Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

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Ventana al mundo

Posted by josempelaez en Miércoles, 15 julio 2009

Cuando era un crío no solía oponer resistencia a la realización de los deberes que me ponían en el colegio o en casa. De mayor lo he llevado bastante peor, pero a veces los asumo. ¿Será que vemos la realidad con nuevos prismas, gafas, cristales, ventanas…?

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Mozos con toro bravo sin embolar en Pamplona (Reuters, The Boston Globe, 090713)

Aprovecho el embolado del meme que soltó mi querido colega Luis al final del “Festival de San Fermín” para volver a abrir un hueco en los visillos de mi ventana al mundo. Hace bastantes días que los tenía corridos y no dejaban ver casi lo que pasaba por el interior de mi caverna mental, donde también deben agazaparse los temores y retos de mis ancestros.

No es que ocurra algo especial que no me convenga que sea visto desde el espacio que me rodea. Sólo sucede que estamos al final de una etapa empresarial; es decir, al comienzo de otra. Por un lado había que aprobar y registrar las cuentas y por otro decidir cómo seguimos después de no haber encontrado esta vez el consenso que siempre habíamos logrado entre los socios hasta la fecha. Seguimos con esta decisión pendiente, y me temo que debamos esperar al nuevo curso académico para terminar de mover la tela y despejar el panorama.

No teniendo aún las cosas suficientemente claras, necesitaba concentrarme en una semipenumbra que redujera mis distracciones, aunque ello no haya impedido que siguiera mirando hacia el exterior y participase en alguna de las conversaciones derivadas de lo que seguía leyendo para seguir relacionando ideas.

Considero que uno nunca llega a saber bien lo que es. Nuestra mente, esa cosa cerebral que determina las identidades al cultivar nuestros actos reflexivos y viscerales y guardar nuestras experiencias, funciona más mal que bien. Me parece que los pronósticos Stephen Hawking sobre la evolución autodiseñada distan mucho de estar a la vuelta de la esquina.

Considerando la invitación de Luis para que me autodefina, y como él ya se ha apoyado en la curiosidad para la suya —algo que también suelo considerar como parte de mi ser al hablar del “bice”: crítico y curioso—, diré que me gusta sentirme como imagino que deben de sentirse los observadores, los exploradores, los aventureros, los descubridores…

¿Y como enlazamos ese mundo con el entorno geek del meme referido sobre qué puedo llegar a ser?

Pues se me ocurre que la ventana no es una mala metáfora. De manera análoga a como el navegador de internet permitió que una buena parte del mundo pudiera moverse en la Red, los terminales informáticos y los ordenadores personales equipados con interfaces de ventanas habían facilitado antes el que pudiéramos aprovecharnos de las máquinas para alimentar y transmitir nuestros pensamientos, aunque fuera en entornos mucho menos abiertos.

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Faena del torero (AP/Daniel Ochoa de Olza; The Boston Globe, 090713)

El plano inclinado, la palanca, la rueda, la polea, el engranaje, el molino, el aparejo náutico, la máquina de vapor, la pólvora, el motor de combustión… permitieron que los músculos fueran dejando su protagonismo primitivo a otra parte del organismo humano que también necesita del alimento. Las novedades en el food for thought dan lugar a debates interesantes para seguir descubriéndonos.

Además, las ventanas también permiten mirar desde ambos lados, y podemos utilizarlas para vernos sutilmente reflejados. Ello me lleva a la ventana de Johari, que Raúl recordaba hace tres meses a propósito del feedback.

Llegado a este punto, aprovecho para explorar la opción de que Raúl se deja liar con este meme. Como él me ha venido a la cabeza por lo de la ventana que acabo de escribir, paso también a intentar enredar a Fran, que me dijo ayer que me veía bastante crítico cuando escribía en este blog sobre nuestro entorno económico. Le respondí que también lo hacía sobre otros asuntos que buscaba comprender mejor con la ayuda de los demás.

Lo intentaré finalmente con Ramón, con el que compartí de niño ventanas de aulas en Chamberí sin llegar a conocernos por no ser del mismo curso. Debimos de mirar a cosas distintas porque no guardamos los mismos recuerdos del hermano marista Alejandro. ¿O será esto debido a nuestras mentes chapuceras?

