Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

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Crédito liquidador de operaciones

Posted by josempelaez en Jueves, 2 octubre 2008

La actual crisis financiera está dando pie a muchos análisis y comentarios. Los que he apreciado más son los didácticos que han derrochado humor. Espero que podamos extraer buenos aprendizajes de esta experiencia, y que relacionemos mejor los activos virtuales con los reales que los debieran sustentar. La mayor liquidez de los primeros desaparece si desconfiamos al no ver algo tangible fruto de las operaciones.

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Viñeta de Hipo, Popo, Pota y Tamo (El País 081001)

Sonrío cada que vez que pienso en el «credit crunch». Me hace gracia la expresión, aunque reconozco que a muchas personas debe de gustarles muy poco en los tiempos que corren, sean ciudadanos o empresarios. Supongo que mi gratificación proviene de relacionarla con ciertas barritas que, además, mi esposa logra que asocie a nuestras placenteras, aunque escasas, actividades deportivas al aire libre.

Ahora la he recordado al leer un artículo de Pilar Almagro. Ella no la usa; centra su reflexión en la «liquidez». Perplejo me he quedado al leer que ella, directora general de una empresa de obras en los sectores de la construcción, industria y telecomunicaciones que diseña y aplica soluciones de acceso y seguridad en obra pública y privada, escribe que:

«La empresa, como un ser vivo, se ha de ganar cada día su derecho a la supervivencia. Pero también, como ser vivo, necesita alimento para subsistir, es decir, liquidez.»

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Agua corriendo en cascadas (cc dbarronoss)

Yo, que desde hace ocho años procuro ganarme la vida como pequeño empresario, que he comido bastantes productos “crunchies”, que he ingerido líquidos de varias clases, nunca hubiera dicho que mi empresa necesitaba alimentarse de “liquidez”.

Quizá ello sea debido a que el dinero que hemos empleado en nuestro emprendimiento procede de los socios inversores y, sobre todo, de los clientes que adquieren nuestro producto. No viene de las entidades financieras o de las ayudas públicas. Reconozco que esto lo hemos intentado en tres ocasiones, a pesar de las trabas burocráticas. No obstante, la petición de avales personales, o la aplicación de criterios de solvencia inviables en emprendizajes innovadores, han hecho que pronto desistiéramos de beber “líquidos” de esas fuentes. Nada que objetar. El que administra dinero de terceros debe de establecer las cautelas precisas. Otra cosa es la coherencia con el mensaje de apoyo al emprendizaje con cierto riesgo.

Recuerdo más o menos —de la lejana etapa en la que también me alimentaba con lo que nos decían y debatíamos en el MBA—, lo del circulante, el apalancamiento, el coste del capital, el ratio de solvencia, etcétera. Lo que se me ha olvidado poco es lo de los riesgos financiero y operativo. Siempre me ha preocupado e interesado más el segundo que el primero, y lo que me quedó muy claro era que no debía de jugar con el financiero sin haber controlado bien antes el operativo.

Si los datos de Pilar son ciertos:

«entre 1950 y 1980 en la OCDE por cada dólar generado por el crecimiento económico se generaron 1,5 dólares de crédito, mas en el 2007 la proporción había aumentado de 1 a 4,5. ¿De dónde provino esa liquidez? Del endeudamiento masivo y la inseguridad financiera.»

Con estos datos digo yo que, si un banco me hubiera prestado uno de esos 3,5 dólares “líquidos” (virtuales), la probabilidad de que me los reclamasen ahora sería 4,5 veces mayor que si me los hubiera dejado alguien de confianza. La paradoja es que estos dineros ficticios se crean a base de confianza, y también de imaginación, de ilusiones, de ambiciones, de ocultaciones…

Supongo que estudié una ingeniería porque, no sacando malas notas en filosofía o matemáticas, siempre me gustaron las operaciones con las que uno construye algo después de haberlo imaginado, concebido, modelado, diseñado, proyectado…, ya sean “constructos” materiales o lógicos, tangibles o no.

