Blog de JoseMPelaez

Aprendimiento: aprender del entorno con atrevimiento

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La motivación de los otros

Posted by josempelaez en Martes, 16 junio 2009

¿Hasta dónde se puede imponer un determinado modo de funcionar en una organización social? ¿Qué papel han de jugar los gobernantes y “dinamizadores” respecto del que han de desempeñar los “organizados”? ¿Qué motivaciones impulsan a unos y otros?

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El capitán de la policía política de la RDA (Piñe, Punto Radio 080602)

«La vida de los otros» es el título en español de una película que me gustó mucho por varios motivos. Uno de ellos es la descripción que hace de la vida en una sociedad “muy organizada”, tanto de una manera intensiva como exhaustiva, o de una forma muy activa y amplia si así se me entiende mejor. La desaparición del régimen político que gobernó la RDA durante 50 años tras la Segunda Guerra Mundial fue simbolizada por la caída del Muro de Berlín en noviembre de 1989.

Entonces terminó una etapa donde la divergencia entre legislación y ética generó bastantes disonancias cognitivas entre sus habitantes. No obstante, la mayoría de la población se había adaptado a vivir bajo las normas y el control de una federación política única que, a través de sus muchos militantes, promovía y controlaba todas las actividades de la “organización social”. Creo que los parientes y simpatizantes de la Alemania Occidental constituyeron un apoyo relevante para los disidentes.

He recordado esa película por dos razones. Una es la situación que se está viviendo en Irán (otra democracia aparente) tras las elecciones del pasado fin de semana. ¿Qué poder real tienen y pueden ejercer hoy sobre los integrantes de una organización los que intentan determinar su funcionamiento, especialmente contra la oposición de un gran número de sus miembros? En cualquier caso, me parece que, en entornos culturales distantes en espacio y tiempo, siguen apareciendo fenómenos de control tristemente cercanos.

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Editorial Avapies. Madrid, 1984 (Vallecas Todo Cultura)

La otra razón para haber pensado en la motivación de los demás ha sido el interesante documental «Flores de luna» que vi en la última sesión de «Versión española». El largometraje y las conversaciones versaron sobre la experiencia de muchos inmigrantes: los que se desplazaron desde la España rural a la urbana durante los años 50 y se asentaron en la finca de La Cambronera, al sureste de Madrid. Entonces era ya conocida como el Pozo del Tío Raimundo por el brocal que asomaba junto a la vaquería de antes de la guerra civil.

No fueron los únicos, ni los primeros ni los últimos. Las barriadas obreras de Orcasitas en Usera, San Cristóbal en Villaverde, Entrevías, Palomeras y Cerro del Tío Pío en Vallecas, Gran San Blas en Canillejas… fueron otros barrizales madrileños que también vieron llegar, esforzarse y luchar con dignidad a miles de campesinos que escapaban de la miseria —y en muchos casos también de la discriminación por su desafecto al franquismo— desde los latifundios andaluces, extremeños y manchegos.

Esperanza Molina, una universitaria de la burguesía que vivió allí entre 1957 y 1964 publicando «Los otros madrileños. El Pozo del Tío Raimundo» en 1984, recordaba el viernes: «Si alguna motivación había en las personas, […] en la generación que hizo El Pozo, [… estaba en lo que decían] marcando enormemente, con una expresión fuerte: es que yo lo que vengo a buscar aquí es escuela y médico “pa” mis hijos. Que no sean como yo. Que puedan estudiar, que puedan aprender. […] A ver si ellos consiguen “un trabajo de corbata”».

La voz del relato introductorio decía que: «Este barrio obrero se convirtió en modelo de organización y referencia social. Su lucha basada en la cooperación, el esfuerzo y la conciencia de clase es todo un símbolo de superación personal y colectiva». Los niños y jóvenes que llegaron en los años 50 y 60 fueron ayudados por los educadores de colectivos sociales de la época. Entonces eran jóvenes universitarios voluntarios y sacerdotes jesuitas practicantes de la teología de la liberación.

