que se está viviendo en Irán (otra democracia aparente) tras las elecciones del pasado fin de semana. ¿Qué poder real tienen y pueden ejercer hoy sobre los integrantes de una organización los que intentan determinar su funcionamiento, especialmente contra la oposición de un gran número de sus miembros? En cualquier caso, me parece que, en entornos culturales distantes en espacio y tiempo, siguen apareciendo fenómenos de control tristemente cercanos.

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Editorial Avapies. Madrid, 1984 (Vallecas Todo Cultura)

La otra razón para haber pensado en la motivación de los demás ha sido el interesante documental «Flores de luna» que vi en la última sesión de «Versión española». El largometraje y las conversaciones versaron sobre la experiencia de muchos inmigrantes: los que se desplazaron desde la España rural a la urbana durante los años 50 y se asentaron en la finca de La Cambronera, al sureste de Madrid. Entonces era ya conocida como el Pozo del Tío Raimundo por el brocal que asomaba junto a la vaquería de antes de la guerra civil.

No fueron los únicos, ni los primeros ni los últimos. Las barriadas obreras de Orcasitas en Usera, San Cristóbal en Villaverde, Entrevías, Palomeras y Cerro del Tío Pío en Vallecas, Gran San Blas en Canillejas… fueron otros barrizales madrileños que también vieron llegar, esforzarse y luchar con dignidad a miles de campesinos que escapaban de la miseria —y en muchos casos también de la discriminación por su desafecto al franquismo— desde los latifundios andaluces, extremeños y manchegos.

Esperanza Molina, una universitaria de la burguesía que vivió allí entre 1957 y 1964 publicando «Los otros madrileños. El Pozo del Tío Raimundo» en 1984, recordaba el viernes: «Si alguna motivación había en las personas, […] en la generación que hizo El Pozo, [… estaba en lo que decían] marcando enormemente, con una expresión fuerte: es que yo lo que vengo a buscar aquí es escuela y médico “pa” mis hijos. Que no sean como yo. Que puedan estudiar, que puedan aprender. […] A ver si ellos consiguen “un trabajo de corbata”».

La voz del relato introductorio decía que: «Este barrio obrero se convirtió en modelo de organización y referencia social. Su lucha basada en la cooperación, el esfuerzo y la conciencia de clase es todo un símbolo de superación personal y colectiva». Los niños y jóvenes que llegaron en los años 50 y 60 fueron ayudados por los educadores de colectivos sociales de la época. Entonces eran jóvenes universitarios voluntarios y sacerdotes jesuitas practicantes de la teología de la liberación.

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Autoconstrucción de vivienda baja en barrizal (RTVE 081124)

Fue una barriada autoconstruida en su origen, al estilo de lo que se hacía en sus pueblos de partida. En ella se demostró que, con unos padres emprendedores y decididos apoyados por buenos dinamizadores, se puede llegar a movilizar y a concienciar a los jóvenes para lograr el cambio que anhelaban. La transformación urbanística y cultural fue un gran caso de éxito de las asociaciones vecinales. Evidentemente, hubo que hacer grandes sacrificios y superar muchos dolores y sufrimientos.

No ha habido continuidad. Los jóvenes actuales han rechazado esa cadena de comunicación y de valores. El fracaso escolar actual es elevadísimo. Uno de los hijos de ayer y padres de hoy decía que ellos no tenían cultura y estaban ansiosos por adquirirla. Sin embargo, sus hijos están ahora rodeados por la cultura, pero no se interesan por ella. Tampoco aprecian la solidaridad que había entre los vecinos forjada en una lucha constante defendiendo sus reivindicaciones para mejorar su barrio y sus condiciones de vida y trabajo.

Arriba me he referido a los intentos de control de las organizaciones sociales porque la historia muestra que siempre aparecen un final y un cambio. También enseña que estas situaciones suelen repetirse. La esclavitud, el feudalismo, el despotismo, la dictadura… tienden a reaparecer con otras facetas. ¿Qué motivaciones tienen unos y otros? ¿Cómo se potencian o se frenan esos impulsos? ¿Puede equipararse lo legal con lo ético? ¿Los estímulos de cambio han de ser más endógenos que exógenos?