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Heron Quays, 20, 25 Bank Street (Lehman Brothers) & Canary Wharf Bridge - London Docklands (cc Craig Grobler)

Las construcciones no tienen que ser siempre caminos, puentes o edificios. A veces me he ocupado en “levantar” sistemas organizativos, esquemas pedagógicos, programas de ordenador, manuales de procedimientos, modelos de cálculo… Curiosamente nunca me ha dado por la ingeniería financiera, ni por la construcción de productos estructurados o derivados para los mercados de capitales. Como tengo compañeros de colegio, de escuela técnica o de negocios que se ganan la vida de esa forma, supongo que hubiera aprendido a hacerlo suficientemente bien si alguna vez me hubiera puesto a ello. Nunca me atrajo, y tampoco he pensado el porqué. Tendré que hacerlo en otro momento.

Siempre me ha parecido el «hacer dinero» es algo apasionante, siendo otra forma de referirse a la liquidez financiera. No me refiero a la acuñación de moneda, la impresión de billetes o el amasamiento de una fortuna, que también tienen su atractivo. Hablo de hacer creer a la gente que un papelito “denominado” de una manera determinada tiene un cierto valor, es decir, un potencial equis para poder intercambiarlo por algo material que nos alimente, abrigue, resguarde, transporte, satisfaga…, o que haga que nos sintamos más seguros y felices.

Lo de la denominación me ha hecho recordar la muy recomendable entrevista satírica interpretada con motivo del desastre del banco Northern Rock en octubre de 2007 por Bird & Fortune dentro de un programa especial de TV sobre The Long Johns. Tuvo muchas vistas en YouTube hasta que retiraron el vídeo por la reclamación de la propietaria de los derechos del programa (ITV Productions Ltd.) John Bird y John Fortune son dos clásicos cómicos británicos que andan ya de vuelta gracias a sus cerca de setenta añitos. El programa de TV sobre ellos se intercambia en las redes P2P.

En la parodia referida explicaban divertida y claramente (en inglés) la crisis de las hipotecas sub-prime. Este diálogo hilarante está circulando nuevamente por la blogosfera (subtitulado) con motivo de los recientes fiascos bancarios en Europa y “Usamérica”. En abril de 2008 comenzaron la 13ª serie de su show con Rory Bremner en Channel Four, donde los chistes de esta temporada sobre el «credit crunch» casi deben de formar parte del decorado.

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Cabecera de la parodia sobre la crisis de las hipotecas (© ITV)

En este tipo de sketches me parece llamativa la naturalidad con la que entendemos y asumimos algunos tinglados económicos cuestionables, singularmente en comparación con el rechazo social que suscitan otras manifestaciones liberales en España. Pudiera ser que, como lo explican en inglés, aquí no lleguen a enterarse muchos políticos y sindicalistas, que parece que desaprovechan esas enseñanzas para defender una regulación más proteccionista. Sin embargo, bien pensado, si éstos quisieran, podrían leer las explicaciones sobre la crisis ninja (la misma de antes) que Leopoldo Abadía mantiene al día.

Resulta claro que el humor abre muchas puertas (y mentes). Parece que todo entra mucho mejor de esa manera. Mientras llegamos a enterarnos de que podría haber motivos para regular la actividad económica y subsidiar más (o menos) con «gastos sociales», los españoles seguiremos liderando algunas estadísticas de la UE, y sin subir posiciones en otras. Ahora bien, ¿pudiera ser que también existieran caminos alternativos, como educar de otra forma y enseñar otros idiomas? ¿No sería más conveniente para prevenir crisis futuras el que cada persona emprendiera su camino en la vida, y el que cada palo aguantase su vela protagonizando responsablemente sus decisiones sin que el Estado le tutelara tanto a partir de la «mayoría de edad»? Desde mi punto de vista, ello no implicaría llegar a ciertas “barbaridades”, pero reconozco que desconozco la escuela económica austriaca.

Regresando al punto que me ocupaba, debe de ser que la ingeniería financiera no me gusta porque siempre me ha sonado a engañifa, a truco de ilusionista. No es que opine que esto es malo. Lo que pienso es que, antes de alimentar el espíritu con ilusiones, hay que nutrir el cuerpo. Creo que «el alma está en el cerebro» y que, sin materia, no hay soporte para sentimientos de confianza, ni de ningún otro tipo.

¿Será que mis operaciones tienen más riesgo del que me gustaría y no me atrevo a alimentarme con liquidez exuberante…? No sé, quizá si operase con algo más de humor que de seriedad, ¿lograría más clientes…? 🙂 .