Ramón ha descubierto luego muchas otras cosas viajando por diversas tierras en conflicto. Hace poco que se ha aventurado a escribir en la blogosfera para compartir y dialogar con sus lectores, lo que en este medio no se hace como en la prensa tradicional. Pues que descubra también lo que es un meme, y que lo lidie como sepa, pueda y quiera 😉

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Cuestionar lo sabido, Disfrutar de la curiosidad.

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Crisis económica y depresiones

Posted by josempelaez en Miércoles, 14 enero 2009

Si hace pocos días eran las cifras del desempleo español ahora son las de su déficit público. Nada inesperado para los que consideramos que estamos ante una crisis importante y estructural. No creo que el aumento del gasto público pueda paliar los efectos más allá de unos pocos meses. ¿Caeremos luego en depresiones económicas y psicológicas? Entiendo que así ocurrirá mientras nos empeñemos en mantener unos paradigmas viejos.

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Diagrama de causas y efectos de la crisis financiera en EUA (Natham, FlowingData 081125)

Terminé la anotación anterior con una metáfora sobre apesadumbrados ciclistas cargados con mochilas. Me inquieta el tiempo que pueda durar el crítico viaje económico en el que estamos embarcados. Se me antoja que va a ser demasiado largo para el planteamiento que más abunda entre los esforzados y forzosos viajeros. Aunque muchos mantienen aún cierto optimismo voluntarista —según pudimos ver en el especial de Cuatro de esa noche—, a mí no me convencen nada las declaraciones de Corbacho o R.Zapatero sobre que las cifras del paro disminuirán en el segundo semestre. 

No he escuchado buenas razones sobre las causas que los gobernantes creen que hay detrás y que les han movido a anunciarnos el Plan E -nésimo para intentar superar la crisis. Tampoco percibo que conozcan bien los caminos que nos han conducido a los efectos que miden y pronostican los indicadores económicos.

Aunque el déficit exterior español se esté reduciendo desde el nivel del 10-11% ante la “desaceleración” económica y la “profundización” de la crisis, el relevante deterioro de las cuentas públicas fruto de los planes para tratar de neutralizar sus efectos causa un “déficit gemelo” que va a encarecer la deuda pública española. Esto dificultará más la financiación que muchas familias, autónomos y empresas necesitan para amortiguar la pérdida de ingresos y la morosidad, así como otras consecuencias del gran parón productivo, como la reducción del turismo la que puede convertirse en una depresión significativa.

La recesión que anunciaba la burbuja inmobiliaria en 2006 fue ignorada por el Gobierno hasta hace medio año, a pesar de los datos disponibles desde primeros de 2007. Además, los gastos de los servicios públicos y de gestión de las AA PP están aumentando por encima de la inflación oficial. También considero que las permanentes reclamaciones económicas derivadas de las singularidades autonómicas van a empeorar la situación. Creo que todas estas cosas restan autoridad moral y credibilidad económica a nuestros actuales dirigentes políticos. ¿Qué límites podremos aceptar para los déficits?

¿Qué pasaría si se desmoronasen casi de golpe todas las cestas, hatillos y acopios materiales que hemos ido cosechando a lo largo de nuestras vidas y que almacenamos o acarreamos por si acaso como animales temerosos que somos? ¿Qué sucedería ante una ola tan devastadora como la causada por otras acciones humanas en Ribadelago hace cincuenta años? ¿Qué ocurriría si la mayoría de nuestras pertenencias se rompieran al caer y sus restos se desparramasen por los suelos de aquí y de allá haciendo que su recomposición fuera prácticamente inviable, inabordable, impracticable, imposible…? ¿Reviviríamos los disturbios sociales y las políticas comerciales proteccionistas de tiempos aparentemente superados en muchas zonas de este planeta?

Además, supongo que, ante tamaño desastre, el desánimo, el abatimiento, la desesperación y otros estados o sentimientos de esta categoría afectarían nuestra mente para apoderarse de ella durante un tiempo que, para algunos, podría ser “eterno”. ¿Seguiría aumentando el Gobierno el déficit público para poder presentar un Plan P -sicoanalítico con el que lidiar con los efectos? ¿Cuándo dejaría de ignorar la necesidad de un debate serio para formular el diagnóstico correcto y el tratamiento acertado de las causas?