La cuestión que me viene ahora, después de haber comentado desigualmente estos tres casos, es: ¿Qué papel juegan los que apoyan a los que han decidido luchar contra un cierto régimen o estado de las cosas? ¿Cuánto depende el éxito de una transformación de los educadores, voluntarios, cooperantes, monitores, asistentes, agitadores, dinamizadores… sociales?

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Educación: una verdad incómoda, La motivación de cada uno.

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Dar moral al personal

Posted by josempelaez en Sábado, 25 octubre 2008

Puede que lo de motivar a los empleados provenga de la necesidad de «dar moral a las tropas» para que vayan a luchar, y a morir si es preciso.

declaracion_militarViendo las noticias de tve1 esta mañana, he escuchado una frase del Jefe del Estado Mayor de la Defensa que había viajado a Herat (Afganistán) para visitar a las tropas españolas allí desplazadas. Decía que había ido para «tratar de darles moral, decir que estamos siempre pendientes de ellos y, por supuesto, ver in situ las cosas que se pueden mejorar ».

Lo de “dar moral” me ha recordado lo tratado ayer en mi entrada sobre «motivar a los empleados». ¿Por qué? Pues será porque, al conectarse las neuronas que conservo activas de cuando hice el servicio militar con las que tenía encendidas desde ayer, se me ha “ocurrido” también lo de que «aquellos polvos trajeron estos lodos».

Como la empresa ha copiado muchas cosas de la milicia (logística, estrategia, táctica, organización jerárquica, misión, cadena de mando, comando y control…), quizá lo de motivar provenga de dar moral, arengar… a unas tropas reclutadas mediante levas de mozos que no tendrían muchas ganas de ser “carne de cañón” en las batallas de los siglos XVIII y XIX.

En la Edad Media, al menos, los soldados aspiraban a cobrarse un buen botín al rapiñar los bienes de los vencidos. Además, todavía no se habían inventado las armas de fuego que tantos estragos harían luego en las formaciones cerradas de combatientes, tradicionales en los tiempos de la lucha con flechas, lanzas,  espadas y cargas de caballería.

Quizá, lo que nos haya quedado de aquellos tiempos sea que, si no estimulas o incentivas convenientemente a los empleados, no puedes esperar que salgan de motu proprio a batallar con los competidores por el logro triunfos en los teatros de operaciones que constituyen los mercados donde deciden los compradores.

napoleonic_war_gun1Bueno, no sé. Las declaraciones del general Jose Julio Rodríguez, al referirse a estar pendientes de las tropas, me han recordado un precioso y estimulante poema que también he escuchado esta mañana parcialmente de boca de Paco Álvarez Molina en el programa de Rne «No es un día cualquiera». Por cierto, es un economista muy recomendable, aunque sea demasiado socialdemócrata para el gusto de algunos, que no para el mío.

Habla de prohibiciones, ilusiones, héroes, responsabilidades, aprendizajes, amistades… Me ha gustado mucho, además de que viene muy al pelo de estas dos últimas anotaciones, y por eso lo pego seguidamente:

QUEDA PROHIBIDO

¿Qué es lo verdaderamente importante?,
busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.

Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de falsas ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes.

grenadiers_attackMe preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira se puede vivir,
es cada uno quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.

Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando les necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.

Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a toda la gente que me quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hacer mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
olvidar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
pensar que con su falta el mundo se termina.

Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

Alfredo Cuervo Barrero ® Contrato Coloriuris

Nota: Este poema se mueve por correo y se encuentra en internet mal atribuído a Pablo Neruda. En la misma situación hay otros dos: «Muere lentamente» y «Nunca te quejes».

Entradas relacionadas: La motivación de cada uno

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La motivación de cada uno

Posted by josempelaez en Viernes, 24 octubre 2008

La motivación y el compromiso de los empleados son caballos de batalla recurrentes. Considero que la clave motivacional hay que buscarla en el interior (empleado), y no en el exterior (organización). Sostengo la opinión que, si motivas a un empleado, en realidad lo estás manipulando.

motivational_coffee

¡Ésta es una gran compañía! Nos da el mejor café del mundo, lo que es un gran motivador para nuestra ética del trabajo.

Luis ha escrito en Tic & Tac al hilo de una anotación previa que quiere «hacer algo constructivo. Al más puro estilo 2.0, me gustaría hacer una lista, entre todos, de los elementos que os motivan, motivaron u os motivarían como empleados.» En mi caso, siendo uno de los que comentó en la entrada referida, debe de aplicarme lo de “los elementos que os motivaron”.