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Autoconstrucción de vivienda baja en barrizal (RTVE 081124)

Fue una barriada autoconstruida en su origen, al estilo de lo que se hacía en sus pueblos de partida. En ella se demostró que, con unos padres emprendedores y decididos apoyados por buenos dinamizadores, se puede llegar a movilizar y a concienciar a los jóvenes para lograr el cambio que anhelaban. La transformación urbanística y cultural fue un gran caso de éxito de las asociaciones vecinales. Evidentemente, hubo que hacer grandes sacrificios y superar muchos dolores y sufrimientos.

No ha habido continuidad. Los jóvenes actuales han rechazado esa cadena de comunicación y de valores. El fracaso escolar actual es elevadísimo. Uno de los hijos de ayer y padres de hoy decía que ellos no tenían cultura y estaban ansiosos por adquirirla. Sin embargo, sus hijos están ahora rodeados por la cultura, pero no se interesan por ella. Tampoco aprecian la solidaridad que había entre los vecinos forjada en una lucha constante defendiendo sus reivindicaciones para mejorar su barrio y sus condiciones de vida y trabajo.

Arriba me he referido a los intentos de control de las organizaciones sociales porque la historia muestra que siempre aparecen un final y un cambio. También enseña que estas situaciones suelen repetirse. La esclavitud, el feudalismo, el despotismo, la dictadura… tienden a reaparecer con otras facetas. ¿Qué motivaciones tienen unos y otros? ¿Cómo se potencian o se frenan esos impulsos? ¿Puede equipararse lo legal con lo ético? ¿Los estímulos de cambio han de ser más endógenos que exógenos?

La cuestión que me viene ahora, después de haber comentado desigualmente estos tres casos, es: ¿Qué papel juegan los que apoyan a los que han decidido luchar contra un cierto régimen o estado de las cosas? ¿Cuánto depende el éxito de una transformación de los educadores, voluntarios, cooperantes, monitores, asistentes, agitadores, dinamizadores… sociales?

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Educación: una verdad incómoda, La motivación de cada uno.

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Número de Dunbar

Posted by josempelaez en Domingo, 26 abril 2009

Los grupos, redes y organizaciones son tales en la medida que comparten ciertas cosas y se producen interacciones de algún tipo. Se pueden estudiar a lo largo del tiempo. Resulta lógico que nuestras capacidades deben limitar los números máximo y óptimo de sus integrantes. También cabe preguntarse si los distingos entre ellos comportan "números mágicos" diferentes.

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Relaciones en un mercado pochteca (cc Derek Vinyard, Flicr 070929)

Siempre ha habido seres humanos muy autónomos. Sin embargo, la mayoría nos hemos agrupado de alguna forma, llegando al gregarismo con demasiada frecuencia. Aunque la geología y la paleontología nos permiten saber cosas de hace millones de años, para estudiar el comportamiento remoto de nuestros congéneres nos basta con retroceder unas pocas decenas de miles de años. Por lo tanto, podría bastarnos con la arqueología y la antropología.

En la práctica, como el incremento del monto del conocimiento y la velocidad del cambio social han ido creciendo de manera progresiva, no hace falta retroceder muchas centenas de años para ello. Si queremos averiguar el cómo y los porqués podemos recurrir sólo a la filosofía, historia y neurociencia (~2.500) y, más recientemente, a la sociología y psicología (~200).

No obstante, hoy ni siquiera es preciso ser una especie de sabio renacentista. Hace poco más de una década bastaba con aprender a leer y escribir, tener un poco de sentido común y pasar algún tiempo en una buena biblioteca pública de barrio con acceso a internet. El poso del conocimiento tiene la ventaja de que puede decantarse y consolidarse bien en pocos años de publicaciones. En este siglo también se puede aprender mucho con un terminal móvil conectado a una red inalámbrica digital.

En los comentarios de la entrada previa, “Pseudópodo” afloró el «número de Dunbar» (150) al que se refería Juan Freire en uno de los enlaces incluidos. Robin Dunbar es un antropólogo británico y biólogo evolucionista que ha estudiado el comportamiento social de los chimpancés. Observó que 55 era el número máximo de individuos que interactuaban en los grupos y consideró que era un comportamiento que dependía de su funcionamiento cerebral

Partiendo de la proximidad que hay en el reino animal entre chimpancés y humanos, dedujo su número “aplicando una regla de tres” a las circunvoluciones de la corteza dados los respectivos tamaños cerebrales. Debo precisar que se refiere a tamaños máximos de grupos que establecen redes donde sus componentes se relacionan de alguna forma con cierta frecuencia.