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Información accidentada

Posted by josempelaez en Lunes, 25 agosto 2008

La catástrofe aérea de Barajas muestra que debemos mejorar la forma de reaccionar ante un desastre desde los planos informativo y organizativo. También ha dado ocasión para que algunos intentaran aprovechar el aluvión mediático en defensa de sus intereses particulares.

«Je suis désolé» es una de las pocas expresiones que recuerdo del francés aprendido en la enseñanza secundaria de los 60. Después de haberlo sentido mucho, la aflicción, el desconsuelo, la tristeza… que me afectaron inicialmente —tras el reciente desastre aéreo en el aeropuerto de Barajas— han ido migrando hacia el desconcierto, la contrariedad, el disgusto… por mi percepción de lo que estuvo sucediendo luego.

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Imagen de archivo del avión de Spanair siniestrado. (Foto: AFP)

Nos sigue quedando mucho por aprender. Opino que el tratamiento que damos a la información en este tipo de sucesos es malo, francamente malo. Directivos, periodistas, políticos, trabajadores, ciudadanos…, todos hemos de preguntarnos sobre lo que debiera mejorarse en circunstancias de esa naturaleza.

¿Está establecido que los familiares y amigos de las víctimas de un accidente aéreo sólo puedan confirmar los pasajeros mediante una llamada del transportista? ¿Cómo se va a evitar que reciban informaciones imprecisas a través de los que cuentan lo que creen saber o haber visto u oído? ¿Por qué no se publican inmediatamente los datos contrastados que se van teniendo sobre los hechos?

En el caso del avión de Spanair en Madrid, la lista de pasajeros embarcados, el historial de operación y mantenimiento del aparato estrellado, la grabación de AENA del despegue, el número y distribución de heridos en los hospitales… eran informaciones tratables informáticamente. En contra de lo que hicieron algunos, considero que debieran haberse ofrecido a todos los involucrados al cabo de muy poco tiempo. No pueden escudarse en la posibilidad de errores. ¿A quiénes preguntaron o qué hicieron para verificar la lista del pasaje publicada pasadas varias horas? El siniestro no ocurrió en un país poco desarrollado, ni en un lugar remoto o aislado de la geografía española.

Me parece que son demasiados los que consideran que los directivos, técnicos o autoridades (de las empresas u organismos involucrados) que no están en la comisión de investigación tienen más capacidad para entender lo ocurrido y analizar los datos de un accidente que los demás interesados. Por consiguiente, según esos, la mayoría no tenemos por qué conocer las informaciones de partida ni las hipótesis causales, sino sólo las conclusiones, pero para éstas hay que esperar muchos meses.

No obstante, nadie va a evitar que los humanos emitamos opiniones y juicios, y que éstos, aparte de que puedan ser precipitados, se apoyen en suposiciones. La carencia de datos veraces y claros sólo provocará que especulemos más y peor. Por tanto, algunas de las conjeturas, hipótesis, deducciones o valoraciones hechas con datos cuestionables no serán más que estupideces, o intentos burdos de manipular la opinión pública si hay intereses espurios, como creo que ha habido en algún caso.

¿Por qué los directivos no informaron inicialmente con más claridad sobre la causa del retraso en el primer intento de despegue? Habiendo tanta regulación, ¿por qué no hay mejores límites a la discrecionalidad con la que actúan las compañías aéreas, autoridades aeroportuarias y comandantes de vuelo cuando “secuestran a los viajeros” una vez facturados los equipajes, traspasados los controles y efectuados los embarques?

accidente_aereo_cd080823ePor otra parte, en este caso, creo que los periodistas han estado por debajo del nivel exigible en demasiadas ocasiones. ¿Quién manda a los que, micrófono y cámara en mano, tratan de obtener imágenes morbosas o declaraciones emocionales y acusadoras de los más afectados? ¿Dónde han aprendido a hurgar en la herida y formular preguntas propias de gilís? ¿Cómo se titulan las noticias para extractar sin errores el cuerpo de la información? ¿Para qué lanzan cuestiones al aire en vez de buscar a los que saben las respuestas? ¿No deberían contrastar mejor sus informaciones?

Si miramos a los jefes de los “informadores”, no creo que encontremos un panorama mejor. ¿Por qué algunos decidieron presentar opiniones parciales como parte de un análisis de causas del accidente? ¿A quién pretenden imputar la culpa algunos editores con pocos escrúpulos? ¿Por qué dan rango de información a cualquier majadería que diga un afectado, por mucho que lo esté? ¿Cuál es la noticia: el dolor, la impotencia, el deseo de venganza o la supuesta responsabilidad de alguien?