Salvando lo de que «nunca digas de este agua no beberé», o lo de «este cura no es mi padre», no tengo planes de emplearme nuevamente después de haberlo hecho durante 23 años, y de haber trabajado otros 10 como microempresario en dos etapas (inicial y final), situación en la que ahora me encuentro muy a gusto. Ello no quiere decir que esté satisfecho, como intentaré explicar en los párrafos siguientes.

Durante los años en que he sido un empleado más o menos cualificado como técnico o gerente, he trabajado a jornada completa en España para siete empresas y una institución en varias áreas funcionales y diversos roles. No voy a contar las actividades complementarias en los “pluriempleos” (asesoría, docencia). 

8 organizaciones en 23 años
ORGANIZACIÓN PEQUEÑA MEDIANA GRANDE
NACIONAL ITCSA (1) ICSA (1,5) Dragados (1), UPM (2,5), EASA (5,5)
EXTRANJERA ——— ——— Digital (6,5), CSC (1,5), Exel (3,5)

Comencé con 22 años y “renuncié a mi empleabilidad” a los 46,5 para volver a ser empresario. He residido un año en Sevilla y los demás en Madrid, viajando bastante en 3 de las 7 empresas. La segunda mitad de los años he estado empleado como directivo en multinacionales (2 estadounidenses y 1 británica). En dos de éstas tuve acceso al plan de opciones sobre acciones, que utilicé como complemento retributivo. Ahora sólo soy accionista de mi microempresa.

Bosquejado el escenario donde han transcurrido mis particulares experiencias como empleado, diré que soy el primogénito de unos padres trabajadores con largas jornadas ejerciendo profesiones liberales (medicina y podología), y que me empleé en una gran constructora un año antes de terminar mis primeros estudios universitarios para conocer el mundo laboral.

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Hay entornos vitales que cambian despacio

Ahora, habiendo echado la vista atrás, y para intentar contribuir con una lista al propósito de Luis, paso a preguntarme: ¿qué ha ido motivando mis cambios?

Lo primero que se me ocurre es que el motor primario debe de provenir de mi deseo de conocer cosas nuevas dentro de las que me atraen: práctica del pensamiento conceptual, descubrimiento del entorno físico, conocimiento del medio socioeconómico y construcción de algo que funcione, sea tangible o no.

La ciencia aplicada siempre me ha interesado mucho más que el arte o el derecho. Las reglas, normas, hábitos y tradiciones no han merecido nunca mis mejores aprecios.

Busco comprender las cosas aplicando la lógica. Disfruto con «el gozo intelectual», el logro de objetivos y la resolución de los problemas que surgen inevitablemente. Siempre he querido aprender para tratar de acertar más veces de las que falle y, en especial, para sentirme libre. No me gusta que me digan lo que tengo que hacer, aunque he recibido y cumplido muchas órdenes o instrucciones (en casa, colegio, campo de juego, servicio militar, empresa…)

Es como si me moviera por estar permanentemente insatisfecho con mi situación de cada momento, o la de las personas que aprecio en mi entorno, y de ello surja el que necesite hacer algo para modificarlas.

He tenido cerca constantemente libros, revistas o apuntes que leer o consultar, fuera en casa o en la biblioteca. Ahora empleo mucho más la web para esto último. De adolescente me llamaban mucho la atención las matemáticas, física, química, biología, geografía e historia. Tiempo de trabajo aparte, en el que siempre he buscado hacer lo que me gustaba, ahora dedico tiempo a la psicología, filosofía y narrativa.

Nunca he esperado que alguien me motivara, aunque no he dejado de agradecer las orientaciones, ayudas o reconocimientos. Siempre he tenido cosas que hacer, en casa y en la oficina.

library

Las conductas dependen del conocimiento y los valores

Aclaro que entiendo la motivación como un factor que es parte de la inteligencia que vamos desarrollando a través del aprendizaje. Tiene mucho que ver con el deseo, la necesidad, el estímulo, la tendencia, el móvil, el impulso o la ocurrencia filtrada que desencadena la acción tras una decisión voluntaria… En este punto debo precisar que ahora suelo emplear la siguiente definición de inteligencia:

«Capacidad de un sujeto para dirigir su comportamiento, utilizando la información captada, aprendida, elaborada y producida por él mismo» [José Antonio Marina en «La inteligencia fracasada». Editorial Anagrama. Barcelona, 2004. Página 16]

Cuando he cambiado de “puesto de trabajo” y de entorno laboral —17 veces; 6 sin cambiar de empresa— ha sido por uno de estos tres motivos:

  • me encontraba muy solo o me estaba aburriendo haciendo algo que ya era demasiado rutinario para mi “motor cerebral interior”,
  • había alguna incoherencia en el entorno que condicionaba la obtención de logros, y que no había sido capaz de resolver,
  • mi entorno cambiaba sin haberlo previsto, y surgían nuevas obligaciones o necesidades (otras tareas, compromisos, normas, gastos, ingresos…)

Habiendo sentido la necesidad de cambiar, siempre he pensado dónde me convendría ir para conseguir lo que me faltaba, salvo en dos ocasiones en que vinieron a buscarme. En cualquier caso, cuando cambié nunca fue por recibir una oferta tentadora, sino porque no me sentía suficientemente bien donde estaba a corto o medio plazo.

Los factores más críticos que valoré en los cambios fueron si:

  • la nueva actividad me dejaba ciertos grados de libertad para actuar, y si la responsabilidad y retribución que llevaba aparejadas eran consistentes (“según mercado”),
  • el entorno me permitiría aprender nuevas cosas apoyándome en las que ya conocía para poder controlar los riesgos de fracaso,
  • el jefe y los colegas de trabajo compartían los valores que yo tenía, y si nos podíamos ayudar o complementar mutuamente.
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La automatización transformará derechos de trabajadores

Bueno, no sé si este apunte ayudará mucho en la confección de “Lista de Luis”, pero no iba a escribir tan sólo que no soy partidario de la “motivación exterior”, parafraseando al cura del chiste que dice que no es partidario del pecado. Opino que hay unos “móviles interiores” que hay que aprender a conducir por el camino de la vida profesional, y personal en general, especialmente cuando eres muy pequeño.

Hace varios años que dejé de enseñar y de dar demasiado valor a los modelos de organizational management, incluyendo las teorías debidas a Maslow, Herzberg, Adams, Vroom, McGregor, Ouchi, McClelland, Alderfer, Skinner, Goldratt, Immelman, Pérez López… en el campo de la motivación de los empleados en la empresa. ¿Motivos? Nunca los he visto funcionar bien en las organizaciones en que he trabajado o contribuído a fundar, sin querer ello decir que no tengan sus buenos fundamentos aprovechables.

Rafa, que también está en esta conversación, acaba de añadir otra experiencia. No aportamos datos científicos a los que tiene Luis, pero creo que sirven para ilustrar algo que no marcha por mucho que se practiquen los modelos predicados hasta la fecha.

Por mi parte, sin dejar de emprender, trato de ponerme al día en campos como la neurociencia, la psicología evolutiva y la filosofía. Quizá haya suerte y se me ocurra algún marco más aplicable dentro de un tiempo 🙂 Hay muchos otros que buscan resolver el problema de la motivación laboral introduciendo cambios de otra naturaleza.

Mientras tanto, sigo leyendo y buscando en mi entorno. Gozo cuando descubro comprensiones compartidas como la de que «para motivar, tenemos que manipular, consentidamente o no, al individuo». Disfruto cuando pensamos entre varios. Querido Luis, over to you.

Entradas relacionadas: Gestionar talentos comerciales, Pidiendo mimos, La motivación de los talentos

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Gestionar talentos comerciales

Posted by josempelaez en Jueves, 4 septiembre 2008

Los talentos no son ya monedas de intercambio comercial, y gestionar no debe de ser sinónimo de dirigir. En este caso, los comerciales con talento no necesitarían ser gestionados, ni siquiera ser motivados, ya que ello no casa con tener talento.