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Familia pueblo zamorano de Ribadelago en 1959 (RTVE 090109)

Mientras intentaran digerir los ánimos negativos, algunos ciudadanos mirarían al cielo para encontrar consuelo y poder seguir disfrutando de la vida ante la falta de posibles explicaciones y remedios. En ello estamos muy condicionados por los marcos de referencia, patrones o paradigmas que establecimos durante nuestro desarrollo cerebral infantil para poder reaccionar ante los estímulos que percibíamos vinculando causas y efectos. Tristemente, habría quienes creyeran que semejante catástrofe no podría haber surgido a ras del suelo que pisamos como consecuencia de nuestras propias decisiones. Lo observado desbordaría muy probablemente su comprensión derivada de las capacidades de asimilación y acomodación adquiridas teóricamente (o no) según los patrones piagetianos del desarrollo cognitivo.

No obstante, creo que serían muchos más los que buscarían alguien también extraño a ellos, pero más cercano, a quien poder culpar de lo acontecido para proponer medidas correctivas manteniendo el esquema teórico existente. Creo que no serían tantos los que declararían que les gusta la crisis porque despejan el panorama ya que dejan al descubierto las medias verdades. Me parece que serían todavía menos los que centrarían sus esfuerzos en tratar de establecer un nuevo paradigma para el funcionamiento de la economía. ¿Vamos a limitarnos a repetir la confrontación entre monetarismo y keynesianismo?

¿Tendremos finalmente una “nueva economía” derivada de la educación, transparencia y globalización consecuentes con los avances en el transporte de informaciones, personas y mercancías?

Me parece que la economía actual tiene mucho más de creencia que de ciencia; más de pensamiento dogmático que racional. Voy a dejarlo aquí hasta otro día porque estos hilos pueden llevarnos a muchas otras entradas y reflexiones.

[ActualizaciónPongamos fin, de una vez, al disparate autonómico de Alberto Artero (S. McCoy), el nuevo director de Cotizalia.]

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Medidas y duración de la crisis, Educación: una verdad incómoda

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Lectura, educación y frustración

Posted by josempelaez en Lunes, 5 enero 2009

El lenguaje es una competencia básica que debemos desarrollar tras nacer. Creo que escuchar y leer son dos actividades infravaloradas en la presente educación española hasta los dieciséis años. La habilidad lingüística condiciona nuestra capacidad empírica para prever algo. También para pensar sobre el futuro y poder anticiparnos. Pedagogía y democracia son materias que no deben confundirse. Cuando ello ocurre, aparecen «verdades incómodas» y frustrantes.

Plano de Chamberi (Google Maps)

Plano de Chamberí (Google Maps)

Considero que en uno de los textos de Arturo Pérez-Reverte (APR) a los que me referí en la entrada reciente sobre la educación como «verdad incómoda» hay un par de frases que ilustran muy bien nuestra realidad educativa. El reportero, novelista, académico de La Española y maestro de las palabras manifiesta que hoy en día generalmente se valora poco la lectura en voz alta en las aulas. Hace cincuenta años se empleaba para educar la escucha y para fomentar la emulación y la competencia estimuladoras. Otro punto que comenta es lo mucho que se critica al que lee solitariamente en un rincón de la escuela o de su hogar en lugar de jugar en el patio o en la calle con el grupo de turno.

Recuerdo bien, de mi etapa de colegio concertado en una institución educativa religiosa del madrileño barrio céntrico de Chamberí (1959-70), que ambas cosas son perfectamente compatibles. No obstante, cuando en los últimos tiempos he hablado con algún quinceañero de los que acuden a colegios privados en zonas residenciales de las afueras, me enrabieta escuchar que no leen, ni les interesa. El entretenimiento de mis interlocutores hasta esa edad ha sido básicamente el de la práctica de juegos electrónicos salpicada con alguna actividad deportiva.

Cuando hablo con sus padres (familiares, amigos, proveedores…) —que pasan mucho tiempo trabajando, como lo hicieron los míos—, algunos me dicen simplemente que la vida actual es así. No obstante, los hay que conducen la educación de sus hijos realizando otras actividades y transmitiendo sus valores. También los hay que declinan esa responsabilidad y la transfieren al sistema educativo. Éstos reservan o compran una plaza en él al igual que adquieren otros objetos que reclaman sus hijos a cambio del tiempo que no les dedican. No obstante, opino que la buena o la mala educación no dependen demasiado del dinero que gaste uno en ellas. Es mucho más una cuestión de saber y de dedicarle tiempo suficiente.