Tras la catástrofe del Prestige, ¿quién es el jefe partidista que ahora osa no personarse en el lugar de una tragedia para decir «esta boca es mía»? ¿A santo de qué viene enzarzarse en “batallitas” irrelevantes sobre quién fue el primero en activar el plan de emergencia en Madrid? ¿Por qué unos políticos técnicamente ignorantes revelan los comentarios privados de otros que saben menos de aeronáutica que muchos miles de ciudadanos? ¿Qué pretenden examinar los parlamentarios en paralelo con la comisión de investigación? ¿Es que van a revisar las prioridades de gasto en los presupuestos o abroncar a una ministra por un retraso de ejecución que no hubiera impedido nada?

Me sorprendió la rapidez con la que salieron a la palestra televisiva los sindicatos de técnicos de mantenimiento y pilotos de aeronaves a dar sus versiones y opiniones sobre lo que estaba sucediendo. Según ellos, ambas categorías de trabajadores no tienen que decidir nada en este tipo de circunstancias. Dicen que todo lo que hacen está determinado por unos procedimientos escritos. Me parece que esos portavoces no mostraron mucha vergüenza al sostener esa postura. También me parece que no fueron buenos profesionales quienes les preguntaron cuando trataron de hacernos creer que los afiliados a sus gremios no son responsables de nada en relación con el mantenimiento y vuelo de los aviones (¿sólo siguen instrucciones de manual?).

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Manifestación, en agosto, de los trabajadores de Spanair contra el ERE y por la falta de personal. (Foto: J. Avelló)

Me ha parecido torticero el proceder del SEPLA con sus comunicados relativos a las circunstancias empresariales de Spanair y las negociaciones laborales en curso. ¿Es que sólo los directivos representan a su empresa? La patronal ha tenido que replicar. Si los pilotos de verdad creyeran que las operaciones estaban sufriendo por la crisis de la empresa, ¿por qué retiraron la última proclama de su web al conocer el accidente pocas horas después de haberla difundido? ¿Qué dudas querían sembrar para negociar mejor cuando lo más sensato era sostener que una tripulación no se juega la vida si estima que hay algo que va mal?

Los mayoría de los humanos siente la pérdida de vidas, tanto en accidentes de escaso interés mediático como en catástrofes concentradas en el espacio y el tiempo. En momentos de emociones intensas, ya sean individuales o colectivas, a veces expresamos nuestros sentimientos con palabras que no resistirían un mínimo análisis racional, pero que nos resultan muy útiles para poder continuar la vida. Nuestros problemas pueden comenzar cuando alguien las usa para otros fines, o cuando nos empeñamos en buscar una causa, origen, responsable, acusado, culpable… para cobrarnos un precio por lo sucedido.

¿Quién decidió que viviésemos nosotros y no el hermano que no nació porque nuestra madre abortó accidentalmente? ¿Por qué ha de ser más asumible la muerte por enfermedad que en un incendio? La vida está llena de accidentes. Todos alteran el orden regular de las cosas (según nuestro insignificante punto de vista). Unos son menos fortuitos y más predecibles que otros, pero todos tienen efectos inalterables. El riesgo es inevitable. Lo que podemos hacer, como seres racionales, es tratar de identificar las circunstancias que rodearon lo sucedido para poder prevenir su repetición si condujeron a algo desagradable o doloroso.

Descansen en paz los muertos. Encontremos consuelo para vivir los que moriremos más adelante y, mientras llega ese momento, intentemos dejar información precisa, puntual y plena a nuestros descendientes, algo que nuestra técnica y cultura permiten sobradamente.


[Foto 1: Avión MD-82. AFP]
[Imagen 2: Titular erróneo (rectificado parcialmente: no en la foto). Cinco Días]
[Foto 3: Protesta de trabajadores. El Mundo]

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Conductores de costes

Posted by josempelaez en Lunes, 28 julio 2008

Hace una semana escribí sobre cómo “la vida” influye o determina cómo repartir los «gastos de estructura». ¿Es que sólo se puede hacer su distribución de una manera indeterminable a priori? A ver qué se me ocurre al respecto.