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Aurelian Antiquities Uncleaned Greek Coins (romancoinsonline.com)

Cada vez que leo algo sobre “gestionar talentos” me viene a la mente la parábola que enseñan a los cristianos en muchas escuelas dentro de alguna de las materias curriculares. Hoy me voy a permitir ciertas digresiones sobre un asunto que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

Supongo que, en la España de los años 50, la narración bíblica referida “se daba” en la denominada «historia sagrada». La enseñanza ha cambiado desde entonces. Ahora no tengo ni idea de dónde la cuentan. Imagino que no será en la polémica «educación para la ciudadanía» ya que, además de no tratar de religión, debe de asentarse en otro tipo de parábolas y metáforas. Me han dicho que no fomenta mucho los valores empresariales, ni promueve lo de «recompensar a cada uno según sus talentos», sino según sus necesidades. Advierto que no me he puesto a investigarlo, y que he dado por asumibles estas habladurías por venir la ley de donde viene. Lo apunto en mis pendientes.

Por consiguiente, en mi caso, lo de los talentos siempre me ha sonado a «moneda de cuenta de los griegos y de los romanos.» Sin embargo, me parece que los que ahora hablan de gestionarlos no hablan específicamente de finanzas.

Lo más habitual es que se refieran a unas «personas inteligentes o aptas para determinadas ocupaciones.» Ésta es la tercera acepción del término en el DRAE. Antes figuran las de inteligencia (capacidad de entender) y aptitud (capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación). “La mía” queda en cuarta y última acepción, es decir, que el dinero queda en este caso en el “lugar del porra” —que hubiera dicho mi padre, usuario habitual de esa expresión para animarme a no dejarme caer allí y estar siempre en el grupo de “los primeros”—.

Como el diccionario oficial del español sólo recoge un significado para gestionar, haciendo una simple operación lingüística de unión, vemos que «gestionar talentos», en la actualidad, debería de entenderse como «hacer diligencias conducentes a que una persona apta logre lo que se desea». Lo del “se” que he puesto tiene su enjundia ya que no determina el sujeto, y éste es muy importante, of course.

__Robot humanoide dibujando un retrato. (GerbilGod7) _____
Vodpod videos no longer available.Es frecuente escuchar hablar de gestionar empleados, pero no es extraño hacerlo también de que éstos debieran de gestionar a sus jefes. El responsable de la gestión que sea ha de hacer ciertas cosas para lograr lo que desea.

Ahora bien, si estamos hablando de talentos (en cualquier nivel organizativo), tendremos que hacer bastante menos que si se gestionan personas con más incapacidades (menos talentos). Las educadas correctamente habrán desarrollado satisfactoriamente la inteligencia (en sentido amplio, como Jose Antonio Marina usa esta palabra) y destrezas necesarias para desempeñar mejor sus ocupaciones. Así que, en estos casos, el gestionar se reducirá a orientar, conducir, orquestar, dirigir…

Sin querer entrar aquí a darle muchas vueltas a lo que es e implica dirigir (to direct, not to manage), voy a quedarme en que dirigir consiste en establecer objetivos y recompensas, decidir con incertidumbre y reconocer lo logrado. Si empezamos a hablar de establecer métodos y procedimientos, proveer herramientas, vestido, calzado…, adiestrar, supervisar y medir el rendimiento, etcétera, estaremos hablando ya de gestionar unos talentos limitados, y de aquí a las máquinas queda ya poco espacio, sobre todo si consideramos los días en que vivimos.

Y habiendo escrito lo anterior, quiero referirme a una cosa que me ha llamado la atención en los últimos días. Realmente han sido varias, pero ahora voy a referirme sólo a ésta.

IC, uno de los editores de Weblogs SL que más aprecio —aunque no lo conozca ni comparta todas sus ideas—, publicó hace poco que «no comulgo con aquellos que te dicen que se viene de casa con la motivación». Resulta que yo me cuento entre éstos, y quiero aprovechar para expresar mi punto de vista.

Su anotación está bien, y el vídeo con el que la acompaña, también, por lo que la recomiendo. Sostiene que los comerciales tienen un trabajo muy frustrante y que, por tanto, deben ser motivados convenientemente, sin que el dinero sea la única herramienta para ello.

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The Rissington Motivation Board by Simon Clayson (Flickr)

Lo de que IC no me ajunte para recibir la comunión no me afecta; hace tiempo que no voy a por ella. Lo que me inquieta algo es nuestra diferencia aparente en la necesidad de motivar al prójimo. En la escuela (de negocios, en este caso) me enseñaron que, como los artículos de las tiendas, la motivación en las organizaciones puede ser de varios tipos: extrínseca, intrínseca y trascendente. No voy a teorizar ahora por este camino, ni a subir por el de la pirámide de Maslow, ni entrar en los terrenos de la psicología. Prefiero destacar las coincidencias. IC y yo compartimos la importancia del trabajo comercial y la valoración de que puede ser muy duro.