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Vida entre libros (cc Dan!!!!, Flickr 080408)

Me parece que la vida actual de una gran parte de los adolescentes está mucho más condicionada por lo que prescribe la peña que lo que estaba determinada la nuestra en los sesenta por lo que decían los demás miembros de nuestro círculo. Creo que muchos de los de mi clase estábamos bastante influidos por los educadores vocacionales que teníamos. A esas edades, y antes y después en mi entorno de barrio burgués de profesionales y comerciantes, pasábamos una buena parte de los ratos libres leyendo en casa o en la biblioteca. El resto del tiempo jugábamos en casa de alguno, en la Casa de Campo, en la sierra o en la playa, charlábamos paseando por la calle o íbamos al cine con la pandilla de turno (colegio, barrio o vacaciones).

Los volúmenes de ficción, las novelas históricas y otros libros nos aportaban perspectivas y experiencias vitales que no encontrábamos en los relatos de los que nos rodeaban, cuando se producían. Tampoco estaban en las novelas radiofónicas ni en las películas que se proyectaban en los salones de los colegios o en las salas cinematográficas de la época. La gran mayoría no teníamos televisión, ni otras muchas cosas que hoy abundan.

Entre semana teníamos que estudiar de forma cotidiana porque te podían preguntar la lección en cualquier momento. Si ibas a casa con malas notas, tus padres no lo disculpaban y, por supuesto, reprobaban tu comportamiento. La autoridad del profesor y su prestigio social eran superiores a los actuales. Nuestros padres daban mucha importancia a la educación formal, un bien que entonces era más escaso que ahora en su cantidad, pero no creo que lo fuera en su calidad.

Aunque algunos de nuestros padres no fuesen partidarios de la Dictadura franquista —que nos obligaba a cantar himnos “patrióticos” en el patio antes de ir a clase—, casi todos conocían bien el valor de aprender lengua y literatura, filosofía, historia, biología, física, matemáticas…, y el de las leyes o reglas que sustentaban estas materias. En la mayoría de los casos, o ellos o nuestros abuelos no habían tenido la oportunidad de ir más allá de leer y escribir a duras penas y de aprender las cuatro reglas de la aritmética. Ansiaban otras oportunidades para sus descendientes. Consideraban que ello demandaba cierta disciplina y el seguir unos principios básicos de respeto a los mayores y educadores.

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Zona de desarrollo próximo de Lev Vygotsky (McGill Univ)

En la segunda mitad de los setenta, en mi entorno hablábamos mucho de alternativas educativas al sistema público dominante. Muchos eran los que lo tildaban de ser muy autoritario,  memorístico y frustrante. El conocido aforismo del suizo Piaget acerca de que «todo lo que se enseña a un niño se le impide descubrirlo por sí mismo» reclamaba con fuerza su expansión por todo el sistema educativo. Se alegaba que no había que instruir o educar, sino simplemente facilitar el aprendizaje autónomo al ritmo de cada individuo.

Es una lástima que las ideas de Vygotsky no hubieran disfrutado de tanta difusión como las del suizo en la España de aquellos tiempos. Si entonces se hubieran considerado más los resultados de las investigaciones del ruso, el papel y la formación de los educadores no se hubiera devaluado tanto como la disciplina y la repetición que se habían estilado hasta entonces. Los padres y los maestros tienen roles esenciales en la construcción del andamiaje necesario para un buen desarrollo cognitivo, emocional y operativo de los niños en las culturas más evolucionadas. La simple imitación y el lento descubrimiento manipulativo son notoriamente insuficientes e ineficientes en estos casos. Luego falta tiempo para leer. Puede que el saber ocupe poco espacio cerebral (algo que las resonancias magnéticas aún están delimitando), pero lo que sí requiere es de mucho tiempo.

A final de los setenta también era profesor universitario y tenía amigos mayores que buscaban una educación diferente para sus hijos. Libertad de ideas, de relaciones con el otro sexo, supresión de la represión, superación de la frustración, ser felices sin sacrificarse, métodos democráticos en la educación… Eran éstas las cuestiones que hicieron que muchos treintañeros se interesaran por ideas y movimientos como el de la Escuela de Summerhill en el Reino Unido, o que leyeran y siguieran las recomendaciones de libros como el de Benjamin Spock en los Estados Unidos. Predicaban que los niños debían de crecer en total libertad y sin sufrir frustraciones traumatizantes si se les llevaba la contraria.