Costaleros sevillanos

Costaleros acompañando a los que acarrean un artístico paso en las vivencias de la Semana Santa sevillana

Los cost drivers del método de ABC se pueden entender como unas magnitudes significativas del negocio escogidas para acarrear el costal de los costes indirectos. Entiendo que hay que hacerlo de manera que puedan sumarse a los directos para obtener el coste total. Este modelo de análisis pretende ser útil para calcular la rentabilidad particular de un cliente, proceso, proyecto, bien, servicio, centro, canal, proveedor, actividad…, en el marco de un [modelo de] negocio.

Los conductores sirven como una especie de elementos intermedios entre los conceptos detallados en las facturas pagadas y los utilizados en el análisis de gestión. Para que sea una buena elección han de poder medirse y relacionarse con ambos tipos de conceptos de manera que sean un puente adecuado entre ambos.

En la práctica conozco algunos casos donde se imputan contablemente las partidas generales de gastos a los conceptos analizados sin el detalle que anota Rgil en la entrada vinculada el lunes pasado cuando, en su caso, se refiere al registro de sus dedicaciones a proyectos. Para ello se aplican criterios de reparto tan válidos, o no, como los que éste cita, o los que podemos imaginar que usaba nuestro también referido Antonio. Él, además, los modificaba de un mes para otro amparándose en la gran variabilidad del negocio de las operaciones multicliente de aquel caso.

¿Qué distingue un «criterio de reparto» contable de un «conductor de coste»? Pues no mucho, me temo. El primero es, sobre todo, un convenio más o menos arbitrario entre los responsables de una organización. También puede ser, en ocasiones, una imposición a la filiales de la matriz para aflorar los beneficios dónde y cómo más les interese. Sin embargo, el segundo, debiera ser una magnitud que relaciona operacionalmente la actividad de soporte con el bien o servicio producido y entregado a la fase siguiente del ciclo comercial. A veces coinciden, pero otras no.

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Cuadro de posibilidades en el campamento de verano Sci Foo de Google en 2006

Por ejemplo, en el caso de las dedicaciones a proyectos informáticos, se puede convenir como criterio de imputación contable el tiempo realmente dedicado que se registra en los partes diarios o semanales por cada persona interviniente en las tareas. Estas dedicaciones pueden considerarse conductores ya que hay relación directa entre ellas y el producto obtenido (“entregables”). La relación empezaría a diluirse si, en vez de horas, se imputasen los gastos según el número entero de personas asignadas por semana o mes, o según los perfiles profesionales de la plantilla informática revisados trimestralmente.

Por otra parte, también podría aplicarse el esfuerzo presupuestado y aceptado en lugar del efectivo, conviniendo que los errores o variaciones de productividad se asignasen al proveedor interno del servicio y no a su demandante. Ello sería un conductor más “fino” y tendría consecuencias en la realización de especificaciones, la gestión de cambios y el método de realización de proyectos. También podría añadirse un sistema de registro de incidencias para atribuir causas y efectos de éstas, ya fuera para aprender, contabilizar, premiar, penalizar…. En fin, como podemos deducir, las cosas pueden complicarse mucho. Por tanto, la relación directa exigida a los conductores puede verse afectada por tantas variables que obliga recurrir a criterios más o menos arbitarios y dinámicos para explicar las decisiones tomadas según las circunstancias. Por tanto, opino que no pueden distinguirse mucho.

Es por ello que, cambiando de ejemplo, yo me sigo preguntando: ¿hay que distribuir los salarios de los vendedores entre todas las operaciones de clientes (con contratos de servicio de 2-5 años), ¿por qué no se imputan los gastos comerciales sólo a los primeros años operacionales de los nuevos? ¿Qué razón hay para que un cliente satisfecho tras diez años, que casi renueva de forma automática, deba de contribuir a sufragar los gastos de proyectos de transición operacional de los que acaban de empezar? ¿Cuánto ha de cargarse a un cliente por el uso del almacén y cuánto por la posibilidad de usarlo?