Ahora bien, creo que el talento está muy relacionado con la capacidad de establecer metas y resolver los problemas que se nos presentan para alcanzarlas. Como J.A. Marina, considero que la inteligencia humana ha de ser creadora y resuelta. El deseo, la motivación, el impulso, la capacidad de generación de proyectos personales… es uno de sus elementos. Una empresa que no tenga vendedores con este atributo lo tiene complicado a largo plazo. Un vendedor sin talento será un visitador, representante, viajante, tendero, dependiente…, que no es la misma faena, aunque de todos pueda decirse que hacen una labor comercial.

Por consiguiente, mi comprensión es que «gestionar talentos» es un oxímoron cuyo nuevo sentido puede conducir a algo que los liberales no aprobarían: que sigamos teniendo a papá en nuestro trabajo.

Además, en el caso de los comerciales, deberíamos distinguir a los vendedores (que han de tener talento necesariamente para hacer bien su trabajo) del resto de ocupados del gremio. A unos les basta la gestión limitada que he llamado dirección; a los otros les viene bien la gestión en un sentido más amplio (asumiendo que tienen unas aptitudes mínimas para el trabajo comercial).

Entradas relacionadas: Pidiendo mimos, La motivación de los talentos

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Disfrutar de la curiosidad

Posted by josempelaez en Martes, 2 septiembre 2008

Una opinión sobre si hay que curiosear para vivir o vivir para curiosear.

Ayer tuve oportunidad de comentar en una entrada de Javier Martín en Loogic.com sobre si «se puede ganar dinero con un blog de curiosidades». En ella se refería a:

«blogs como Fogonazos, Cabovolo, Kurioso, Maikelnai o Anfrix dedicados a escribir artículos sobre temas que se salen de lo común, temas muy llamativos e incluso a veces increíbles.»

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Diseño de Henar Alonso para la página web de TRH hoteles

La reflexión propuesta por Javier me pareció muy oportuna. Manifesté que creía que se podría montar un blog comercial sobre esos temas tan “curiosos”, pero también dudé de que se lograse uno con la calidad de los citados.

Y no me refiero al diseño, claro. Ni a que alguien les monte y administre un alojamiento para sindicar esos blogs compartiendo los ingresos publicitarios que “caigan” siguiendo a su aire, sin otros compromisos. Me parece que Javier iba por otros derroteros.

Razoné mi postura apoyándome en lo poco que puedo suponer del caso de Kurioso, que también participó en la conversación. Dije que «se gana la vida con su estudio [de arquitectura]. Luego escribe de lo que le gusta, cuando le apetece, y tras haberse documentado bien, proceso del que disfruta y que constituye realmente el meollo de su actividad bloguera

También basé mi posición en los razonamientos de Raúl Hernández acerca de lo que «busco en los contenidos escritos de los blogs».

Otra cuestión que algunos consideran es la que se pregunta Pablo Herrero en «encuentra un trabajo que te guste» a propósito de una cita atribuída a Confucio. Allí manifiesta que si «las cosas no salen muy bien, ¿me quedaría sin una de las vías de escape del trabajo?»

Creo que hay muchas personas que escriben movidas por la curiosidad, y que sólo tratan de descubrir, entender, compartir, estimular, conversar, comprender, disfrutar (Jorge Wagensberg diría gozar)… Ello les lleva a “disfrutar” de una cierta audiencia. Si ya se ganan la vida con otra ocupación, y quieren ampliar su actividad con un blog sin ataduras ni preocupaciones, ¿se incorporarían a un proyecto que implicase ciertas normas: frecuencia, longitud, temas de interés, objetivos medibles…?

A pesar de lo que algún comentarista de Loogic.com haya podido entender, nada de malo hay en rechazar esas restricciones, ni en aceptarlas. Yo animo a asumirlas a cualquiera que se plantee ganarse así la vida teniendo ciertas capacidades. Lo que sucede es que, si estuviera en el caso en el que me imagino que se encuentra Kurioso —que tiene esas capacidades—, no lo haría.

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