Mark Zuckerberg es un programador y emprendedor joven que dejó sus estudios en Harvard; no es sociólogo ni investigador. Sin embargo, gracias a sus iniciativas y experimentos para lanzar y desarrollar Facebook, nos ha permitido observar cosas interesantes. Una de ellas es la que comenzó a denominarse ambient awareness (consciencia ambiental) o ambient intimacy hace un par de años. 

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Grupo de danza tribal en Santo Domingo (Vanessa Angulo, 2008)

Las herramientas digitales móviles y multimedia actuales permiten que podamos mantener más cercanía o nivel de intimidad social con un mucho mayor número de personas que antes. El clásico espacio-tiempo físico limitaba la cantidad máxima de individuos a los que podías acariciar o con los que podías comunicarte de forma cotidiana. Ahora se ve que el guarismo 150 ha resultado corto como cota superior. 

Ahora bien, ¿se ha quedado corto para qué? ¿Qué clase de interacciones desarrollamos en un grupo o red social? Es claro que nuestra necesidad de pertenecer a entidades diferentes hace que nos relacionemos con muchos tipos de personas, y que lo hagamos de formas muy diversas. Nuestras distintas identidades condicionan el tiempo que dedicamos y la naturaleza de las relaciones que mantenemos con familiares, compañeros, amigos, colegas, etcétera.

¿Qué relaciones son capaces de concretar los que siguen a miles de personas en Twitter? ¿Se trata de otro fenómeno de consumo masivo de unos nuevos medios gratuitos de comunicación? ¿Tendremos que hablar más de mercadotecnia?

¿Estamos desarrollando nuevas clases de grupos sociales que se relacionan empleando unas herramientas que antes no existían? ¿Cómo hemos de interpretar el lenguaje que muchos usan en ellas? ¿Qué reglas de etiqueta deben de regir su utilización? ¿Comportan estas reglas alguna clase de organización?

Me resulta evidente que ahora podemos ser más conscientes de lo que sucede en nuestro entorno, cada vez más global y más próximo. Sin embargo, ello no implica que vayamos a ser nodos activos de unas ciertas redes sociales de personas vinculadas por algunos motivos o intereses compartidos. En cualquier caso, no creo que debamos confundir las redes o grupos con las organizaciones. Entiendo que en las últimas se dan unos propósitos que las diferencian de los primeros.

El «número de Dunbar» aplica a los grupos sociales que pueden tocarse u observarse a simple vista. ¿Hay números mágicos en las organizaciones? A esto me refería en mi nota anterior. Continuará…

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Tamaño crítico en la organización.

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Expectativas, palabras y pensamientos

Posted by josempelaez en Miércoles, 31 diciembre 2008

Los que escribimos en un cuaderno electrónico público tenemos y mezclamos distintos motivos. Los que los leemos también tenemos diferentes expectativas e intereses. Mi anotación previa me ha ilustrado algo más sobre ello. También me ha hecho volver a pensar sobre las palabras compartidas.

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Palabras en evolución (via The Daily Galaxy 071012)

En la entrada anterior expresé ciertos puntos de vista sobre la educación en España. Recogí algunos datos, refrendé opiniones ajenas y mencioné alguna de mis experiencias como docente. Escribí sobre éstas para tratar de enmarcar las eventuales expectativas que pudiera despertar la introducción realizada al tema. Algo sé del sistema educativo español, pero no lo suficiente como para meterme en muchas profundidades o recomendaciones. Pretendía sentar una base para que los eventuales lectores no esperasen demostraciones de causas ni justificaciones de propuestas. Al menos, no en ella. Sin embargo, creo que no lo logré; como poco hay un caso que lo atestigua, aunque sea uno muy particular.