Preguntas como las anteriores pueden formularse a espuertas. ¿Y las respuestas?; hay de toda clase y condición, pero ¿cuáles son las correctas?, huyyy… ¡qué miedo me da seguir por este camino! ¿Tenemos un buen negocio? ¿Podemos hacerlo mejor? Por esta senda terminaría escribiendo probablemente sobre asuntos estratégicos y del core business.

accountantCuando surgen este tipo de cuestiones (atribución de costes) me acuerdo de otras muy relacionadas en mi cabeza, como son el análisis de la rentabilidad de los proyectos de inversión, o la valoración de empresas nacientes en sectores innovadores (¿start-ups?). Al igual que hacen muchos bean counters, una buena parte de los financieros abordan estas necesidades con planteamientos técnicos de variopintas clases. Me sigo sorprendiendo cuando veo que pretenden mostrar a los legos cómo deben hacerse esas cosas de forma metódica y rigurosa. ¿Síii?, ¡nooo!

Lo paradójico es que suelen partir de projects or business plans discutibles para calcular flujos futuros. En otras situaciones usan comparaciones cuestionables, o aplican parámetros variados (múltiplos de expectativas de beneficios, betas de volatilidad sin cotizaciones históricas, tasas de descuento con criterios personales, factores subjetivos de ponderación, probabilidades inventadas según riesgos…) que no son «constantes universales» (como la velocidad de la luz, la de gravitación…). Sin embargo, se quedan satisfechos creyendo que han hecho sus valoraciones “científicamente”.

Recuerdo una entrada de Enrique Dans en su blog a propósito del futuro del negocio de Expensr y de su inexistente business plan, situación que respaldaba. Levantó ampollas, especialmente por venir de un profesor de una reconocida escuela de negocios. Poco después se anunció que Strands adquirió Expensr tras haber recibido una inyección de capital liderada por el BBVA meses antes. Cosas de “la vida loca”, que diría el cantante, aunque es “de cajón” el suponer que Enrique (no Ricky) ya supiera algo de lo que se cocía cuando “cantó” en su página web.

A pocos he visto reconocer que “la vida” —con sus sensaciones, intuiciones, pálpitos, ilusiones, intenciones, significados, percepciones, emociones, recomendaciones de gente en quien confías…—, es la que permite tomar decisiones tras haber analizado razonadamente todos los datos disponibles. ¡Y ojo!, que no hay que confundir los datos de partida con las hipótesis realizadas o los deseos considerados, algo que se hace a veces de manera implícita y, por tanto, de forma inconsciente.

bean counter

Contadores de cuentas aprendiendo las esencias de la vida natural

Para terminar, defiendo que hay que recoger y registrar datos para poder cuantificar la realidad pasada, y para hacer planes de acción con recursos ponderados de la forma más efectiva posible. No podemos olvidar que la contabilidad viene del comercio, y que éste se basa en «contar, medir y pesar» (y en negociar, lo que a veces también se nos olvida). Sin embargo, a la hora de repartir, o de prever, es “la vida” la que determina la mejor forma de hacerlo en cada caso, momento y lugar.

Lo lamento por los ingenieros y los que van a los master buscando herramientas, métodos o recetas magistrales. No creo que haya teoría, modelo ni fórmula que permita calcular “científicamente”, por ejemplo, el coste mensual de transporte a imputar a un cliente determinado de una red operacional compartida. No obstante, entiendo que se pueda aproximar satisfactoriamente si se dispone de datos reales de lo ocurrido a nivel de detalle: conductores, vehículos, viajes, kilómetros, pedidos, bultos, kilos, paradas, notas, incidencias…, lo que no ocurre muy a menudo. Y si esto sucede en algo tan concreto y entendible, ¿cómo puede imputarse contablemente a las actividades de Apple algo como el “insustituible” valor que añade Steve Jobs?

En “la vida”, para decidir qué fórmula emplear, habrá que estar también a lo que hayan establecido los comerciales tirando de su “creatividad”, aunque alguno de los conceptos de facturación no se tengan previstos, ni se haya preguntado antes a los de sistemas de información por su posibilidad de aplicación. Rgil sabe que la vida de un operador de servicios es así (y también era así hace unos años, como igualmente sabemos Antonio, mi amigo y yo, y no solamente de este tipo de empresas).


[Foto 1: Costaleros en Semana Santa sevillana. Flickr, illustir]
[Foto 2: Panel de opciones para actividades en Google camp. Flickr, jurvetson]
[Ilustración 3: Contable. Flickr, billypalooza]
[Foto 4: Niños jugando con granos. Flickr, Drake LeLane]

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