En la España de los ochenta, muchos de los gobernantes que reformaron el sistema educativo compartían esa manera de pensar (“psicopedagocráticos”, los llama APR). Lógicamente, no quisieron que sus vástagos tuvieran que pasar por las mismas experiencias que ellos, como si hubieran quedado infracapacitados para el resto de sus vidas. Ello me resulta paradójico. Se debían de considerar aptos para legislar y gobernar un cambio a la par que inútiles por haber sido educados de una forma que estaban reformando. Considero que la pifiaron al mezclar churras con merinas. Hoy tenemos un problema serio. ¿Podemos abandonar la política y la educación?

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Imagen cerebral (Guangping Dai, Ruopeng Wang, Jeremy Schmahmann, Van Wedeen, MGH | MIT TR 080806)

Creo que hay que diferenciar entre eliminar ciertas técnicas educativas y suprimir principios pedagógicos básicos. No soy el único que piensa que, desde entonces, hemos ido a peor, y que tenemos una mala educación.

Lo que va a frustrarnos ahora, entre otras cosas, es que nuestro sistema educativo no ha desarrollado las competencias virtuosas necesarias para que los ciudadanos del mundo prefieran nuestros bienes y servicios, por poner un ejemplo al hilo de la crisis económica. Nuestras balanzas exteriores indican que, a la hora de producir, nos llevan ventaja los extranjeros que mejor se educan o más se sacrifican.

El “cableado cerebral” necesario para trabajar de forma eficaz, productiva e innovadora se monta mucho mejor a los seis años que a los veinticinco. Con esto no me refiero al aprendizaje de las técnicas y artes propias de los oficios y profesiones. Hablo de la construcción de las competencias cognitivas, afectivas y rutinarias que componen nuestro carácter, parte de la inteligencia que adquirimos para formar la base de nuestro comportamiento.

¿Tenemos un problema como padres, familiares, educadores, maestros, profesores, monitores, mentores, jefes, entrenadores…, o culpamos al gobierno mientras miramos para otro lado para no afrontar la «verdad incómoda» de la educación?

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Educación: una verdad incómoda

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Crisis y fundamentalismo de mercado

Posted by josempelaez en Lunes, 3 noviembre 2008

Los estudios sobre "economía del comportamiento" y los avances en el estudio del cerebro van permitiendo fundamentar opiniones que no parecen favorecer la teoría del libre mercado llevada hasta sus extremos. Creo que los neurocientíficos, psicólogos, sociólogos, educadores, infonomistas… pueden aportar algunas evidencias a los debates entre los economistas y gobernantes seguidores de distintas escuelas.

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Exterior mercado de Pike Place en Seattle (cc wheelo50411)

Llevaba varios días sin leer un par de cuadernos sobre materias económicas de los que frecuento. Hoy les he dedicado un rato. Aparte de que algunas start-ups puedan sacarle cierto provecho, otra ventaja de la crisis es que permite aprender o repasar algo sobre economía. Por otra parte, escribir en un cuaderno de bitácora facilita el ir poniendo unas ideas junto a otras e hilvanarlas al socaire del vendaval provocado por la inmediatez mediática.

Una de las conclusiones de mis lecturas es que las teorías que sustentan la idea de un mercado libre hasta el extremo me parecen resolver mal las necesidades de los humanos. Marco Antonio Moreno lo expresa distinguiendo entre enfoques económicos realistas y fundamentalistas, y precisando las bases de las tesis de Milton Friedman. No obstante, en mi caso particular, el no comulgar con todas las ideas de los modernos economistas “liberales” (escuela austríaca), o de los “neoliberales” (monetaristas), no implica que no crea en la superioridad del sistema capitalista frente a un socialismo democrático que, en ocasiones, parece que tolera los mercados y las empresas sólo como males menores.

Estoy hablando de que defender las libertades individuales no comporta el tener que asumir necesariamente las medidas del FMI basadas en el «consenso de Washington». Tampoco quiero decir que el abogar por un marco de referencia colectivo para las decisiones más inteligentes implique el apoyar planteamientos intervencionistas inaceptables, como el de la actual presidenta argentina. Un estado no debería de estar legitimado para hacer ciertas cosas. No me refiero sólo a genocidios o crímenes similares, sino a reducir la riqueza a medio plazo expoliando a los ahorradores con el burdo pretexto de garantizar sus pensiones.