Me parece que en los seis meses de vida de este cuaderno, con anotaciones que han estado igual de mal o bien fundadas que la anterior, he aludido alguna vez a mis experiencias para usarlas como fuentes de datos, pero no para intentar establecer unas “credenciales” como opinador. El distingo que me debió de impulsar el otro día a mencionarlas con el propósito implícito de rebajar expectativas pudiera derivar del hecho de que aún trabajo como ingeniero y empresario. En cambio, la educación reglada española sobre la que escribí no está ahora entre mis medios de vida. Probablemente por ello me sienta más intruso a la hora de opinar sobre unos asuntos más que de otros.

Imagino que otro motivo por el que cité mis experiencias es que no me gusta escuchar o leer a quienes manifiestan que no saben nada sobre lo que van a decir y que, no obstante, se aplican a ello seguida y aplicadamente. Creo que hay una frase de Orson Welles que viene al caso: «Muchas personas son demasiado educadas para hablar con la boca llena, pero no se preocupan por hacerlo con la cabeza hueca.»¿Por qué no guardamos silencio en este tipo de situaciones si no estamos buscando únicamente el entretener al prójimo?

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Anotando en cuaderno (cc piglicker, Flickr 081105)

Supongo que será, al menos en parte, porque nos gusta ser los protagonistas durante ciertos momentos de nuestra existencia. Ello supone, ¿por qué no recordarlo?, una buena terapia afectiva, cuando funciona. Otro buen motivo es el de la charleta social orientada sólo a relacionarse y pasar un rato con otros miembros del grupo. Esto, en muchas ocasiones, se llama crudamente bullshit. También debe de ser porque hablar o escribir ayuda a pensar y razonar, aunque hacerlo sin premisas, sin datos, sin información previa sea ilógico.

Tras leer una entrada como la que precede a ésta, algunos quedarán defraudados al no encontrar soluciones o acciones que intenten resolver la «verdad incómoda» de la educación. Es lo que le ocurrió a mi esposa, que vio por vez primera una anotación de las que escribo “en internet” después de varios meses de decirme que sentía curiosidad por saber qué era eso de lo que le hablaba a veces. Yo esperaba ese momento con interés. En otras ocasiones había leído informes o mensajes míos antes de enviarlos para difundir situaciones, valorar opciones, comprobar comprensiones o descubrir errores.

Aunque usa el correo electrónico y accede a sitios web desde hace años, no había visto un blog hasta el día de Navidad. El desencadenante de que lo hiciera fue casual: entró en el despacho doméstico justo cuando yo apretaba el botón de publish. Se interesó por si aquella página era la del cuaderno electrónico. Le aclaré que era el panel de control y la animé a que se conectara desde la máquina del salón para leer con tiempo lo que acababa de publicar. Quería conocer su opinión como persona muy cercana, aunque muy ajena a este heterogéneo “mundillo” que, como apunta el término, lo forma un conjunto reducido de la población

¿Qué pasó? Que recuerde, es la primera vez que me dice que no le ha quedado suficientemente claro lo que pretendía con mi texto. Lo había entendido bien pero, tras leer la introducción, esperaba algo más específico, alguna recomendación o solución al problema enunciado. No sé si es que tenía una expectativa sobre los blogs que no se correspondía con lo que acababa de leer o es que tenía una idea sobre mis escritos que no había seguido en éste. Para intentar una defensa digna, le sugerí que no comenzara las lecturas desde ideas preconcebidas y que se mantuviera abierta a las informaciones de su entorno, sin esperar nada de antemano.

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Casco de pensar (via The Daily Galaxy 080307)

Hablamos también de que hay muchas clases de cuadernos de bitácora en internet, y de que tienen propósitos muy diferentes. Si miro mi blogroll, ¿qué tienen en común las anotaciones de Kurioso, Pseudópodo, Perogrullo o Nubeblog con las mías? No ocurre lo mismo que con los logbooks de navegación que conocemos de nuestras excursiones marítimas. 

En mi caso particular, en este weblog he buscado juntar datos, enlaces y reflexiones propias o ajenas con algún orden para ayudarme a pensar sobre alguno de los asuntos que me interesan o llaman más mi atención en cada momento. Si eso es todo, ¿para qué hacerlo en público?, es lo que debió de pensar mi esposa por la cara que puso.

Añadí que quería ir confeccionando un cuaderno que me sirviera como referencia para poder consultarla más adelante desde cualquier parte. También le dije que deseaba practicar y perfeccionar mi escritura porque me ilusionaba encontrar otras personas con quienes compartir, contrastar y confrontar ideas sobre el tema de turno. Si cuando crecieran mis sobrinos quisieran saber algo más de la vida de su tío, allí encontrarían material adicional. Si otros lectores pudieran sacarle algún provecho extra, bienvenido sería. Si, además, se animasen a conversar aportando alguna objeción, aclaración, ampliación o vínculo para poder ir más allá de mis letras, pues miel sobre hojuelas. 

A los intereses anteriores debo sumar el de que me gustaría seguir aprendiendo a mezclar las palabras más y mejor. Creo que uno puede encontrar mejor la inspiración o descubrir una relación oculta en los entresijos de la naturaleza o del cerebro mientras está leyendo, pensando, escribiendo, jugando o haciendo algo relacionado con la materia en cuestión. Por consiguiente, no me pongo a hablar o escribir sobre asuntos que desconozco por completo. En estos casos, antes pregunto y busco algún buen material que leer o historia que ver (aunque esto en mucha menor medida).

Las observaciones de lo que me rodea y las lecturas permiten que vaya abriendo un camino que, a veces, trato de ampliar redactando. Leyendo y escribiendo mucho terminas aprendiendo a juntar palabras siguiendo las reglas del lenguaje que utilizas. Esta capacidad es un útil sencillo y muy poderoso. El aprendizaje del lenguaje sirve para pensar, además de para comunicar, lo que muchos parecen ignorar. 

De momento lo voy a dejar aquí. Ya trataré de regresar a la educación el próximo día.

Entradas de este cuaderno con alguna relación: Educación: una verdad incómoda, La motivación de cada uno, Inquietudes e intenciones

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Pidiendo mimos

Posted by josempelaez en Viernes, 18 julio 2008

Alfonso hizo ayer una referencia en un comentario a nuestro grado de proximidad en LinkedIn (menor que en la “blogosfera”). Ello me ha recordado una anécdota de hace pocos días relacionada con el uso y utilidad de esa herramienta.

Sigo el feed de actualizaciones de mis contactos desde el lector local del correo-e (Thunderbird). Con poco más de un centenar de ellos, cada día suelen aparecer unas 8-12 novedades en la «red social», de las que pocas son recomendaciones. De repente, hace no mucho, uno de mis contactos recibió muchas en unas horas; me parecieron más de una veintena (no las conté).

Como tengo confianza con él, al poco, le pregunté por cómo iba la apuesta. Me dijo que no había tal. Simplemente había pedido una recomendación a 4 y, como ninguno había respondido, la solicitó a otros 30. Contestaron de golpe más de dos tercios. Entiendo que mucha gente pide recomendaciones para terminar de “redondear” su imagen pública, supongo, ¿pero a 30 de golpe? ¿No sería lógico estimar un yield parecido al de solicitar nuevas conexiones en la red?

linkedin_profileCambié de tema. Lo dejé para, en otro momento, pensar acerca del porqué alguien se ve impulsado a pedir que “le recomienden” en una red profesional. Tampoco lo entendería en el caso de que lo fuera, pero creo que mi contacto no estaba buscando trabajo o vendiendo algo en la situación referida.

Si pienso en mi caso, sonrío cada vez que veo la barra que me “informa” de que no he completado mi perfil. ¿Y qué?, me digo. ¿Qué valor real añado si pido que me recomienden, o si lo hago yo? ¿Quedarme satisfecho al ver la “tarea” al 100%? ¿Sentirme mejor por seguir la hilera de la formación (grupo, rebaño, manada, reata…)? ¿Confiar en que alguien me haga una propuesta de negocio o trabajo si ven que soy muy “querido” y recomendable? ¿Habrá alguien que espere esto realmente?