Todos los que se han preocupado por la educación de los niños, sean padres, maestros, escritores o psicólogos, saben que la mayoría de los críos se comportan cual violentos tiranos egoístas si son dejados a su ser natural. La felicidad futura de los infantes pasa por estar sometidos a un marco regulatorio muy claro y consistente. Además de mucho cariño, hay que aportarles referencias que vayan “encauzando” sus instintos animales dentro de una cultura. La ciencia, el arte, el derecho… no son frutos de la evolución de nuestra especie según el mecanismo de la selección natural. Son logros de la educación en una civilización determinada, sin que sean todas igualmente recomendables a la luz del desarrollo humano logrado hasta la fecha en distintas partes del mundo, por muy tradicionales que sean algunas culturas. 

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Los naturistas opinan que la ropa pasó de abrigar a diferenciar a los grupos humanos (TVE La 2 Redes 18)

También sabemos que nuestra naturaleza nos lleva a sentirnos miembros de tribus o grupos liderados y que la mayoría de nuestras decisiones no son elecciones racionales. Aunque algunas intuiciones sean efectivas, hay otras muchas que no, como los mercados bursátiles se encargan de recordarnos en estas épocas de turbulencia. Dadas estas realidades, ¿por qué habríamos de dejar que los mercados o sociedades en red se autorregulen sin ningún tipo de regla, norma u orientación explícita, común y exigible por una autoridad delegada y controlada democráticamente?

Las teorías del laissez faire y de la hipotética eficiencia de los mercados transparentes están demasiado alejadas de la realidad que vivimos como para que podamos descansar sobre ellas nuestra aspiración a la felicidad. La historia también nos muestra cómo la competencia por los recursos escasos y el afán de poder han conducido pronto a situaciones que han impedido su utópico buen funcionamiento. La reciente y arbitraria intervención de la Administración de los EE. UU., paradigma de la libertad económica, y seguidamente la de otros países capitalistas que también han nacionalizado partes relevantes de sus sistemas financieros, es una de las últimas muestras de la tozuda realidad.

Evidentemente, los más partidarios del libre mercado están completamente en contra de las intervenciones y de las ausencias de transparencia informativa. Algunos consideramos que debe de haber algún tipo de gobierno, sin que ello nos conduzca a respaldar posturas como las de los señores Corbacho y Vegara. Como dice IC: «El dinero público debe recibirse con los bolsillos de cristal.» 

Estos aspectos me recuerdan lo que razonado por David de Ugarte sobre la crisis y su relación con la economía de la información. Hablamos y escribimos muchas cosas, ¿pero con qué datos? No está tan claro que la falta de liquidez sea real según su colega Juan Urrutia [que lo ha matizado posteriormente]. En otra nota de éste sobre la heterodoxia sostiene que hay que ser transparentes para entender qué ha pasado, y quiénes han causado esta crisis para que las medidas correctivas sean eficaces. También propone un mecanismo para evitar que la información cause esos efectos secundarios perjudiciales que temen los que nos gobiernan.

Una opinión favorable al “liberalismo regulado” puede sostenerse con distintos tipos de argumentos. En mi caso, trato de basarlos sobre lo que se aprende acerca de cómo está “programada” la conducta humana cuando observas a los que te rodean y lees libros como «Por qué somos como somos». De aquí a la ciencia económica hay un cierto trecho, pero considero que es bastante menos de lo que opina mucha gente, y espero que no sea insalvable para un ingeniero que estudió y practicó cómo tender un puente.

Seguiré leyendo, escribiendo y tratando de aprender.

Entradas relacionadas: El gobierno de la economía global, Las start-ups pueden aprovechar la crisis, Lo que hay que leer…

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Dar moral al personal

Posted by josempelaez en Sábado, 25 octubre 2008

Puede que lo de motivar a los empleados provenga de la necesidad de «dar moral a las tropas» para que vayan a luchar, y a morir si es preciso.

declaracion_militarViendo las noticias de tve1 esta mañana, he escuchado una frase del Jefe del Estado Mayor de la Defensa que había viajado a Herat (Afganistán) para visitar a las tropas españolas allí desplazadas. Decía que había ido para «tratar de darles moral, decir que estamos siempre pendientes de ellos y, por supuesto, ver in situ las cosas que se pueden mejorar ».