Cuando hacía selección de personal como parte de mi trabajo, y alguno me entregaba una carta de recomendación con su CV, pues como que me ponía en guardia. ¿Por qué? Porque nosotros dábamos cartas de “recomendación” a los que teníamos que “desvincular” de la empresa por el motivo que fuera (no disciplinario). Los mejores, que en muchos casos se marchaban voluntariamente por sentirse agraviados o para acelerar su progresión profesional, no pedían recomendaciones.

Si los de personal queríamos contrastar datos o impresiones con experiencias anteriores, tratábamos de hablar personalmente con contactos de nuestra confianza que conocieran al candidato. ¿Qué valor efectivo tiene una retahíla de recomendaciones? ¿Vamos a incluir en ella las experiencias menos positivas que todos recibimos?

Ese tipo de frases me recuerdan las que yo leía en las evaluaciones de desempeño, propuestas de revisión salarial o de promoción en la multinacional informática en cuya función de personal trabajé varios años (DEC). En muchos casos, las frases tenían poco que ver con la realidad observable. Me refiero a que la gran mayoría de la gente era trabajadora, honesta y no era tonta, pero no me parecía que alcanzara los niveles de singularidad que se reflejaban en los manidos endorsements. Cuando los méritos del “elogiado” respaldado eran claros, no hacía falta escribir sobre ellos ya que se habían ido difundiendo en los meses previos.

recomendacionesTambién me han traído a la mente los mensajes de correo que circulaban en la compañía, habitualmente de jefe a empleado y copiando a un montón más de gente (incluyendo a los de personal, claro), para transmitir felicitaciones por algún trabajo bien hecho. A veces parecía que el empleado, por resolver satisfactoriamente un problema en un cliente o terminar con éxito una instalación de equipos, merecía una distinción especial. ¿Por qué se pretendía generar un buen track record en lugar de confiar en la “simple” satisfacción de saber que se había cumplido con el deber?

Otra cosa que también me ha recordado son las recomendaciones que los usuarios hacen la web en relación con los bienes y servicios que usan o conocen. Naturalmente, comparar las personas con los objetos y servicios que recomendamos, parece estar fuera de lugar. No obstante, con lo que va apareciendo al estilo del nuevo servicio financiero personal de Strands para el BBVA, las cosas pueden ir cambiando poco a poco.

Volviendo al punto, ¿tan importante nos resulta que, los que nos conocen y apreciamos, nos digan lo despiertos, hábiles y guapos que somos? Esto me lleva a compararlo con lo que podemos observar cuando las madres refuerzan positivamente los avances de sus hijos de pocos años con expresiones positivas del tipo de ¡muy bieeen! fulanito.

¿Se refuerza de la misma forma el desarrollo cognitivo y la autoestima de los adultos? ¿Cuánto somos capaces de madurar a lo largo de nuestra vida? ¿Cuánto podemos vivir sin estar supeditados a las opiniones ajenas? Creo que generalmente se agradece el reconocimiento de tus pares (también de tus padres, claro), ¿pero hasta qué punto hay que pedirlo?

Tratar de responder a esto me llevaría a entrar en los terrenos de la psicología y las teorías de la motivación empresarial, pero eso ya es harina de otro costal. Quizá me atreva otro día.


[Ilustración 1: Imagen de la página de LinkedIn de Jose M Pelaez]
[Ilustración 2: Ejemplo en TinyPaste de recomendaciones sacadas de un perfil público de LinkedIn]

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Inquietudes e intenciones

Posted by josempelaez en Miércoles, 16 julio 2008

Estoy inquieto, que no preocupado, por algunos mensajes y vínculos que he recibido en alguna ocasión de Tic616 a propósito de mis reflexiones “en abierto”, que hoy cumplen un mes. Rompió pronto la duda de que a alguien le fuera a importar un bledo lo que uno (yo) escribiera. Junto a Rgil estrenaron los comentarios, lo que también quiero agradecerles en este “aniversario”.

Los “conocí” leyendo y comentando en sus blogs, como a otros. Por lo que sea, vieron un teletipo de Twitter sobre que yo estaba montando uno, y allí que se presentaron. Luego ha resultado que hay más personas, intereses, lugares… que nos relacionan (sin tener que llegar hasta el sixth degree of separation, que así cualquiera).

Diario antiguo

Ahora me pregunto: ¿podemos esperar algo sobre lo que escriba? Pues no tengo respuesta. No lo hago con el objetivo consciente de satisfacer un interés en particular. Sí con el de pensar, y con el de someter mis ideas al escrutinio de los que quieran y manifiesten sus pros&cons dentro de unos estándares borrosos de respeto al prójimo.

Sucede que he estado redactando notas en papeles y en mi agenda electrónica desde hace muchos años, y también en Google Docs, aunque éstas sean más recientes. Ahora me he propuesto intentar publicar regularmente algunas de mis reflexiones. El desencadenante fue aquel correo de la primera entrada. Me relajó el escribirla. Como mínimo también me servirá para que, más adelante, pueda referirme a ellas en conversaciones públicas, y no sólo privadas.

Me valen para «cavilar en voz alta» sobre lo que observo y analizo de mi entorno empresarial, socioeconómico y tecnocientífico (¡toma ya!). Si alguien más puede sacar alguna utilidad de ellas, pues bienvenido sea porque, además, es muy probable que yo también salga beneficiado, en caso de que sean reforzadas, ampliadas, matizadas, cuestionadas o rectificadas. Es por ello que, siendo bastante sencillo el compartirlas con las herramientas disponibles en la actualidad, me he animado nuevamente a ello, aunque la apertura no esté exenta de algún riesgo. Como he apuntado, también lo he hecho para debatir sus premisas, predicados o implicaciones, si es que surge esta posibilidad, como parece que ha empezado a ocurrir gracias a los “arreones” del autor de Tic&Tac. ¡Qué predicamento tiene este hombre cuando llama a hacer visitas!

Trato de integrar el posting dentro de mi actividad cotidiana; no diaria, pero sí semanal. Creo que somos mayoría los que disfrutamos charlando sobre temas de nuestro interés con familiares, amigos, colegas, vecinos o conocidos. Que lo hagamos con personas a las que todavía no hayamos estrechado la mano, o besado, no creo que implique cambios sustanciales. Sea en mayor o menor medida, a través de los diversos aspectos de la web, ya vamos teniendo una cierta idea de lo que nos une o nos separa, nos asemeja o nos distingue. Por tanto, creo que también podemos permitirnos emplear ciertos “guiños y puyas comunicativas” que integren esta parte de nuestra vida con sus demás facetas. El mundo no es chato, como nos recuerda Pseudópodo, a cuyo blog llegué por las referencias de Tic616.

Por consiguiente, faltaría a la verdad si dijera que estoy asustado o preocupado. No obstante, algo inquieto sí que estoy, ¡qué carajo! Hace casi un par de años comencé a escribir otro blog y lo dejé tras cinco entradas y tres meses. Habiendo superado ahora la fase transitoria del despegue escribiendo en público, ¿o no?, tengo la impresión de haber entrado en un régimen estacionario que no sé si seré capaz de mantener, y ello si no surge algún cambio relevante que impacte en lo que me quede de vida (¡qué trascendente!). He de reconocer que hace más de veintiún años que aprendí —cuando me divorcié amistosamente de mi primera esposa— que no se debe decir nunca «de este agua no beberé» ni «este cura no es mi padre».

private conversationEl poso que me ha dejado Tic616, con su «ha entrado muy fuerte como blogger» referido al comienzo, es la conciencia de que llegaré a defraudar ciertas expectativas que no era mi intención crear. Y digo que me ha dejado porque lo primero que hizo fue alegrarme por haber despertado una especie de sintonía en un tema al que llevo dando vueltas desde hace más de ocho años (cuando fundé mi segunda empresa). Lo segundo que logró fue que compartiera su ¿espaldarazo, alabanza, elogio, halago…?, gran inyección de ánimo a la postre, con mi querida esposa. Después le mandé un “teletipo directo” de agradecimiento (pero se me pasó decirle que tenía pagadas unas cañas, ¡qué gran fallo!).