Lo de “dar moral” me ha recordado lo tratado ayer en mi entrada sobre «motivar a los empleados». ¿Por qué? Pues será porque, al conectarse las neuronas que conservo activas de cuando hice el servicio militar con las que tenía encendidas desde ayer, se me ha “ocurrido” también lo de que «aquellos polvos trajeron estos lodos».

Como la empresa ha copiado muchas cosas de la milicia (logística, estrategia, táctica, organización jerárquica, misión, cadena de mando, comando y control…), quizá lo de motivar provenga de dar moral, arengar… a unas tropas reclutadas mediante levas de mozos que no tendrían muchas ganas de ser “carne de cañón” en las batallas de los siglos XVIII y XIX.

En la Edad Media, al menos, los soldados aspiraban a cobrarse un buen botín al rapiñar los bienes de los vencidos. Además, todavía no se habían inventado las armas de fuego que tantos estragos harían luego en las formaciones cerradas de combatientes, tradicionales en los tiempos de la lucha con flechas, lanzas,  espadas y cargas de caballería.

Quizá, lo que nos haya quedado de aquellos tiempos sea que, si no estimulas o incentivas convenientemente a los empleados, no puedes esperar que salgan de motu proprio a batallar con los competidores por el logro triunfos en los teatros de operaciones que constituyen los mercados donde deciden los compradores.

napoleonic_war_gun1Bueno, no sé. Las declaraciones del general Jose Julio Rodríguez, al referirse a estar pendientes de las tropas, me han recordado un precioso y estimulante poema que también he escuchado esta mañana parcialmente de boca de Paco Álvarez Molina en el programa de Rne «No es un día cualquiera». Por cierto, es un economista muy recomendable, aunque sea demasiado socialdemócrata para el gusto de algunos, que no para el mío.

Habla de prohibiciones, ilusiones, héroes, responsabilidades, aprendizajes, amistades… Me ha gustado mucho, además de que viene muy al pelo de estas dos últimas anotaciones, y por eso lo pego seguidamente:

QUEDA PROHIBIDO

¿Qué es lo verdaderamente importante?,
busco en mi interior la respuesta,
y me es tan difícil de encontrar.

Falsas ideas invaden mi mente,
acostumbrada a enmascarar lo que no entiende,
aturdida en un mundo de falsas ilusiones,
donde la vanidad, el miedo, la riqueza,
la violencia, el odio, la indiferencia,
se convierten en adorados héroes.

grenadiers_attackMe preguntas cómo se puede ser feliz,
cómo entre tanta mentira se puede vivir,
es cada uno quien se tiene que responder,
aunque para mí, aquí, ahora y para siempre:
queda prohibido llorar sin aprender,
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos,
sentirme sólo alguna vez.

Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños.

Queda prohibido no demostrarte mi amor,
hacer que pagues mis dudas y mi mal humor,
inventarme cosas que nunca ocurrieron,
recordarte sólo cuando no te tengo.

Queda prohibido dejar a mis amigos,
no intentar comprender lo que vivimos,
llamarles sólo cuando les necesito,
no ver que también nosotros somos distintos.

Queda prohibido no ser yo ante la gente,
fingir ante las personas que no me importan,
hacerme el gracioso con tal de que me recuerden,
olvidar a toda la gente que me quiere.

Queda prohibido no hacer las cosas por mí mismo,
no creer en mi dios y hacer mi destino,
tener miedo a la vida y a sus castigos,
no vivir cada día como si fuera un último suspiro.

Queda prohibido echarte de menos sin alegrarme,
olvidar los momentos que me hicieron quererte,
todo porque nuestros caminos han dejado de abrazarse,
olvidar nuestro pasado y pagarlo con nuestro presente.

Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen más que la mía,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha,
pensar que con su falta el mundo se termina.

Queda prohibido no crear mi historia,
dejar de dar las gracias a mi familia por mi vida,
no tener un momento para la gente que me necesita,
no comprender que lo que la vida nos da, también nos lo quita.

Alfredo Cuervo Barrero ® Contrato Coloriuris

Nota: Este poema se mueve por correo y se encuentra en internet mal atribuído a Pablo Neruda. En la misma situación hay otros dos: «Muere lentamente» y «Nunca te quejes».

Entradas relacionadas: La motivación de cada uno

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