A la vista del oscuro día que tuvimos el lunes en Alicante, supongo que me puse a escribir esta entrada en el blog para curarme en salud antes de verme afectado por el “mal de las expectativas defraudadas”, propias o ajenas. ¿Qué nubarrones pueden llegar a este espacio en un futuro más o menos lejano? ¿Falta… de contribuciones interesantes, de tiempo para reflexionar, de ideas para cuestionar, de calidad de análisis, de claridad expositiva, de brevedad atractiva (¡qué peligro!), de amenidad redactora, de comentarios participativos, de buenos modales…? Hmmm. ¡Qui lo sa!

En fin, ya veremos. Se hace camino al andar. Mi interés de partida ha sido ejercitar, articular y proyectar mi pensamiento hacia el futuro mediante el uso de las reglas y términos del lenguaje escrito. No obstante, si hay al menos una pizquita de conversación, será menos aburrido y más provechoso. Aunque no escriba primariamente para provocarla, deseo darle toda la cabida que pueda.

En lo anterior sigo a Jerome S. Brunner, que hace tiempo escribía que «la formación intelectual que hace posible a la postre emplear el lenguaje como instrumento del pensamiento requiere mucho tiempo y un complejo adiestramiento». También que «antes de sentirnos competentes con respecto a los demás o al mundo en general, debemos sentirnos competentes con respecto a nosotros mismos», al igual que manifestaba que «los conocimientos y habilidades acumuladas por la cultura son infinitamente superiores a los de cada individuo».1

Book sculptureAunque Tic616 me llame blogger, no me considero un comunicador en el sentido que a veces se le da en el “mundo de la web 2.0”. Me encaja más verme como una especie de analista comunitario de ciertos fenómenos de entre los que nos circundan. No sé cuántas veces podré publicar algo cada semana (¿1, 3?), pero sí sé que no soy capaz de hacerlo una vez al día. Tampoco sé con qué calidad o extensión, pero sí sé que no lo haré para cumplir con una cuota, o para lograr un fin determinado. Considero que la felicidad vital se consigue transitando por un camino trufado de pequeños retos, superaciones, expectativas, emociones, detalles, interacciones…

Voy a escribir desde una perspectiva híbrida: ocurrencias personales (de una especie de «liberal de buenas costumbres» —como se autoclasificaba una buena amiga que se educó en el Liceo Francés mientras la gran mayoría de su generación iba a colegios religiosos—), pero con algún interés colectivo. No lo voy a hacer buscando audiencia, atención, influencia, comunicación, promoción o entrada en algún club. No obstante, insisto, también me ilusiona el contrastar mis experiencias e ideas con las de los demás. Seguramente así pueda cimentarlas mejor en unos buenos fundamentos (cognitivos y emocionales). Los que se animen a participar en el debate, ¡ouvrez la porte! (y arengados están por Tic616. Por cierto, Alfonso, en este espacio tienen cabida los comentarios y correos “largos” 😉

Entiendo que, para la parte de animar el contraste de ideas, debo de aportar un cierto rigor intelectual, y una dosis razonable de estilo, armonía y ritmo. Me inquieta más lo segundo que la primero, pero haré lo que sepa y pueda, aunque observo que mis escritos tienden a superar las 1.000 palabras con mucha facilidad. Pufff… No me van los apuntes cortos.

Para terminar esta declaración de intenciones, que bien podría haber figurado como entrada inicial en lugar de la de «correos largos» (dicho a toro pasado, claro), recomiendo leer el mensaje (en inglés) de Jason Calacanis del domingo pasado. Simpatizo con su punto de vista y trataré de aprovechar su experiencia. Pero claro, lógicamente, no tengo sus problemas para tratar en la “blogosfera” ciertos asuntos de interés común, ni espero tenerlos. Recomienzo ahora un camino que él transitó hace varios años de otra forma.

Por cierto, ¿será largo un correo de 1.588 palabras como el de Jason? ¿Y una entrada de 1425? 🙂


[Foto 1: Diario. Flickr, Barnaby]
[Foto 2: Conversación. Flickr, remuz]
[Ilustración 3: Book sculpture; Brian Dettmer. Henar’s Blog]

1 «Desarrollo cognitivo y educación»; J.S. Brunner, 1988. Págs. 108, 112 y 79. 5ª Ed. Ediciones Morata; Madrid, 2004.

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